Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº23. Mar del Plata. Enero-junio de 2026.
ISSN Nº2451-6961. http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto
“El complot descubierto”
Prensa, noticias y estado de sitio en la Ciudad de Buenos Aires, 1892
Nahuel Pablo Victorero
Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani,
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Recibido: 09/03/2026
Aceptado: 12/05/2026
Resumen
Este artículo analiza el rol de la prensa en la construcción de noticias sobre un presunto complot de la Unión Cívica Radical para deponer al gobierno durante las elecciones nacionales de 1892. En busca de primicias, los diarios compitieron por la información y contribuyeron a crear el clima de tensión en esta coyuntura. El objetivo es reconstruir las estrategias empleadas por los periódicos en la cobertura de dichos acontecimientos.
Palabras clave: Prensa, Noticias, Complot revolucionario
“The Plot Uncovered”
Press, News, and State of Siege in Buenos Aires City, 1892
Abstract
This article analyzes the role of the press in constructing news regarding an alleged conspiracy by the Unión Cívica Radical to depose the government during the 1892 national elections. In search of scoops, newspapers competed for information and contributed to creating a climate of tension in this situation. The objective is to reconstruct the strategies employed by the periodicals in the coverage of these events.
Keywords: Press, News, Revolutionary conspiracy
“El complot descubierto”
Prensa, noticias y estado de sitio en la Ciudad de Buenos Aires, 1892
I. Introducción
El presente trabajo se propone reconstruir el rol de la prensa durante la coyuntura de los comicios de 1892. Específicamente, el análisis se centra en la dinámica de construcción de las noticias y rumores en torno a un presunto complot de la Unión Cívica Radical, cuyo objetivo habría sido la destitución de las autoridades nacionales.[1] En la madrugada del 2 de abril, la policía de la Ciudad de Buenos Aires acudió a la casa de varios dirigentes radicales que fueron llevados a prisión. Entre ellos estaba presente Leandro N. Alem, principal líder opositor y senador nacional. Al mismo tiempo, se clausuraron periódicos y se limitó la circulación de noticias al resto de la prensa.
El oficialismo denunció un complot revolucionario ideado por el radicalismo para atentar contra las autoridades nacionales. Según esta versión, el plan se iniciaría con una acción civil y militar dirigida a la toma de comisarías en Buenos Aires y la sublevación de diversos cuarteles. La operación culminaría con atentados contra las residencias de figuras clave: Julio A. Roca, Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña, Bartolomé Mitre y Nicolás Levalle. Tras el derrocamiento de las autoridades nacionales, Alem encabezaría un nuevo gobierno cuya misión sería la renovación política en todas las provincias. Más allá de esta versión impulsada por el gobierno, lo cierto es que cuando se decretó el estado de sitio, el radicalismo estaba organizando una revolución que se encontraba en ciernes, cuyo objetivo era deponer a las autoridades nacionales y provinciales.
El accionar del Poder Ejecutivo condicionó la participación de la UCR en los comicios de 1892; esta intervención puso en tela de juicio la legitimidad de origen de Luis Sáenz Peña. Al triunfar en ausencia de competencia efectiva y bajo las restricciones del estado de sitio, su victoria quedó marcada por la controversia. Es importante señalar que, en el lapso de tres meses, se realizaron las elecciones legislativas (7 de febrero) y las presidenciales (10 de abril). Luego de años de abstención, la oposición política al Partido Autonomista Nacional volvía a la contienda.[2] Al respecto, la historiografía ha destacado la estrategia del oficialismo para disciplinar a la oposición en un contexto de profunda crisis política.[3] Como señaló Alonso, esta dinámica fortaleció paradójicamente a la UCR; por una parte, el partido obtuvo una mayor adhesión popular al ser percibido como víctima de una persecución gubernamental y, por otra, dotó de mayor consistencia a su discurso contra el régimen (Alonso, 2000: 165-166).
Este trabajo se propone analizar dichos acontecimientos a partir del rol desempeñado por la prensa en la construcción de las noticias. Para ello, se examinará un corpus compuesto por diversos diarios de la capital, específicamente La Nación y La Prensa. Ambas publicaciones, además de contar con un tiraje significativo, integraban innovaciones técnicas en sus crónicas y modernas tácticas de comercialización (Román, 2010: 17-18). Asimismo, se incluyen medios de menor circulación, pero notable influencia, entre ellos El Diario, El Nacional y El Censor. Finalmente, el análisis incorporará a la prensa partidaria en su rol de órgano de difusión; destacan aquí El Argentino, en calidad de vocero radical, y Tribuna, como baluarte del oficialismo
Los diarios utilizaron un repertorio de técnicas para realizar su cobertura de los sucesos: desde la labor de los reporters en la elaboración de crónicas exhaustivas y entrevistas, hasta el uso de despachos telegráficos y la transcripción de correspondencia directa. Simultáneamente, la implementación de títulos sugestivos funcionó como una estrategia de comercialización para captar la atención del público. Por último, los editoriales actuaron en este escenario para defender los posicionamientos políticos de los diarios.
Los recursos utilizados para la cobertura no fueron privativos de este período; de hecho, dichas herramientas estaban disponibles con anterioridad. Pero el escenario de una profunda crisis como la de estos años, aumentó la potencialidad de incidencia de los periódicos ante la ansiedad y miedos que atravesaba la población (Navajas, Rojkind, 2021: 106). En este contexto específico potenciaron la incidencia de los diarios para construir primicias informativas y competir por el nivel de ventas.
La investigación está organizada en tres secciones. En la primera, se presenta un balance historiográfico sobre las problemáticas abordadas. La segunda parte analiza la coyuntura de los comicios legislativos de febrero de 1892; para ello, se examina el clima de conflictividad en el espacio público y los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la militancia radical, enmarcados en la circulación de versiones sobre una inminente revolución. Finalmente, en la tercera sección se indaga en el escenario de abril, caracterizado por la declaración del estado de sitio y el accionar de la prensa ante las opresivas normas que impuso dicha restricción de las garantías constitucionales.
II. Crisis del orden, prensa y política en la primera mitad de la década de 1890
La historiografía política argentina ha producido una gran cantidad de investigaciones sobre el período 1880-1916. El gran peso de la interpretación de Natalio Botana sobre la hegemonía del PAN durante estos años ha orientado gran parte de los trabajos.[4] Este artículo abordará una coyuntura particular de la década de 1890, caracterizada por lo que Botana denominó una “crisis de hegemonía” del partido gobernante. La Revolución del Parque abrió un ciclo de gran inestabilidad política que obligó al elenco gobernante a realizar reformulaciones en las formas de administrar el poder, entre ellas establecer alianzas políticas con un sector moderado de la oposición mientras excluía al sector más intransigente (Botana, 1977: 172). Asimismo, la revolución retornó al centro del debate público. En las décadas previas, los levantamientos armados fueron un recurso de acción política extendido, práctica que el PAN buscó limitar (Sabato, 1990). Por último, la revolución cuestionó los fundamentos del “orden” con la reactivación de la movilización callejera, lo que abrió un nuevo ciclo de participación luego de años de retracción (Rojkind, 2012: 102).
