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Pasado Abierto - Año de inicio: 2015 - Periodicidad: 2 por año
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Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº23. Mar del Plata. Enero-junio 2026.

ISSN Nº2451-6961. http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto

                                                                           

Los populismos como movimientos anticiencia. Apuntes para la discusión de una identidad naturalizada

Hernán Comastri

Universidad Pedagógica Nacional, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina

hernancomastri@gmail.com

Recibido: 05/08/2025

Aceptado: 14/05/2026

Resumen

Este artículo propone discutir la relación entre populismo y movimientos anticiencia establecida, pero no problematizada, en el discurso público contemporáneo. Esta relación surge, en parte, de la coincidencia temporal entre el ascenso de lo que muchos autores han caracterizado como “nuevos populismos” (Trump, Bolsonaro, etc.) y una crisis de los consensos que durante el siglo XX habían regulado las relaciones entre comunidad científica, Estado y sociedad. Pero aquí se buscará argumentar que la relación causal entre ambos procesos no ha sido suficientemente estudiada y que, de hecho, una mirada atenta al caso latinoamericano demuestra la inadecuado de la hipótesis populista para explicar el auge de los discursos y prácticas de la llamada “anticiencia”. En una primera aproximación al tema, el estudio de caso del primer peronismo y de sus políticas en ciencia y tecnología ofrece algunos indicios para discutir esta identidad naturalizada.

Palabras clave: populismo, anticiencia, Latinoamérica, historia de las ciencias

Populisms as anti-science movements: Notes for the discussion of a naturalized identity

Abstract

This article proposes to discuss the relationship between populism and anti-science movements, established but unproblematized in contemporary public discourse. This relationship arises, in part, from the temporal coincidence between the rise of what many authors have characterized as "new populisms" (Trump, Bolsonaro, etc.) and a crisis of the consensus that, during the 20th century, had regulated the relations between the scientific community, the state, and society. However, here we will argue that the causal relationship between both processes has not been sufficiently studied and that, in fact, a careful look at the Latin American case demonstrates the inadequacy of the populist hypothesis to explain the rise of so-called "anti-science" discourses and practices. In a first approach to the topic, the case study of early Peronism and its science and technology policies offers some clues to discuss this naturalized identity.

Key-words: populism, anti-science, Latin America, history of science

Los populismos como movimientos anticiencia. Apuntes para la discusión de una identidad naturalizada

Introducción

Este artículo parte de una primera observación: la de una identidad, presente de forma implícita o explícita en el debate intelectual contemporáneo, entre populismos y movimientos anticiencia. Identidad que no se presenta como el resultado de una particular interpretación académica frente a la problemática, sino como un elemento de “sentido común” del discurso político, que retoma de manera acrítica muchos de los lugares comunes de otros acercamientos a la problemática del populismo. En este sentido, si bien la relación construida entre populismo y anticiencia puede ser rastreada en una duración de más largo plazo, el impacto de la pandemia del COVID-19 y las dificultades en la implementación social de medidas para su contención y tratamiento, generaron una nueva urgencia, de alcance global, en la búsqueda de respuestas a la pregunta por el origen de esta crisis de los consensos que durante el siglo XX rigieron las relaciones entre ciencia, Estado y sociedad.

Partiendo de dicha observación, este trabajo se propone repensar los términos puestos en diálogo y evaluar la pertinencia de la hipótesis populista como clave de interpretación para el problema del actual auge de los llamados (a falta de una mejor definición) movimientos “anticiencia” a nivel global. Un primer elemento a tomar en consideración, entonces, será el uso del término “populista” para la caracterización de gobiernos como el de Viktor Orbán en Hungría, Donald Trump en los Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil o Javier Milei en Argentina, entre otros, y lo que esto supone en términos de una lectura de otras experiencias históricas similarmente catalogadas como populistas. La voz latinoamericana cobra aquí especial relevancia, no sólo por el lugar protagónico que en la región ocupó la noción/acusación de populismo en el debate político a partir de la década de 1950, sino también por el amplio desarrollo de diversos estudios en sede académica sobre el fenómeno, que dieron cuenta de esta figura recurrente pero escasamente delimitada o definida. A partir de estos estudios será posible delinear, en un segundo momento, el lugar ocupado por estos populismos en la historia y los estudios de la ciencia y la tecnología.