Los efectos de la crisis económica y social impactaron fuertemente en el bienio 1889-1891.[5] El malestar de la población permitió a los periódicos radicalizar sus críticas al gobierno, al mismo tiempo que la oposición encontró la posibilidad de volver al centro de la escena (Navajas y Rojkind, 2021: 105). La crisis se tradujo en el ámbito político. Ezequiel Gallo, en un trabajo pionero, ofreció una visión panorámica del complejo escenario posjuarista que estuvo signado por la proliferación de actores políticos, la reactivación de la dinámica callejera y las iniciativas oficialistas para controlar la crisis (1980: 222).
Durante sus años de hegemonía, el PAN atravesó varias crisis que significaron reformulaciones en las formas de administrar el poder. Pero el período que se abordará en este artículo fue de suma fragilidad. La cuestión de la sucesión presidencial agudizó las tensiones de los meses previos marcados por la incertidumbre.[6] El oficialismo debía encarar dicha contienda dividido en dos grandes tendencias: el modernismo y el roquismo. Y en simultáneo el espacio opositor estaba fragmentado entre la UCR y la UCN. Para hacer frente a este reto, Roca y Pellegrini ensayaron una fórmula conjunta con Bartolomé Mitre y sus seguidores para posicionar un candidato común.
El otro factor determinante para comprender esta coyuntura es la actitud confrontativa de la UCR. Durante su primer año de existencia, la agrupación demostró una notable capacidad de movilización, caracterizada por una intensa actividad y la organización de actos públicos en diversos puntos de la Ciudad de Buenos Aires (Navajas, 2026).[7] Al mismo tiempo, Alem tomó un rol muy activo al ser protagonista en estos eventos; incluso realizó una gira por el interior del país para promocionar a su partido (Reyes, 2022: 37). Desde El Argentino, el radicalismo mantuvo un discurso de lucha contra el régimen, la corrupción moral imperante y la revolución como un instrumento legítimo (Alonso, 2000: 154-159).
La retórica y el accionar del radicalismo abrieron, en los términos de Botana, “brechas” en los pilares que sustentaron el orden instaurado en el ochenta (1977: 269). Particularmente durante el ciclo electoral, el oficialismo debió implementar una serie de recursos para disciplinar a la oposición. Entre ellos se destacó el rol de la policía, fuerza que ejerció un estricto control sobre el espacio público tanto durante las manifestaciones como en los comicios.[8] Esta dinámica de confrontación derivó en frecuentes enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la militancia, con un saldo de víctimas fatales y heridos.
Complementariamente, el Poder Ejecutivo recurrió a la declaración del estado de sitio como herramienta de control político, apelando a esta medida de excepción en tres ocasiones en un lapso de apenas dos años.[9] La primera tuvo lugar en los días de la Revolución del Parque, cuando se clausuraron periódicos y se restringió el derecho a reunión mientras se reprimía el levantamiento. La segunda se dio cuando se produjo un atentado contra la vida de Julio Argentino Roca a manos de un niño, Sambrice, el 19 de febrero de 1891. Como resultado el entonces presidente Carlos Pellegrini decretó el estado de sitio en la ciudad. La medida impactó en la prensa, al verse limitada la circulación de aquellas publicaciones que “alentaban los desórdenes” (Rojkind, 2015: 88). El último estado de sitio se dictó en el contexto de la elección presidencial de 1892. A diferencia de los anteriores, en esta ocasión se produjeron detenciones en todo el país, incluyendo la del senador Leandro N. Alem. Del mismo modo, diversos periódicos fueron clausurados y se impusieron severas restricciones a la información que el gobierno consideraba un atentado contra el orden público.
Como se ha señalado, el complot radical y el estado de sitio han sido objetos de diversos abordajes historiográficos; sin embargo, estos se han concentrado primordialmente en las consecuencias políticas que aquellos acarrearon a la UCR. Frente a esta perspectiva, nuestra propuesta busca desplazar el foco hacia la prensa, para indagar los mecanismos que tuvieron los diarios para intervenir en este escenario de crisis.[10]
Al mismo tiempo, la disputa noticiosa ofreció el despliegue de estrategias para realizar coberturas sobre las novedades que arrojaban los acontecimientos de estos meses.[11] A lo largo de las últimas dos décadas del siglo XIX, la prensa fue protagonista de profundos cambios que modificaron la forma en que se construían las noticias. Los diarios incorporaron nuevas técnicas como el uso de reporters[12], corresponsales y telegramas que aceleraron el acceso a la información.[13] En paralelo, se produjo la expansión del público lector gracias a las campañas de alfabetización (Prieto, 1988: 42). El crecimiento del mercado se vio potenciado por novedosas estrategias de venta que permitieron a ciertos periódicos transformarse en auténticas empresas periodísticas. La Prensa[14] y La Nación lideraron este proceso, destacándose especialmente la primera de ellas.[15] Asimismo, es importante señalar que el periódico de Mitre mantuvo su identificación partidaria en el período. Como se verá a continuación, ambos matutinos tuvieron una mayor capacidad de incidencia, en la medida en que contaban con los recursos económicos y técnicos necesarios no solo para desplegar sus coberturas, sino también para ofrecer primicias informativas.
Por el contrario, otros periódicos de la época tuvieron una capacidad de intervención más acotada, condicionados por sus limitaciones presupuestarias. En este sentido, El Diario, El Nacional y El Censor carecían de lazos partidarios —aunque mantenían una activa incidencia política—y, al igual que otros periódicos buscaron aumentar su volumen de ventas para garantizar su solvencia económica.[16]
El Argentino y Tribuna eran representantes de una prensa más nítidamente partidaria. Ambos periódicos oficiaron como portavoces de sus respectivas agrupaciones y sus intervenciones estuvieron direccionadas a ese sentido.[17] Su poder de incidencia resultó menor debido a la escasez de recursos; por consiguiente, su labor se limitó a la reproducción de noticias y a la difusión de sus posicionamientos políticos a través de los editoriales publicados en su primera plana. Desde sus páginas, el vocero radical articuló una retórica centrada en la regeneración moral y el recurso legítimo a la revolución (Alonso, 2000, pp. 149-152). Por el contrario, Tribuna estructuró su discurso en torno a la defensa del orden público para legitimar el accionar del gobierno (Alonso, 2010: 337).