A diferencia de las aproximaciones desde las ciencias políticas o la economía, por ejemplo, la historia de la ciencia y la tecnología no ha incluido de manera significativa la variable del populismo en sus análisis, ni para el caso latinoamericano ni para un estudio de escala global. El hecho de que este vacío relativo no impida la referencia acrítica a la díada populismo-anticiencia en el campo intelectual resulta aún más significativo en tanto y en cuanto, en la actualidad, existen numerosos estudios que permiten observar en estos gobiernos latinoamericanos de mediados del siglo XX una política de ciencia y tecnología (CyT) compleja, sostenida e inserta en una historia de más largo plazo. Ejemplos de estos estudios son las investigaciones de Diego Hurtado (2010) para la Argentina, o los de Simon Schwartzman (1991) para Brasil. Si bien un único caso nacional no puede ser suficiente para sostener por sí solo el argumento aquí presentado, en este artículo se utilizará el ejemplo de las políticas de CyT del primer peronismo (1946-1955) como punto de entrada a una discusión que, a futuro, deberá incluir necesariamente otros estudios de caso, o incluso una perspectiva que exceda la escala nacional para pensar la relación ciencia-populismo desde la perspectiva de la historia global (Acha, 2013).

Cierro esta breve introducción con una última aclaración, ya no sobre el objeto o recorte de lo presentado, sino sobre el carácter exploratorio de este escrito: la pregunta por la relación entre populismo y anticiencia se ubica en la frontera entre diversos campos disciplinares, sin estar en el centro de ninguno de ellos, motivo por el cual esta primera aproximación al tema supone, en buena medida, la construcción misma del problema de investigación, que no necesariamente está dado de antemano. Por este motivo, el diálogo con otras producciones, antes que perseguir la exhaustividad de un estado de la cuestión actualizado, tendrá un carácter ensayístico, apuntado a poner en discusión los desafíos, viabilidad y utilidad de la línea de estudio aquí propuesta.

Viejos y nuevos populismos

Las victorias electorales de Orbán en 2010, Trump en 2017 y Bolsonaro en 2019, entre otras,[1] dieron lugar a un renovado interés en la esfera pública internacional por la noción de populismo, que suponía una clave de interpretación a procesos políticos que parecían fuera de lugar en aquellos países. Ya no movimientos políticos marginales o amenazas potenciales, estos nuevos populismos formaban gobierno y transformaban de raíz la dinámica política local y global. En especial para el caso de los Estados Unidos, este proceso tomó por sorpresa a un número significativo de medios, intelectuales y analistas políticos, que suponían que la solidez de sus instituciones y tradiciones republicanas deberían haber hecho imposible esta deriva. Y dada la proyección global de su política interna, pronto estas discusiones excedieron a los medios norteamericanos y pasaron a formar parte de una agenda internacional de discusión e investigación académica. Si aquí se presta especial atención a los casos de Trump, Bolsonaro y (en la comparación histórica) Perón es, justamente, porque estas tres figuras han concentrado un número significativo de análisis académicos (Fischer, 2022; Ramalho von Behr, 2023; Duarte, Benetti y Alvarez, 2024) que permiten observar la pertinencia de lo que llamo la “hipótesis populista”.

Por lo demás, la referencia al populismo de estas discusiones públicas parecía estar mucho más ligada a la experiencia latinoamericana del siglo XX que a los movimientos populistas norteamericanos de fines del siglo XIX, más lejanos en el tiempo y la memoria, y de un alcance mucho más acotado ya en su época. De hecho, al menos en un primer momento, el foco de los análisis se ubicaría en la figura de los líderes y principales referentes de estos gobiernos, en su personalidad, sus formas y valores, reproduciendo en buena medida la propia imagen simplificada del “hombre fuerte” de los populismos latinoamericanos. Los principales medios internacionales de comunicación hacían explícita esta conexión, y se preguntaban, por ejemplo, si la comparación entre Trump y Perón podría ofrecer claves de comprensión de este nuevo fenómeno norteamericano.

Siguiendo lo planteado por Magrini y Santos Gómez (2022), estas referencias y comparaciones incluso podrían interpretarse como síntomas de la preocupación por una posible “latinoamericanización” de la política europea y norteamericana. En la actualidad, la preocupación por la aparente globalización de un “problema” que previamente parecía ser exclusivamente latinoamericano, se hace explícita en diversos estudios europeos y norteamericanos sobre el populismo (Edwards, 2019).

Por supuesto, no todas las intervenciones que se recuperarán en estas páginas entienden lo mismo por “populismo”, un concepto de tan difícil delimitación que ha llevado a algunos autores a argumentar directamente en contra de su uso en trabajos académicos. Es el caso de Chamosa (2013), quien señala no sólo se escasa utilidad descriptiva, sino también la carga peyorativa del término, que sus usos académicos no han conseguido remover del discurso público. Entre estas investigaciones académicas tienen un lugar destacado aquellas de Laclau (1985) y Laclau y Mouffe (2005) sobre la política populista como representación de las interpelaciones popular-democráticas canalizadas en forma de opción antagónica frente a la ideología dominante. Esta interpretación del populismo como una forma particular de constitución del sujeto político, permite ignorar coordenadas específicas de espacio y tiempo para aplicarse a casos tan diversos entre sí en otros aspectos como, efectivamente, el [2]peronismo argentino de 1946 y el “trumpismo” estadounidense de 2016. Otras perspectivas, sin embargo, privilegian el uso del concepto exclusivamente para las experiencias latinoamericanas del período que corre entre las décadas de 1930 y 1960, haciendo énfasis en los elementos estructurales de la economía y la sociedad latinoamericana de la época (migraciones internas, industrialización por sustitución de importaciones, consolidación del movimiento obrero, democracia de masas, etc.). Una argumentación en este sentido puede observarse, por ejemplo, en trabajos de Ansaldi (2019).

El párrafo precedente no busca, en modo alguno, agotar la reconstrucción de un debate muy extenso y diverso en sus perspectivas.[3] Por el contrario, en las páginas que siguen quisiera concentrarme en una veta aún no explorada de manera sistemática en estos estudios, como es la identidad naturalizada entre populismo y anticiencia. Volviendo a la pregunta original de este artículo, entonces, buscaré argumentar aquí que la relación populismo-anticiencia está presente pero no problematizada en buena parte de esta producción. Rancière (2006), por ejemplo, reconoce que las voces de oposición al populismo tienden a asociarlo a una imagen de atraso y caracterizarlo como una fuerza que, en su oposición a los consensos dominantes, sería incapaz de reconocer lo “inevitable” de los procesos de modernización. Aunque estos elementos se inserten principalmente en una argumentación relacionada a una respuesta política a transformaciones socio-económicas (el llamado “proceso de modernización”), en ellos se encuentra contenida, sea de forma implícita o explícita, la idea de un anti-intelectualismo inherente al populismo.

En este punto, la problemática se complejiza en el cruce con otros usos del término populista propios de la historiografía europea y anglosajona. Así, en trabajos ya clásicos, el populismo se encuentra asociado a la larga tradición de anti-elitismo (lo que presupone, como corolario, el anti-intelectualismo) de la cultura estadounidense, vinculado a los ideales de igualdad (“egalitarian sentiments”, Hofstadter, 1963: 407) fundantes de su democracia. El populismo, en esta lectura, sería el resultado de la creciente desconfianza popular (que incluye componentes religiosos) hacia el intelectual, el científico y el experto a medida que la vida social, económica y política gana en complejidad y se aleja progresivamente del ideal de la “omnicompetencia del hombre común” (Hofstadter, 1963: 34). Esta línea de investigación ha tenido un significativo desarrollo a nivel internacional: el trabajo de Mede y Schäfer (2020), aunque no tiene un acercamiento histórico al problema, ofrece un muy completo estado de la cuestión sobre estas investigaciones.[4] Como trataré de mostrar en las próximas páginas, esta interpretación del populismo como reacción conservadora frente al cambio, convive de manera muy problemática con la experiencia histórica latinoamericana en lo que hace a las políticas de CyT.