III. La coyuntura de febrero. Elecciones legislativas y rumores de revolución
El primer momento que se analizará es la coyuntura de las elecciones legislativas. Antes de avanzar es importante detallar las distintas etapas del calendario electoral. Durante ocho domingos consecutivos, entre los meses de octubre y noviembre, se habilitó el registro cívico para la inscripción de ciudadanos. Posteriormente, durante diciembre y enero, se abrió la etapa para la impugnación del padrón. El ciclo culminaba con los comicios y la ulterior validación de los diplomas por parte del Congreso para formalizar la asunción de los legisladores electos. En este escenario, los clubes políticos se erigieron como los actores centrales, demostrando una notable capacidad de movilización y captación de adhesiones entre la ciudadanía (Navajas, 2026). En paralelo las dirigencias de la UCN y el PAN negociaron la construcción de una lista mixta para integrar a ambas agrupaciones.[18]
Durante el período de empadronamiento, las fuerzas políticas realizaron actos en todas las parroquias porteñas. Se registraron enfrentamientos entre el radicalismo y las autoridades por maniobras de estas últimas que dificultaban el proceso de inscripción.[19]
Las peleas entre los militantes de la UCR y la policía se montaron en conflictos previos. El primero tuvo lugar en el Teatro Iris en la parroquia San Juan Evangelista en el mes de diciembre de 1889, con disparos y heridos en un acto de la Unión Cívica de la Juventud.[20] El incidente comenzó con la inauguración de un club de la agrupación que fue abortado por la irrupción de matones, generando corridas en las filas de los cívicos por las calles de la parroquia. Otro episodio tuvo lugar el 13 de julio de 1891 en un enfrentamiento entre manifestantes de la UCN y de la UCR. Las dos columnas se interceptaron mientras se dirigían a la casa de sus referentes, intercambiando golpes, tiros y gritos. La policía intervino a favor de los cívicos nacionales golpeando e impidiendo el paso de los radicales.
Estos conflictos fueron seguidos de cerca por los grandes diarios, los cuales denunciaron el accionar policial mediante crónicas y notas editoriales. Los periódicos intervinieron en la disputa defendiendo los intereses de sus respectivas agrupaciones y entablando acusaciones cruzadas en torno a los responsables de las agresiones.[21] Al mismo tiempo, sus páginas difundieron todas las actividades partidarias y, desde las columnas editoriales, se convocó al empadronamiento de los ciudadanos. Al mismo tiempo, El Argentino realizó un seguimiento con notas breves donde denunció las maniobras oficialistas para dificultar el empadronamiento del radicalismo.
Tras la inscripción en el registro cívico, se inició la etapa de impugnación del padrón entre los meses de diciembre y enero; simultáneamente, las agrupaciones dirimían sus candidaturas para las legislativas. El año comenzó bajo los temores oficialistas sobre una posible revolución que llevó a movimientos del ejército en la ciudad. Los periódicos se hicieron eco de la circulación de los rumores. Por ejemplo, La Prensa realizó una cobertura exhaustiva de diversos operativos policiales y militares; en este marco, las crónicas del 9 y 10 de enero destacaron el envío de armamento a la provincia y la reunión de urgencia mantenida por el jefe de la policía de La Plata con sus comisarios ante la amenaza de posibles atentados.[22] El traslado de equipamiento militar continuó por tres días.
La circulación de noticias se reactivó días después, cuando el ministro de Guerra y Marina, Nicolás Levalle, ordenó el despliegue de tropas hacia el cuartel de Maldonado y el apostamiento de diversas corbetas en el Riachuelo; en simultáneo, se dispuso el envío de contingentes militares hacia los principales distritos provinciales. Estas novedades circularon con celeridad durante la tarde del 19 de enero en la Bolsa de Comercio, provocando un impacto inmediato en el clima de negocios. Al fin y al cabo, dicho ámbito se caracterizaba por su extrema sensibilidad a la información de prensa y por su temor crónico a un nuevo estallido armado. La Prensa fue el matutino que realizó la cobertura más exhaustiva. Según detalló la población respondió con temor en los barrios donde se vieron estos movimientos: “La concurrencia en los teatros [...] quedó disuelta poco después a la noticia de las alarmas militares. La gente se encontraba en las calles interrogándose sobre lo que ocurría”.[23] El uso de reporters le permitió al periódico de Paz cubrir varios puntos de la ciudad de forma simultánea, mientras se sucedían estos movimientos. Incluso se informó que en varios clubes radicales se comentó sobre los rumores revolucionarios, adoptando una postura ambivalente: “alegrándose al mismo tiempo desautorizándolos”.[24] El diario cerró su cobertura con la transcripción de una entrevista a un oficial del ejército. Tanto La Prensa como La Nación realizaron un seguimiento diario del campamento en su sección de noticias a partir de entonces.
El Argentino llevó adelante su propia cobertura mediante breves notas en la segunda página, utilizadas principalmente para defenderse de las acusaciones oficialistas. Al mismo tiempo que desde sus editoriales acusaba al gobierno de buscar el fraude. Mientras que La Prensa disponía del capital para desplegar a varios cronistas en simultáneo, el vocero del radicalismo debió restringir su estrategia a la transcripción de las noticias publicadas por otros diarios, orientando sus esfuerzos a refutarlas. Con un tono mordaz, se burlaba de las reacciones del gobierno, tildándolas de una “paranoia conspirativa” similar a la de los tiempos de Juárez Celman. Esta retórica pivotaba entre la sugerencia de un eventual levantamiento y su tajante negación.[25]
En este clima convulsionado se produjeron las elecciones el 7 de febrero. La victoria fue para la fórmula acuerdista en casi todas las jurisdicciones, con la excepción de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes, donde se impuso el modernismo. En Rosario se reportaron algunos incidentes. La Ciudad de Buenos Aires fue el ámbito donde la disputa entre acuerdistas y radicales escaló a episodios de violencia.[26]
Los periódicos desplegaron una cobertura exhaustiva de la jornada. Durante los días previos, la prensa había alimentado y dado cuenta de la persistencia de aquellos rumores que advertían sobre un inminente levantamiento armado. El Censor afirmó que “en todas partes se hablaba de peligros, de disturbios, de propósitos revolucionarios y de planes siniestros”. Estos rumores generaron, supuestamente, el “miedo del público” a asistir a las elecciones que anticipaban un “campo de guerra”.[27] Los clubes políticos organizaron vigilias para movilizarse al amanecer del día de la elección. El gobierno, en una maniobra de anticipación, desplegó tropas hacia la ciudad. La Prensa informó sobre diversos operativos del ejército en el campamento de Maldonado; detalló el emplazamiento de dos ametralladoras en la Casa de Gobierno, el acuartelamiento preventivo de la policía en las comisarías y la masiva presencia de fuerzas de línea en los puntos estratégicos del centro porteño.[28]
En el día de la elección, los periódicos realizaron coberturas muy dispares acordes a los medios que disponían para solventar el despliegue de periodistas por toda la ciudad. La Prensa fue el único diario en disponer reporters en todas las parroquias. La Nación mantuvo hasta muy tarde su redacción para incorporar las últimas novedades. Otros fueron mucho más modestos y reprodujeron la información oficial y las versiones de los voceros de los partidos.[29] También se transcribieron telegramas que detallaban descripciones de las votaciones en las provincias.