Aplicando al siglo XXI la hipótesis del populismo como reacción al cambio, Nilges (2020) apunta a estudiar los populismos autoritarios de derecha contemporáneos como una forma de regresión socio-política, una vuelta reaccionaria a un pasado idealizado, una forma nostálgica de la masculinidad y el paternalismo que se expresa en el discurso público y la literatura como ataque a la posmodernidad. Aunque su estudio no retoma explícitamente el problema de los discursos de la anticiencia, sí ensaya una defensa del saber y la práctica académica como espacio social diferenciado, enfrentado a la amenaza de un discurso populista que desvía la atención de las verdaderas contradicciones del capitalismo tardío. Excediendo el ámbito académico, se podrían citar intervenciones intelectuales que siguen una línea de pensamiento similar. En una entrevista con un medio argentino (apropiadamente titulada: “Slavo Zizek: ‘Trump, como Perón, mezcla extremos’”), el filósofo, psicoanalista y crítico cultural rechaza el proyecto de Laclau y Mouffe de crear un “populismo de izquierda” por el simplismo de la apuesta a “escuchar a la gente de verdad”, y para explicar este rechazo utiliza justamente un argumento de oposición al saber científico: “Incluso para identificar el problema, tenemos que reflexionar. Por ejemplo, la ecología. La gente lo olvida. El agujero en la capa de ozono, el calentamiento global. Uno no ve ahí arriba, es la ciencia la que lo dice”.[5] La lógica de este planteo, como muestra la referencia a la propuesta de Laclau y Mouffe, ignora potenciales diferencias entre populismos de izquierda y de derecha. De hecho, la gestión de Andrés Manuel López Obrador en México (2018-2024) también fue acusada de llevar adelante un ataque populista contra la comunidad científica[6] y de promover prácticas y símbolos místico-religiosos como protección frente al COVID-19.[7]

Nuevamente, la referencia a la relación entre populismo y ciencia/anticiencia está presente o sugerida, pero no problematizada. Agrego una última referencia en donde esta falta de problematización resulta particularmente clara. En un artículo de 2019, Müller y Schmieder analizan los nuevos enfoques que la historia conceptual ha aportado a la historia de las ciencias, tanto desde la línea de estudios inaugurada por Reinhart Koselleck como desde los llamados “estudios post-koselleckianos”. En dicho análisis, sin embargo, el populismo es mencionado sólo una vez, y no como un objeto conceptual en sí mismo, sino como un síntoma más (junto a “post-democracia, política post-fáctica, fake news, alternative facts”) en los actuales “diagnósticos de una irracionalización de la política” (Müller y Schmieder, 2019: 145). Y si estos diagnósticos ya dejaban en evidencia una preocupación por lo que se entendía como una deriva populista a nivel global, la respuesta a la pandemia del COVID-19 por parte de gobiernos como el de Trump y Bolsonaro no haría más que sumar un sentido de urgencia al problema del populismo como vector de anticiencia.

Conspiración y pandemia

Pero si la noción de populismo presenta límites difusos y numerosas dificultades a la hora de una definición clara, en el caso de los llamados movimientos “anticiencia” estos problemas sólo se ven agravados. Una definición básica de los mismos tendría en su base el rechazo a la legitimidad de la ciencia establecida, y por consiguiente de sus leyes, teorías, demostraciones, discursos, métodos, instituciones, etc. En distintos momentos históricos estos movimientos demostraron un mayor o menor componente religioso o místico, que rechazaba la idea misma del proyecto de la ciencia positiva y sus pretensiones de objetividad; en la actualidad, la mayoría de las expresiones de este fenómeno (muy heterogéneo hacia su interior) no rechazan el método científico en sí mismo, sino que buscan denunciar la falsedad de la ciencia dominante, que los gobiernos, científicos y distintos grupos de poder utilizarían para perpetuar y extender su dominación. La refutación de esta supuesta falsa ciencia en la mayoría de los casos se realiza a través de experimentos, demostraciones y discursos que imitan las formas externas del método científico, generalmente apoyados en una idea del sentido común como antídoto frente a una teoría cada vez más abstracta, compleja y alejada de las posibilidades de la experiencia directa del hombre común. Un estudio interesante en este sentido es el realizado por Duarte, Benetti y Alvarez (2024) para el caso del Brasil de Bolsonaro, donde encuentran que, antes que un rechazo de plano a la autoridad de la ciencia, lo que el bolsonarismo lleva adelante es una disputa por la apropiación de sus símbolos, discursos y prestigio.