Todos los periódicos describieron un clima de desolación en la previa de la elección. Dichas versiones retroalimentaron la atmósfera de temor que mantenía la población ante la jornada electoral. El Diario afirmó: “la ciudad parecía saqueada. No había nadie en las calles y los cocheros no sacaron sus carruajes por miedo”.[30] Los Tramways tampoco funcionaron. La Nación remarcó que todos los comercios cerraron, incluidos aquellos de primera necesidad. Los bares y cafés también.[31] Tribuna, receloso del orden público, describió a la ciudad como una plaza sitiada; una atmósfera de peligro que, sin embargo, no impidió que “la curiosidad poblara puertas y azoteas”. Muchos vecinos se mantuvieron deseosos de noticias. En las parroquias circularon rumores constantemente: “A cada momento se recibían noticias, falsas muchas, verdaderas algunas”.[32] Entre ellas se habló de una sublevación en el campamento de Maldonado.
Un punto central en las crónicas fue la reconstrucción de las acciones de la policía. Los periódicos opositores al gobierno fueron contundentes en remarcar la sobreactuación de dicha fuerza. En este sentido, se describió cómo había sido el armamento que portaron durante el proceso a base de remingtons y rifles de caballería con los que concurrieron a las calles las fuerzas del orden. En algunas parroquias se armaron cantones. En todos los distritos electorales, la policía ocupó los atrios y los balcones adyacentes; una intervención que fue duramente cuestionada por El Argentino y La Prensa.[33]
La elección tuvo episodios de violencia. Si bien en varios puntos de la ciudad hubo incidentes, la situación fue más compleja en las parroquias de Santa Lucía y La Piedad.[34] En la primera, un enfrentamiento entre las fuerzas políticas y la policía concluyó con varios heridos: siete acuerdistas, cinco radicales y varios efectivos de policía, además de la muerte de un cabo. En La Piedad hubo otro conflicto. Las crónicas detallaron un incidente entre las autoridades de ambas agrupaciones por la manera de organizar la votación. Luego de discusiones, comenzó un enfrentamiento con tiros entre ambas fuerzas que dejó un saldo de heridos. En dicho distrito, la elección continuó horas después.
Los periódicos hicieron resonar estos episodios. Su cobertura se desplegó como una batalla informativa estructurada en torno a acusaciones cruzadas sobre el origen de los disturbios. Mientras que el vocero de la UCR responsabilizó a los acuerdistas y a la fuerza policial por el inicio del conflicto, La Nación acusó a sus antiguos aliados para legitimar el accionar del mitrismo; a tal fin, este último matutino apeló a la transcripción de extensas entrevistas que permitieron a los uniformados exponer su propia versión de los hechos.[35]
A la noche tuvo lugar otro episodio de violencia. La policía realizó un ataque al Comité Central de la UCR en la calle Cangallo. Al atardecer, un grupo de radicales se apiñó en la puerta del local para celebrar el cierre de los comicios y arengar por la victoria. De acuerdo con la crónica de La Nación un grupo de aproximadamente 300 a 400 manifestantes “compuesto en su mayor parte de elementos desordenados, reclutados en las clases menos favorecidas de la sociedad”.[36]
Los relatos señalaron que este grupo se dirigió por la calle Florida, profiriendo gritos a favor de la UCR e insultos a Julio Argentino Roca. Esta acción llevó a las autoridades policiales a intervenir para disolver la manifestación. La policía montó un cerco de dos cuadras a la redonda, impidiendo el acceso a cualquier transeúnte.
Hasta aquí las crónicas coincidieron. En cambio, los siguientes sucesos fueron retratados de forma contradictoria por la prensa. Para La Nación, los activistas se replegaron en el Comité y desde allí comenzaron a disparar a los vigilantes. El Argentino responsabilizó a las fuerzas del orden por el inicio de las agresiones lo que generó la respuesta de los militantes.[37] El periódico oficialista Tribuna cubrió con mayor detalle las provocaciones que recibió la policía, dando ejemplos de cómo los jóvenes radicales habían proferido silbidos e insultos contra la policía.[38]
Las crónicas afirmaron que luego del primer tiroteo llegó la caballería, la infantería intentó acceder al local mientras recibían tiros desde los balcones. El punto más álgido fue cuando llegaron los refuerzos de los bomberos por la calle San Martín, sitiando el Comité y algunos balcones aledaños. A partir de este momento comenzó la persecución por las calles aledañas, que culminó con casi cincuenta prisioneros.
Los relatos coinciden en señalar que Bernardo de Irigoyen solicitó una entrevista con Carlos Pellegrini para negociar garantías que permitieran detener el enfrentamiento. Esta reunión destrabó el conflicto. A la una de la madrugada, la policía y los bomberos se retiraron de sus posiciones, lo que permitió que los radicales pudiesen salir del Comité. También se liberó a los detenidos de la jornada. El enfrentamiento dejó un saldo de 6 heridos.
En la cobertura periodística, La Prensa fue el único diario que logró acceder a información de primera mano mediante una entrevista telefónica a uno de los militantes que se encontraba en el comité mientras se sucedían los combates, ofreciendo la voz de unos de los protagonistas.[39]
Los días siguientes a la elección, los diarios ofrecieron su interpretación de los sucesos. La Prensa y El Argentino cuestionaron el proceso. El diario de Paz remarcó la gran cantidad de irregularidades. El punto central del balance fue la baja participación de la mayoría de la población:[40]
[…] “¿Dónde están los miles de ciudadanos que hace pocos meses saludaban con entusiasmo la gran política prometida? ¿Por qué no han asistido a la cita? ¿Por qué se alejan silenciosos de las urnas? El acuerdo ha ofrecido crear un gobierno de opinión y de honrar la libertad: en la jornada de ayer, aunque el triunfo material lo hubiera favorecido se ha patentizado que el propio sentimiento del pueblo ni posee la capacidad moral para asegurar urnas leales y libres”.[41]
El Argentino mencionó varios episodios de fraude y describió el proceso como un crimen electoral. Un punto aparte de su cobertura fue la descarga contra el accionar de la policía y los bomberos ofreciendo pequeñas crónicas de las intervenciones de ambas fuerzas contra el radicalismo. Los días siguientes, abrió una convocatoria para que los vecinos realicen declaraciones sobre el fraude electoral. Una campaña que duró semanas publicando a diario testimonios.