Detrás de estas denuncias y supuestas refutaciones hay, casi siempre, una explicación en clave conspirativa: el calentamiento global sería una excusa para limitar las libertades de la población, las vacunas un medio para rastrearla electrónicamente, las estelas generadas por el vuelo de los aviones compuestos químicos (chemtrails) diseñados para esterilizarla o controlarla, etc. En la coyuntura de la pandemia, por su parte, las teorías conspirativas giraron en torno a su supuesto origen en un laboratorio chino dedicado a la guerra química, a la exageración de la gravedad del virus como justificativo para el avance totalitario del Estado sobre la sociedad (lo que en Argentina se popularizó como la “infectadura”[8]), o al negocio billonario de las farmacéuticas que habrían descubierto una vacuna “sospechosamente” rápido.

Es cierto que algunos referentes de este “nuevo populismo de derechas”, en especial Trump y Bolsonaro, reprodujeron y legitimaron estos discursos desde el Estado,[9] pero en el contexto de una crisis de la profundidad y alcance como la del COVID-19, difícilmente la hipótesis populista pueda ser la única explicación para el auge de teorías conspirativas. En una historia de la conspiración en el continente americano que se remonta hasta la época colonial, Roniger y Senkman (2019), por ejemplo, recuperan diversos estudios y aproximaciones teóricas al tema que no se agotan en la hipótesis populista.

Pero la crisis de los consensos científicos evidenciada por la respuesta social a la pandemia de COVID-19 fue abordada también desde otras disciplinas. En 2022 The Lancet (revista de ciencias de la salud de prestigio internacional) publicó un estudio que buscaba establecer predictores del contagio del COVID-19 a partir de la información relevada en 177 países: la “confianza en el gobierno” (sin importar aquí qué tipo de gobierno) es el segundo factor en importancia, sólo detrás de la riqueza (Dieleman, et al., 2022). Apoyándose en este estudio y reconociendo la “confianza en la ciencia” como un problema central en la respuesta social a la pandemia, Plohl y Musil (2023) buscaron elaborar, desde la psicología, sus propios predictores para esta variable: junto al nivel educativo, la religiosidad, la apertura a la experiencia, la humildad intelectual y la reflexión cognitiva, los autores reconocen que el pensamiento conspirativo y el conservadurismo político (no el populismo)[10] son dos de los predictores más claros de la falta de confianza en la ciencia a nivel social.

Ciencia y peronismo

El estereotipo de los (nuevos y viejos) populismos latinoamericanos como gobiernos “naturalmente” enfrentados al saber y el método científico, sin embargo, excede ampliamente la coyuntura abierta por el COVID-19. Durante su primera apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el 1 de marzo de 2020, y dada la relativamente alta proporción de investigadores y académicos en su gabinete, el entonces presidente Alberto Fernández se refirió al mismo como un “gobierno de científicos”. Esta apelación a saberes expertos y especializados encarnados en jóvenes de clases medias con títulos de doctorado era similar a la que, años antes, se había utilizado para caracterizar al gobierno de Rafael Correa y su “gabinete de los PHD” (Svampa, 2016: 472). En el plano local, por su parte, Fernández se ubicaba a sí mismo como continuador de las políticas de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, que habían supuesto una jerarquización significativa del área de CyT en relación a la situación heredada de gestiones previas. La restitución del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (creado en 2007 en una de las primeras medidas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y luego reducido a rango de Secretaría en la gestión de Mauricio Macri) puede ser leída como una forma, simbólica y práctica a la vez, de establecer esas líneas de continuidad.

La referencia al “gobierno de los científicos”, sin embargo, fue objeto de polémica e incluso de burla en amplios sectores de la sociedad y de los medios masivos de comunicación. Por menor o anecdótica que pueda parecer la referencia, considero de utilidad la pregunta por el motivo de esta reacción social. ¿Por qué, para una parte significativa de la población, la sola mención a la ciencia resultaba fuera de lugar en boca de un gobierno peronista? Una respuesta sencilla, pero que creo insuficiente, apuntaría simplemente a la polarización política y a una crítica opositora al conjunto del discurso oficial. Otra respuesta posible apunta a pensar la consolidación de este sentido común de oposición entre ciencia y peronismo como el resultado de las formas en que se construyó memoria social y se escribió sobre la historia de las ciencias en la Argentina del siglo XX (Comastri, 2022, 2023a).

Según este argumento, el no-lugar del peronismo en las primeras historias de la ciencia en la Argentina estuvo determinado, al menos en parte, por la intervención de los gobiernos de Perón en distintas universidades del país, lo que llevaría a un enfrentamiento con un sector significativo de la comunidad científica del momento. A partir de septiembre de 1955, este sector pasaría a dictar los términos de una nueva reorganización universitaria y lideraría la creación de instituciones de CyT centrales al posterior desarrollo del sector durante el siglo XX. En la memoria social de la comunidad científica local, por lo tanto, el período 1946-1955 fue vaciado de contenido positivo, minimizando o directamente ignorando los avances en CyT alcanzados en esos años. Sin embargo, trabajos más recientes como los de Hurtado (2010) y Feld (2015), entre otros, han demostrado que para los años 1950/1951 ya podía hablarse de una política de Estado de CyT sistemática, sostenida en el tiempo y significativa en términos de los recursos públicos volcados a la misma.

Retomar la pregunta original por la relación populismo-ciencia/anticiencia, pensando ahora en términos de políticas públicas, implica ensayar un abordaje desde perspectivas más ajustadas a este problema específico. En este sentido, la historia económica también hace su aporte a los debates en torno a la noción de populismo, tanto en el ámbito local como en el extranjero (Edwards, 2010). Nuevamente, no podré detenerme aquí en un estado de la cuestión exhaustivo sobre este tema, sino apenas en unas breves referencias. Gerchunoff, Rapetti y de León (2020) han hecho un balance historiográfico, a partir del caso argentino, del uso de la noción en la bibliografía especializada en economía e historia económica, y reconocen ciertos elementos generales que se repiten en la bibliografía y que, por lo tanto, servirían para una definición más estricta del populismo entendido como un fenómeno económico o macroeconómico. En su característica más básica, las estrategias de política económica típicamente catalogadas como populistas serían aquellas que, frente a la existencia de un conflicto distributivo estructural entre las demandas sociales y la capacidad productiva nacional, privilegian la búsqueda de “armonía social” por sobre los equilibrios macroeconómicos. Y sería esta tolerancia de los desequilibrios macroeconómicos la que haría de la práctica estatal populista una política necesariamente cortoplacista.

La consigna “alpargatas sí, libros no” (si se usara de forma totalmente descontextualizada) expresaría de forma sintética esta interpretación y, a la vez, podría ofrecer una hipótesis de trabajo para la historia de la ciencia bajo gobiernos populistas. El problema es que esta caracterización se ajusta de manera muy deficiente, por ejemplo, al caso histórico de la política de CyT en el período peronista. La inversión realizada en el sector por el gobierno de Perón se mantuvo a pesar de la crisis económica de 1949-1951 y las áreas en que se desarrolló impusieron objetivos necesariamente de largo plazo (Hurtado y Busala, 2006). El desarrollo del sector nuclear es muy claro en este sentido: la Comisión Nacional de Energía Atómica fue fundada en 1950 (en plena crisis), pero el primer retorno económico de esta inversión recién se observaría 24 años más tarde, cuando la central nuclear Atucha I comenzara a producir energía eléctrica, en lo que fue un desarrollo exitoso y relativamente rápido para los parámetros del sector en la época. Por otro lado, los recursos volcados a proyectos de CyT como los referidos a la física nuclear, las exploraciones antárticas, la aviación o las ciencias básicas, difícilmente puedan ser interpretados como respuestas a una demanda social en clave distributiva (a menos que forcemos este argumento mucho más allá de su lógica económica original).

Pero aún si reconocemos que la identidad populismo-anticiencia no se sostiene a la luz de la historia latinoamericana de mediados del siglo XX, este problema podría fácilmente resolverse en la invocación a las mutaciones del populismo en el siglo XXI: el prestigio de la ciencia que permeaba a la cultura popular entre 1930 y 1960 bien podría estar ausente en los sectores populares que hoy confluyen en las alianzas populistas de las nuevas derechas descriptas por Stefanoni (2021) y otros autores. Pero en ese caso, el problema no sería el populismo en sí mismo, sino la ausencia de una cultura científica de carácter popular. Y la crítica antipopulista se convertiría, así, en un reflejo conservador de defensa de las barreras que protegen los espacios e incumbencias de los especialistas de la interpelación popular.