La Nación dedicó una extensa crónica a los sucesos. En varias columnas se cubrió la votación en todas las parroquias. El periódico responsabilizó al radicalismo de los episodios de violencia y empleó el término “crimen” para referirse a los disturbios.[42] La cobertura ofreció distintas versiones, desde las de los militantes cívicos nacionales y los del PAN hasta las de autoridades policiales.[43] El mismo periódico realizó un balance electoral a través de un conjunto de editoriales y arremetió contra sus exaliados:
“[…]El radicalismo ha querido cohonestar su nombre. Cumplir con minúsculas partes de sus amenazas y sus anuncios terroríficos. ¿Qué podía importarle echar un baldón sobre la cultura y el buen nombre de la capital de la república? ¿Qué podía importarle la vida de algunos infelices guardianes del orden que nada le habían hecho con el cumplimiento de su deber?”.[44]
La nota propagaba la idea de que el radicalismo era una agrupación fundada en principios violentos, cuya existencia dependía de la concreción de esos fines. Esta retórica de demonización contra el partido se inició con la escisión de la UC, cuando se difundió una imagen de la UCR como una agrupación fanática y tumultuosa. El editorial instaba, asimismo, a reflexionar sobre las prácticas recurrentes en las jornadas electorales.[45]
Los días posteriores a las elecciones legislativas, la cuestión presidencial acaparó el epicentro de las noticias. Si bien la discusión se tramitaba entre las dirigencias, su definición debía ser refrendada por los clubes políticos. Mientras que el modernismo impulsó a Roque Sáenz Peña contando con el apoyo de la provincia de Buenos Aires y las del Litoral, Julio Argentino Roca tejió un ardid para desmantelar a dicho grupo: la candidatura de Luis Sáenz Peña. El 19 de febrero, Roque Sáenz Peña renunció ante el nombramiento de su padre.
IV. El complot descubierto y las elecciones de abril
Al comenzar el mes de marzo, el panorama político se simplificó dejando atrás un trimestre sumamente convulsionado y con la circulación de tres posibles candidatos a la presidencia. La caída del modernismo despejó el panorama para el oficialismo. La fórmula que impulsaba a Roque Sáenz Peña contaba con el apoyo de los gobernadores del Litoral y Buenos Aires, lo que le otorgaba la capacidad de hacer frente a la alianza entre el PAN y la UCN. A lo largo del mes, continuaron los trabajos electorales con actos en las parroquias para proclamar a los candidatos del acuerdo. Los clubes políticos de la UCN y el PAN mostraron una intensa actividad que se publicaba diariamente en los periódicos. El radicalismo mantuvo sus candidatos con la fórmula Bernardo de Irigoyen y Juan Mamerto Garro.
A finales de marzo, el Comité Nacional de la UCR convocó a los ciudadanos a participar en un acto público el 3 de abril, en la Plaza de Mayo y otros puntos del país. Los radicales argumentaron que la jornada buscaba organizar una gran protesta cívica por las condiciones del sufragio, anticipando el inminente “fraude”. La noticia circuló en la primera plana del periódico El Argentino, con las firmas de Leandro N. Alem y de varias autoridades del partido. [46]
La convocatoria al acto fue retomada por algunos periódicos. La Prensa, reprodujo el telegrama que envió el Comité Nacional a todos los centros políticos del país.[47] La Nación denunció con una breve nota que afirmaba que se estaba gestando un “complot radical” cuyo fin era atentar contra las autoridades nacionales. El periódico se preguntó si acaso no se trataba de un ardid inventado por Roca ante el miedo de un gran acto organizado por el radicalismo:
“[…]La prensa seria, sin embargo, no quiso hacer eco de todas estas farsas gubernamentales, porque comprendió el propósito íntimo que se descubría a través de ella. Pero el tiempo había pasado y, el ministro de la guerra y el presidente de la república han creído llegado el momento de apresurar la realización de sus propósitos, al efecto, han echado mano del único diario capas de servir á todos los fines, siempre que se le prometan recompensa. La Nación ha dado hoy el grito de alarma en un tono que pretende ser chacotón pero que es simplemente vergonzoso”.[48]
Más allá de la respuesta, el clima volvió a enrarecerse, tal como en los días previos a la elección de febrero. El resto de los periódicos se hicieron eco del rumor reproduciendo información. Todos contribuyeron al clima de suspenso que reinaba en las esferas oficiales. La Prensa desestimó el rumor, pero ofreció información sobre dichos movimientos. El Argentino satirizó estas noticias ofreciendo títulos jocosos a sus notas, como, por ejemplo: “La comedia alarmista” o “Alarmas con cola”.[49]
Al día siguiente, La Nación rectificó a través de una nota breve la noticia del complot: “La Nación no es un diario alarmista, […]; pero La Nación es lo que es por el pueblo únicamente […] Debemos al pueblo la verdad de lo que ocurre”.[50] Más allá de tal afirmación la nota no presentó información concreta sobre el complot. El matutino operó para descorrer paulatinamente el velo del secretismo gubernamental en torno a la posible revolución en marcha. El 1 de abril, el diario volvió a la carga contra el radicalismo en su resumen quincenal de marzo:
“[…]También han vuelto a producirse las alarmas, los temores de alteración del orden, pero, aunque existan indicios de que, efectivamente se están haciendo trabajos subversivos, se tiene tan completa seguridad de que no existen elementos temibles de desorden”.[51]
En el mismo número, la sección “Noticias” detalló una reunión de las altas esferas oficiales. La nota fue escrita por un reporter quien presentó la información como una gran novedad y la redactó a las “cuatro de la madrugada”. La narración contribuía a crear un clima de intriga. Según se detalló, el periodista se encontraba haciendo guardia en las cercanías de la casa del ministro del Interior (José Vicente Zapata) cuando vio llegar a los ministros de Guerra y Relaciones Exteriores. A la brevedad se sumaron el ministro de Justicia e Instrucción Pública, el ministro de Hacienda y el jefe de policía. El último en llegar fue Carlos Pellegrini. El periodista narró la tensa espera para obtener información, aguardando la salida de los ministros, quienes, al ser interceptados, no emitieron “palabra alguna”. Según cuenta, apeló a varios de los concurrentes, pero no logró obtener información. La nota cerraba en tono de alarma; algo importante estaba por suceder.[52] A través de esta operación, sustentada en la figura del reportero y en la celeridad de su publicación, el periódico desnudó el hermetismo que imperaba en las esferas gubernamentales. Semejante estrategia discursiva alimentaba el clima de suspenso que La Nación venía dosificando en sus entregas anteriores.
El resto de la prensa ofreció noticias de los rumores jugando con información obtenida de primera mano o reproduciendo notas de otros periódicos. La Prensa publicó en su primera plana un telegrama de Levalle dirigido a la policía local, en el que se ordenaba detener y reprimir cualquier acto político que atentase contra la autoridad.[53] El Argentino brindó algunas pistas de estos movimientos a través de notas breves, sosteniendo la idea de que los temores gubernamentales no eran más que una paranoia oficial. Por ejemplo, se detallaron los movimientos de Manuel Pizarro en Córdoba, quien buscaba huellas sobre un supuesto complot; mientras que un periódico local denunció la detención de personas arbitrariamente.[54]
Otra mención al “complot” la realizó El Nacional que retomó la noticia de La Nación el 1 de abril. En sus términos, el radicalismo se transformó en “un grupo de sediciosos que se mueve como el impulso de un resorte cuyo secreto tiene en sus manos el doctor Alem, haciendo esfuerzos para evitar su disolución”.[55]
El 2 de abril, Carlos Pellegrini decretó el estado de sitio bajo el argumento de un complot que buscaba atentar contra la vida de los principales líderes del oficialismo y las autoridades de algunas provincias. Fueron puestos en prisión los principales dirigentes del radicalismo y fue clausurado El Argentino junto a otros periódicos del interior del país. Entre los detenidos se encontraban Leandro N. Alem, Oscar Liliedad, Martín M. Torino, Adolfo Saldías, Julio Arraga, el coronel Julio Figueroa, Celindo Castro, Francisco Barroetaveña, Guillermo Leguizamón, Miguel A. Páez, Joaquín Castellanos, Rufino Pastor, Juan Posse, Víctor M. Molina y Marcelo T. de Alvear. También hubo detenciones en las provincias.
El mismo día del decreto, La Nación dedicó un editorial al radicalismo. En la nota se observan los tópicos reiterados meses atrás sobre la violencia y el fanatismo de la UCR.[56] Los vespertinos El Diario y Tribuna fueron los primeros periódicos en ofrecer información detallada sobre las detenciones.[57] El periódico oficialista tituló en su sección de noticias “Conspiración radical. Salvaje plan de los conspiradores. La dinamita como medio”. Ambos periódicos retrataron la información suministrada por el gobierno.[58]
Al día siguiente, varios periódicos realizaron una extensa cobertura. La Nación fue el periódico que ofreció más información sobre los sucesos. En la primera plana, el editorial defendió el accionar del gobierno y se transcribió completo el decreto presidencial.[59] La sección “Noticias” se tituló “El complot descubierto”. En ella, se transcribieron dos extensas entrevistas. La primera a Luis Sáenz Peña quien defendió el accionar del presidente argumentando que habían actuado acorde a la ley para preservar el orden público. La segunda fue a Carlos Pellegrini quien recibió al periodista en su casa, a las once de la noche. En la entrevista, el presidente comentó que ya se habían obtenido todas las pruebas del complot y que oportunamente serían suministradas al público.[60] Por último, se transcribió información de dos periodistas enviados a cubrir los campamentos militares de Maldonado y Zárate.[61]
En el mismo número se detalló el arresto de Leandro N. Alem. La crónica presentó la información bajo un clima de suspenso. Según la nota, a las 3 de la madrugada la policía acudió a la casa del líder radical con un número importante de vigilantes que se situaron en la puerta y las azoteas. La policía esperó la llegada de su sobrino Hipólito Yrigoyen para que despertara a su tío y le informara la situación. Luego fue conducido a la calle, donde una multitud lo ovacionó mientras subía al carruaje que lo llevaría al puerto; más adelante, se ofreció información del resto de los detenidos en la corbeta La Argentina.
El resto de la edición sumaba información a los sucesos del 2 de abril. Por ejemplo, evidencias de complots en algunas provincias. En la siguiente columna se transcribió un intercambio epistolar de Alem a Francisco Castañeda Vega, de Santiago del Estero. Esta correspondencia fue presentada como la gran primicia informativa a la que accedió el periódico. Dicho recurso era recurrente en la prensa de la época, pero aquí funcionó como la evidencia central del complot presentada al público lector. La carta decía que “el negocio va bien y se realizará pronto. Se pide a la vez no enviar emisarios como el conductor de la carta pues teme que sea comprometido”.[62]
Junto a esta nota, el periódico recurrió otra vez a la transcripción de una entrevista al jefe de policía -presentada como exclusiva- que detalló más información sobre los detenidos y los materiales obtenidos. Según se informó, la policía venía haciendo trabajo de inteligencia desde la gira de Alem por el interior del país. A partir de eso tuvieron indicios de que había un complot en marcha. Posteriormente lo corroboraron con la actividad en los clubes políticos de la ciudad y los discursos incendiarios contra las autoridades. Cuando se produjo la detención de los cuadros del radicalismo, la policía había accedido a documentación mediante el interrogatorio a dos militantes radicales que tenían en su poder papeles que debían ser enviados a Tucumán y Catamarca. Además, la nota informaba que la policía había accedido a la lista de afiliados y a más documentación comprometedora que iba a ser suministrada para el sumario.[63] En cuanto al secuestro de armas se sostuvo que se encontraron en el Comité Radical de Montserrat.
El resto de los periódicos buscaron ofrecer originalidad en las noticias que presentaba a su público lector. Por ejemplo, El Diario sostuvo la detención de personas por error. A la vez, retrató un paisaje que la extensa cobertura de La Nación no ilustró: ciertos enfrentamientos entre jóvenes y policías en las calles por gritar “¡Viva Alem!”.[64] El Nacional transcribió una entrevista a un testigo que reveló al periodista la identidad de un conspirador que se había quebrado y confesado al general Roca que se preparaba un atentado.[65] Por último, La Prensa ilustró cómo la población porteña se agrupaba en las calles para obtener novedades; en el Comité Central de la UCR se había aglomerado una gran concurrencia a la espera de noticias, e incluso en la casa de Alem y cerca de las redacciones de los periódicos.[66]
En el transcurso de los días, los diarios mantuvieron su actividad, pero acotados por las estrictas normas que imponía el estado de sitio. En el decreto se prohibía la circulación de información que atentase contra el orden público y la publicación de habeas corpus. En este sentido, El Censor fue clausurado luego de un editorial que cuestionaba las elecciones presidenciales en esas condiciones.[67] Los telégrafos sufrieron también la intervención.[68] Los habeas corpus que se presentaron no fueron reproducidos por la prensa ya que esta información había sido prohibida por el gobierno. Sin embargo, La Prensa accedió a información de los detenidos que desde el barco La Argentina peticionaban a sus familiares bienes. También se informó sobre los detenidos en el interior del país que con el transcurrir de los días aumentaron en número.
El 10 de abril se produjo la elección. El gobierno flexibilizó las restricciones impuestas por el estado de sitio. La fórmula del acuerdo logró imponerse con facilidad, el radicalismo se abstuvo con la excepción de un pequeño grupo que se presentó a votar en algunas parroquias. El Argentino volvió a publicarse por ese único día. El número extraordinario ofreció la postura de los radicales desde su cierre hasta el 10 de abril.