Algunas de las interpretaciones del fenómeno populista podrían sin duda leerse en esta clave, entendiendo que “al plantear preguntas incómodas sobre las formas modernas de la democracia y a menudo representando la cara fea del pueblo, el populismo no es ni la forma más elevada de la democracia ni su enemigo, sino más bien un espejo en el cual la democracia se puede contemplar a sí misma, mostrando todas sus imperfecciones, en un descubrimiento de sí misma y de lo que le falta” (Panizza, 2009, citado en Svampa, 2016: 448). Estas interpretaciones, por su parte, también dialogan con aquellas intervenciones intelectuales que señalan la “posverdad” como una de las características centrales del actual período histórico.[11]  Pero aún para estas aproximaciones, el estudio de los casos históricos latinoamericanos de mediados del siglo XX (que aquí se redujeron, de manera insuficiente, al peronismo) permite poner en duda muchos presupuestos. Así, el anti-intelectualismo se presenta como una de las características distintivas del populismo, una de las “caras feas” del pueblo, pero, a pesar de las dificultades de investigar la “ciencia a ras del suelo”, diversos trabajos han apuntado a demostrar que aquella desconfianza hacia el científico y el experto no es necesariamente la regla cuando dichos especialistas operan desde un Estado abierto al diálogo con lo popular (Comastri, 2023b).

Comentarios finales

El Instituto de Estudios Avanzados en las Humanidades (Kulturwissenschaftliches Institut) de Essen, Alemania, es una institución que centraliza las investigaciones en estudios culturales de tres universidades de la región del Ruhr. Como centro de investigación de proyección global, cada año otorga múltiples fellowships internacionales para investigadores y estudiantes postdoctorales interesados en un amplio abanico de temáticas relacionadas al “diálogo entre ciencia y sociedad”. Entre las líneas de trabajo destacadas en su sitio web para 2023, se convocaba al análisis de los “recientes problemas referidos al desafío de los ataques populistas contra la ciencia”.[12] Incluyo este ejemplo puntual sólo para señalar algunas de las formas en que la identidad populismo-anticiencia se reproduce en las agendas de investigación global presentes y futuras.

Una primera acepción del término “naturalización” presente en el título de este artículo hace referencia, como ya se ha mencionado, al uso no problematizado de dos términos cargados de controversias y de muy difícil delimitación. Los casos de estudio citados de Trump, Bolsonaro y Perón efectivamente pueden ponerse en diálogo a partir de una conceptualización del populismo en la clave de Laclau, pero fueron incluidos aquí principalmente por el hecho de que los mismos ya son caracterizados en el discurso público como populistas sin necesidad de explicitar la interpretación que eso supone. Una segunda acepción del término “naturalización”, tal como es definido por la Real Academia Española (“introducción y empleo en un país, como si fueran naturales o propias de él, cosas de otros países”[13]), también podría ser útil para pensar potenciales problemas vinculados a la adopción acrítica de agendas de investigación de carácter global.

En este sentido, la identificación entre populismo y anticiencia resulta particularmente problemática en América Latina, donde la propia experiencia histórica y las reflexiones intelectuales que la misma motivó, jerarquizan y complejizan el objeto populista. Considero que la pregunta por la relación populismo-anticiencia tiene, en efecto, ramificaciones de alcance global, pero la adopción de agendas globales de investigación diseñadas en la clave que aquí se ha presentado, amenaza con empobrecer el debate local y obturar la posibilidad de ofrecer respuestas originales, desde la propia particularidad del recorrido histórico e intelectual, a la pregunta por la crisis de legitimidad social del saber científico especializado. Aún acordando con el diagnóstico que observa una amenaza real en el auge y la normalización de movimientos anticiencia, su problemática vinculación con la noción de populismo desvía la atención de otras explicaciones potencialmente más fructíferas, todavía por explorarse.

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Hernán Comastri es Licenciado y Doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Investigador Adjunto de CONICET y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y de la Universidad Torcuato Di Tella, especializado en historia cultural de las ciencias en la Argentina del siglo XX.

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[1] A estas figuras podrían sumarse el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, el presidente de México entre 2018 y 2024, Manuel López Obrador, y más recientemente el presidente argentino Javier Milei, aunque sobre los mismos falten más estudios desde la perspectiva de la “hipótesis populista”.

[2] Cox, David (1 de abril de 2017). ¿Qué tienen en común Trump y el peronismo? CNN Español, https://cnnespanol.cnn.com/2017/04/01/que-tienen-en-comun-trump-y-el-peronismo/; Lissardy, Gerardo (19 de julio de 2018). Steven Levitsky, profesor de Harvard: “La democracia estadounidense es dura de matar, pero hay señales preocupantes”. BBC News Mundo, https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-44893904; Naím, Moisés (19 de diciembre de 2020). ¿En qué se parecen trumpismo, maoísmo y peronismo? El País, https://elpais.com/opinion/2020-12-20/en-que-se-parecen-trumpismo-maoismo-y-peronismo.html

[3] Como para el caso del término “anticiencia”, la noción de populismo es retomada aquí, no para intervenir en un debate sobre su conceptualización, sino para ensayar una reflexión sobre las consecuencias de sus usos en el debate intelectual. Para un estado de la cuestión más completo en relación a los usos y debates historiográficos del concepto de populismo, pueden consultarse: Carozzi, Davilo y Giani, 2019, o Rosanvallon, 2020.

[4] En dicho trabajo, además, los autores señalan algunos de los problemas aquí recuperados en torno a la problemática igualación del populismo político y lo que ellos llaman “science-related populism”, esto es, una forma específica (entre muchas otras) de impugnación a la autoridad y la legitimidad de las élites expertas.

[5] Fontevecchia, Jorge (9 de septiembre de 2018). Slavo Zizek: “Trump, como Perón, mezcla extremos”. Perfil, https://www.perfil.com/noticias/periodismopuro/zizek-trump-como-peron-mezcla-extremos.phtml

[6] Wade, Lizzie (23 de julio de 2019). Mexico’s new president shocks scientists with budget cuts and dispariging remarks. Science, https://www.science.org/content/article/mexico-s-new-president-shocks-scientists-budget-cuts-and-disparaging-remarks

[7] Weiss, Sandra (22 de marzo de 2020). El COVID-19 pone a prueba a los populistas latinoamericanos. DW, https://www.dw.com/es/el-covid-19-pone-a-prueba-a-los-populistas-latinoamericanos/a-52880166

[8] Para complejizar aún más esta vinculación entre discursos anticiencia y un supuesto anti-intelectualismo del “hombre común”, en Argentina el neologismo “infectadura” fue acuñado, en una carta abierta, por un grupo de intelectuales encabezados por la investigadora del CONICET Sandra Pitta, especialista del área de biotecnología: Pitta, Sandra et al. (30 de mayo de 2020). La democracia está en peligro. Clarín, https://www.clarin.com/politica/-democracia-peligro-carta-abierta-intelectuales-cientificos-alerta-eficaz-relato-infectadura-_0_AxrZQ6O5F.html 

[9] La disputa en torno a la noción de verdad llevó a los gobiernos de Bolsonaro y Trump a proponer otros valores y criterios que enfrentaban al discurso de la ciencia. En el caso de Bolsonaro, estos valores superiores se vinculaban al sacrificio personal y el éxito económico, mientras que para Trump su sentido común e instinto (gut instinct) resultaban guías más fiables en el contexto de la pandemia que las indicaciones de los expertos.  Milei, por su parte, también utilizó el contexto de la pandemia para consolidarse como una figura del movimiento libertario de alcance nacional, por ejemplo, a través de su libro y cortometraje Pandenomics (2020).

[10] Esta distinción entre populismo y conservadurismo político no es menor, en tanto permite recuperar un elemento central a la actual crisis de legitimidad del discurso y la práctica científica: el rol del Estado y de las políticas públicas en oposición, competencia o complementariedad con las fuerzas del mercado. Para un estudio del Brasil de Bolsonaro en esta clave puede consultarse, como ejemplo, Ramalho von Behr (2023).

[11]Ver, por ejemplo: Glaubke, Ryan (2018). Communicating Science in an Era of Post-Truth, Quillette, https://quillette.com/2018/05/29/communicating-science-era-post-truth/; Williamson, Timothy (2019). In the post-truth world, we need to remember the philosophy of science. The New Statesman, https://www.newstatesman.com/politics/2019/01/in-the-post-truth-world-we-need-to-remember-the-philosophy-of-science

[12] “The section Science Communication focuses on the analysis of recent problems regarding the challenge of populist attacks against science” (https://www.kulturwissenschaften.de/en/forschungsbereiche-am-kwi/).

[13] Real Academia Española, “naturalizar”, https://dle.rae.es/naturalizar?m=form

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