El editorial transcribió el comunicado del Comité Nacional de la UCR, en el que se enumeraba una serie de argumentos contra el estado de sitio y la situación en que transcurrían las elecciones. El cierre del periódico, el encarcelamiento de opositores —incluyendo diputados electos— en buques de guerra, la prohibición de realizar el acto del 3 de abril y las irregularidades ante el sufragio de electores presidenciales fueron los principales ejes de denuncia:
“Pero dejemos de lado este punto-sin fundamentos legítimos o con ellos el estado de sitio impera y á su sombra se han realizado los actos dictatoriales que han suplido de un golpe el ejercicio de la Constitución por el imperio brutal de la dictadura. Sobre las garantías individuales, sobre los privilegios propios del Congreso, sobre la autoridad sagrada de los jueces de la Nación, sobre la vida y el honor de los ciudadanos, se ha instalado la omnipotencia del Ejecutivo y se han restablecido el ejercicio de las facultades extraordinarias abolidas por la constitución a raíz del triste ejemplo que nos legara la tiranía. Las facultades para detener o arrestar ciudadanos, han sido convertidas en facultades para enjuiciar y sumariar por jueces espaciales, para violar papeles y domicilios, y para sellar la voz de la prensa y de la opinion con el machete del policiano. Esta es la dictadura”.[69]
El otro aspecto a destacar del número fue la narración de los sucesos vinculados a las detenciones de los militantes radicales. Con pequeñas notas se dio cobertura del accionar policíaco en las casas de varios dirigentes. Posteriormente se detalló la sustracción de documentos en el Comité Central y en el club de La Piedad. Un último aspecto por señalar son las denuncias efectuadas sobre hechos de maltrato policial a jóvenes y mujeres en las protestas contra la detención.
El resto de los periódicos ofrecieron interpretaciones dispares sobre la elección y la situación del estado de sitio. La Nación celebró la victoria de la fórmula acuerdista y no se pronunció sobre las declaraciones del El Argentino. En la misma dirección pero cuestionando al periódico radical, se pronunció Tribuna. El Nacional reprodujo notas de los directores de los periódicos censurados como Don Quijote, El Argentino y Sudamerica. El Diario dedicó su editorial analizar la situación de los presos políticos.
V. Conclusión
En sus memorias, Joaquín Castellanos reconoció la existencia de un plan revolucionario que involucraba a civiles y militares. Durante meses sesionó una Junta Revolucionaria orquestando los preparativos. Sin embargo, aún faltaba definir el momento para llevar adelante el levantamiento. Castellanos reconoció también que el gobierno al recibir la noticia actuó rápidamente decretando el estado de sitio y encarcelando a la mayoría de los involucrados (Castellanos,1981:115-118). En mayo, al inicio de las sesiones legislativas, Carlos Pellegrini debía justificar su accionar para que el Congreso validase el estado de sitio, para ello argumentó la existencia de cartas y armamento encontrado. Pero no pudo precisar la fecha ni dar más evidencias del complot puesto en marcha. A partir de entonces, se gestaron peticiones para que volvieran al país los radicales exiliados en Montevideo. El estado de sitio finalmente se levantó en el mes de agosto (Alonso, 2000: 166).
En este trabajo hemos analizado el rol de la prensa en esta coyuntura de crisis. En primer término, se examinó la cobertura de los periódicos en las elecciones legislativas del 7 de febrero. Los editoriales y las crónicas brindaron un marco a través del cual se informó y, a la vez, se construyó el sentido de los hechos. Nos hemos detenido particularmente en los episodios de violencia en las parroquias de La Piedad y Santa Lucía y la represión al Comité Central del radicalismo.
En segundo término, analizamos el rol de la prensa en la construcción del clima de suspenso e intriga que se generó en la previa a la declaración del estado de sitio. Vimos cómo el periódico de Mitre lanzó desde su sección “Noticias” la idea de que un “complot radical” estaba en marcha con el fin de destituir a las autoridades nacionales. Los periódicos se disputaron pistas, notas, contranotas y rumores en esos días hasta que Carlos Pellegrini decretó el estado de sitio. Esta acción llevó a la clausura de diarios y el encarcelamiento de opositores. La nueva situación fue motivo de cuestionamiento y también de silencios. La prensa cambió sus posicionamientos a favor o en contra de la iniciativa otorgando su visión de los hechos y reproduciendo información en la medida que podían acceder a ella.
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Nahuel Pablo Victorero es profesor y licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como docente en las materias Historia del Pensamiento Político y Argentina II en el departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Actualmente se encuentra finalizando su doctorado por la misma universidad. Fue becario doctoral de CONICET. Su investigación se centra en reconstruir la trayectoria política de Bartolomé Mitre y la Unión Cívica Nacional en la década de 1890.
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[1] De ahora en más, UCR.
[2] De ahora en más, PAN.
[3] El PAN gobernó durante una década ante una oposición mayormente abstenida. Sin embargo, el 10 de abril de 1890, una nueva agrupación que reunía a referentes porteños y sectores juveniles fundó la Unión Cívica. Este partido realizó un levantamiento el 27 de julio de 1890 (la Revolución del Parque) que puso en vilo a Buenos Aires durante tres días. Aunque la revolución fue derrotada bajo la conducción de Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini, logró minar la autoridad de Miguel Juárez Celman, quien renunció el 7 de agosto ante las presiones internas. Su lugar lo ocupó el vicepresidente, Carlos Pellegrini quien cumplió el mandato. Los meses posteriores fueron sumamente complejos ya que el gobierno debió afrontar la crisis política y económica. Mediante una iniciativa conjunta entre el presidente y Roca, se intentó pactar con el mitrismo un acuerdo de cara a las elecciones de 1892. Esta maniobra provocó la fractura de la Unión Cívica el 26 de junio de 1891, dando origen a dos partidos: la Unión Cívica Radical y la Unión Cívica Nacional (en adelante, UCN).
[4] Para un balance de estas líneas de investigación, véanse Cucchi y Rojkind (2017). En términos generales, la historiografía se ha concentrado en la dinámica intra-élite y la disputa por candidaturas (Alonso, 2010; Castro, 2012; Hora, 2001). Asimismo, se ha avanzado en la reconstrucción de los actores políticos y su relación con el gobierno en diversas coyunturas (Alonso, 2000, 2010; Cucchi, 2017; Navajas, 2019). Por último, existe producción centrada tanto en el diseño institucional como en los proyectos de reforma del período (Hirsch, 2021).
[5] Para un análisis sobre el concepto de “crisis” desde la perspectiva de los actores véase, Romero (2026:35-37).
[6] El modernismo fue una facción interna del autonomismo impulsada por los gobernadores de las provincias del Litoral. En diciembre de 1891, este grupo propuso la candidatura de Roque Sáenz Peña a la presidencia. Para una caracterización de la política posjuarista y el surgimiento del modernismo véase, Alonso (2010:280-283). Para ver la cuestión de las sucesiones presidenciales en esta coyuntura véase, Rojkind y Romero (2013).
[7] Para ampliar la cuestión de las manifestaciones radicales en la década de 1890 y en particular las celebraciones en torno a la conmemoración de la Revolución del Parque véase, Reyes (2016).
[8] La historia política ha abordado en profundidad las elecciones para la segunda parte del siglo XIX. Nos apoyamos en una nutrida bibliografía, véase Sabato (1998). Para la década de 1890 véase Alonso (1993), Hirsch (2021), Navajas (2026).
[9] La cuestión del estado de sitio suscitó importantes debates en la opinión pública y el uso del habeas corpus ante las detenciones realizadas en sus implementaciones, véase Cucchi (2021).
[10] Para ver cómo la prensa podía construir el clima de tensión y suspenso antes del advenimiento de la revolución, véase Navajas y Rojkind (2021: 121-123).
[11] Para analizar la relación entre noticias y política nos centramos en el abordaje planteado por Rojkind para un período posterior para el diario La Prensa (2019:61).
[12] La utilización de reporters en los grandes diarios ha sido analizada por Servelli (2018).
[13] Para analizar la irrupción de las noticias mediante el telégrafo, véase Caimari (2019).
[14] La Prensa fue fundada en 1869 y, con el transcurrir de las décadas, se consolidó como el principal diario del país, tanto por su volumen de tirada como por su capacidad para sostenerse como una empresa solvente e innovadora. No mantuvo un lazo partidario, pero sostuvo campañas periodísticas contrarias al gobierno.
[15] La Nación fue fundada en 1870 bajo la conducción de Bartolomé Mitre. Durante sus primeras décadas, se consolidó como una empresa de vanguardia y protagonista de la modernización de la prensa (Ramos, 1989: 95-105). No obstante, mantuvo su rol de vocero de su agrupación. Para un análisis detallado de su papel político, véase Alonso (2010), Zimmermann (1998).
[16] El Diario, fundado por Manuel Láinez en 1881, se consolidó como un referente de la tarde. Por su parte, El Nacional (creado en 1853 por Vélez Sarsfield) mantuvo una postura ambivalente frente al PAN: tras un apoyo inicial, ejerció la oposición durante más de una década, respaldando al sector modernista (Alonso, 2010: 330). Finalmente, El Censor, fundado por Sarmiento en 1886, sostuvo una oposición firme tanto al juarismo como al posterior gobierno de Pellegrini. Sin embargo, mantuvo una postura ambivalente durante el período estudiado; en sus páginas coexistió la condena a los episodios de violencia electoral con el rechazo al estado de sitio.
[17] El Argentino fue fundado en 1890 como vocero de la UC y luego se mantuvo del lado del radicalismo. Mientras que Tribuna fue fundado en 1891 y se mantuvo al servicio del roquismo. Para una conceptualización sobre este tipo de prensa en general, véase Alonso (1997).
[18] Para reconstruir el movimiento de candidaturas en el oficialismo y la oposición, véase: Alonso (2010). Sobre el radicalismo en los años 1891 y 1892, véase Alonso (2000), Navajas (2026), Reyes (2022). Para el accionar del mitrismo, véase: Hora (2001), Hirsch (2021).
[19] Por ejemplo, el 3 de noviembre el radicalismo se enfrentó a un grupo de policías en un acto en la parroquia de San Telmo, véase Navajas (2026: 14).
[20] La Nación, 17 de diciembre de 1889, p. 1. Dicho periódico dedicó varias notas en los días siguientes denunciando la situación.
[21] La Nación, 16 de julio de 1891, p.1; El argentino, 16 de julio de 1891, p. 1.
[22] La Prensa, 10 de enero de 1892, p. 2.
[23] La Prensa, 19 de enero de 1892, p. 3.
[24] El movimiento de tropas hacia los campamentos militares ubicados en los suburbios de la Ciudad era habitual en el mes de marzo, cuando se realizaban entrenamientos de disparo.
[25] Esa misma retorica utilizaron los periódicos opositores al juarismo los días previos a la Revolución del Parque.
[26] Sobre la persistencia y la función de la violencia en los procesos electorales para un período previo, véase Sabato (1998: 158).
[27] El Censor, 7 de febrero de 1892, p. 1.
[28] La Prensa, 7 de febrero de 1892, p. 2.
[29] El Nacional, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[30] El Diario, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[31] La Nación, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[32] Tribuna, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[33] El Diario, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[34] Estas dos parroquias registran los episodios más violentos cubiertos por La Nación y El Argentino. El Nacional ofreció información sobre hechos en Balvanera en donde el mitrismo generó incidentes para obstaculizar la elección. El Nacional, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[35] La Nación, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[36] La Nación, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[37] El Argentino, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[38] Tribuna, 4 de febrero de 1892, p. 2.
[39] La Prensa, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[40] El Nacional ofreció la misma interpretación. El Nacional, 8 de febrero de 1892, p. 2.
[41] La Prensa, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[42] La Nación, 8 de febrero de /1892, p. 1.
[43] La Nación, 11 de febrero de 1892, pp. 1-2.
[44] La Nación, 9 de febrero de 1892, p. 1.
[45] El diario Tribuna defendió el orden público y condenó el accionar del radicalismo, Véase Tribuna, 8 de febrero de 1892, p. 1.
[46] El Argentino, 28 de marzo de 1892, p.1; El Argentino, 30 de marzo de 1892, p. 1.
[47] La Prensa, 30 de marzo de 1892, p. 2.
[48] El Argentino, 30 de marzo de 1892, p. 1.
[49] El Argentino, 31 de marzo de 1892, p. 1.
[50] La Nación, 31 de marzo de 1892, p. 2.
[51] La Nación, 1 de abril de 1892, p. 1.
[52] Esta “noticia” fue cubierta solamente por La Nación.
[53] El día anterior, el mismo diario hizo circular información sobre las reuniones que estaba llevando adelante el gabinete sobre los presuntos rumores de un complot. La Prensa, 1 de abril de 1892, p. 1.
[54] El Argentino, 1 de abril de 1892, p. 1.
[55] “El unicato radical”, El Nacional, 1 de abril de 1892, p. 2.
[56] “El principismo radical”, La Nación, 1 de abril de 1892, p. 1.
[57] “Estado de Sitio: ¿conspiración o revolución? Tribuna, 2 de abril de 1892, p.1; El Diario, 2 de abril de 1892, p. 1.
[58] Tribuna, 2 de abril de 1892, p. 1.
[59] “El orden público”, La Nación, 3 de abril de 1892, p. 1.
[60] La Nación, 3 de abril de 1892, pp. 1-2.
[61] En su cobertura, La Prensa ofreció más pistas sobre cómo estaban organizados los campamentos militares al mando de Nicolás Levalle quien fue temprano al movimiento.
[62] Según informó La Nación en su sección de noticias, el radicalismo extremaba desde hacía meses los recaudos en sus comunicaciones con las provincias, ante el temor de que la correspondencia fuera interceptada por agentes del gobierno.
[63] La Nación, 3 de abril de 1892, p. 2.
[64] El Diario, 3 de abril de 1892, p. 2.
[65] El Nacional, 3 de abril de 1892, p. 1.
[66] La Prensa, 3 de abril de 1892, p. 3.
[67] “Unanimidad”, El Censor, 4 de abril de 1892, p. 1.
[68] La Prensa detalló la actividad de la empresa Compañía Telegráfica del Río de la Plata, que desatendió el estado de sitio enviando información a Montevideo. Véase: La Prensa, 6 de abril de 1892, p. 2.
[69] “Manifiesto. El comité de la UCR al pueblo de la república”, El argentino ,10/04/1892, p. 1.
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