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Pasado Abierto - Año de inicio: 2015 - Periodicidad: 2 por año
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Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº15. Mar del Plata. Enero-junio 2022.

ISSN Nº2451-6961. http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto

                                                                           

Entrevista a Federico Lorenz:

“La historia es para discutir y se construye discutiendo”

María Ayelén Bayerque

Centro de Letras Hispanoamericanas, Facultad de Humanidades,

Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

mabayerque@gmail.com

Pablo Melara

Facultad de Humanidades,

Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

pablomelar@gmail.com

Recibido:        16/07/2021

Aceptado:        29/05/2022

Resumen

En esta entrevista, el Dr. Federico Lorenz, especialista en la cuestión Malvinas, analiza la temática desde diferentes perspectivas a casi treinta años de la guerra. Asimismo, comenta diversos momentos de su trayectoria como intelectual y docente en el nivel secundario, ponderando la influencia de la práctica áulica en su trabajo como investigador. Por otro lado, en el desarrollo de la entrevista, se establecen vínculos entre el discurso histórico y el literario.

Palabras clave: Malvinas, guerra, posguerra, historia, docencia

Interview with Federico Lorenz:

“History is to discuss and is built by discussing”

Abstract

In this interview, Dr. Federico Lorenz, a specialist in Malvinas theme, analyzes the subject from different perspectives almost thirty years after the war. Additionally, he mentions various moments of his career as an intellectual and a teacher at secondary school, studying the influence of classroom practice on his work as a researcher. Furthermore, in the development of the interview, a link between the historical and the literary discourse is established.

Keywords: Malvinas, war, postwar period, history, teaching

        

Entrevista a Federico Lorenz:

“La historia es para discutir y se construye discutiendo”

Presentación

Federico Lorenz es Profesor (I.E.S. No 1 "Alicia Moreau de Justo") y Licenciado en Historia (Universidad Nacional de Luján), además de Doctor en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de General Sarmiento-Instituto de Desarrollo Económico y Social). Se ha especializado en temas de historia reciente argentina, como la violencia política y, especialmente, la cuestión Malvinas. También ha abordado en sus investigaciones las relaciones entre historia, memoria y educación.

        Ha obtenido becas tanto en la Argentina como en el exterior, entre las que se destacan las otorgadas por The Harry Frank Guggenheim Foundation (2013) y el Center for Latin American Studies de la Universidad de Cambridge (2014). Ha formado parte de los equipos técnicos del Ministerio de Educación de la Nación, tanto coordinando materiales educativos, como capacitando docentes, en diferentes momentos entre 2004 y 2009. Se destaca de este período la coordinación del Programa “Educación y memoria” de la Secretaría de Educación, Ministerio de Educación. Sumado a esto, entre 2006 y 2007 coordinó la Escuela de Capacitación Docente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Federico Lorenz dirigió el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur entre febrero del 2016 y septiembre del 2018. Actualmente, se desempeña como docente de nivel medio en el Colegio Nacional de Buenos Aires (UBA) y como Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

        Su trayectoria como escritor incluye producción académica, libros de corte ensayístico y textos literarios. Además de numerosos artículos relativos a la historia, la memoria y la educación, es autor de Las guerras por Malvinas (2006); Los zapatos de Carlito. Una historia de los trabajadores navales de Tigre en la década del ‘70 (2007); Fantasmas de Malvinas. Un libro de viajes (2008); Todo lo que necesitás saber sobre Malvinas (2014); La llamada. Historia de un rumor de la posguerra de Malvinas (2017); En quince días nos devuelven las islas (2018) y Elogio de la docencia (2019), entre muchos otros de su prolífica obra.

La entrevista se realizó el sábado 20 de marzo del 2021 en horas de la mañana vía Google Meet.

Pablo Melara y María Ayelén Bayerque (en adelante, PM y MAB): Para comenzar, nos gustaría preguntarle cuándo y por qué surgió el interés por el estudio de Malvinas. ¿Cómo recuerda esas primeras experiencias en torno a la investigación sobre las islas? Y en relación con esto, ¿cómo fue construyendo el oficio de historiador?

Federico Lorenz (en adelante, FL): Justo hace unos días terminé de revisar una versión actualizada de Las guerras por Malvinas, que va a salir el año que viene como edición definitiva. Con lo cual, esta pregunta me lleva a un proceso más general que atravieso que es el de revisión de mi recorrido en relación con el tema, sobre todo en cuanto a las preguntas iniciales que me hacía.

Claramente, como la gran mayoría, mi primer acercamiento con Malvinas tuvo que ver con la guerra del 82. Los que teníamos cierta edad en esa época, yo tenía 11 años, quedamos muy impactados por la guerra. La guerra, ciertamente, es lo que generó que comenzara a leer los diarios todos los días. Leía diarios con 11 años, sí, estaba muy pendiente de lo que pasaba allá. De hecho, cuando escribí Las guerras por Malvinas, los diarios que uso como fuente, son los que junté con mis 11 años. Yo guardaba los diarios durante la guerra. Como cualquiera que trabajó este tema sabe, muchas familias guardaban diarios, revistas. Una guerra es un episodio extraordinario, un hecho extraño. A diferencia de otros procesos, somos conscientes de su trascendencia histórica mientras sucede, y no ex post.

Con esto, sin caer en un psicologismo excesivo, creo que ese interés de tan chico me fue traccionando. Otro hito fue mi profesorado en Historia: a la segunda semana de clases, me di cuenta de que a mí me gustaba investigar tanto como dar clases y cuando hubo que empezar a hacer algo de metodología… Cambiamos tantas veces los programas que no tiene sentido que diga la materia que tuvo que ver con esto. Pero una profesora del seminario de tesis, Francis La Greca, me dijo: “¿Por qué no hacés entrevistas?”. Así que mi ingreso a investigar Malvinas coincide con mi ingreso en lo que en esa época llamaban Historia Oral, ahora se dice entrevista con fuentes orales, pero en ese momento era Historia Oral.

Empecé a entrevistar a veteranos de guerra, habrá sido el 92, 93. Si tuviera que sintetizar mis comienzos fue así: una curiosidad enorme por ver qué había pasado. Lo complicado del asunto es que uno encuentra esa curiosidad intacta en mucha gente, falta saber mucho, lo que también es una construcción social.

PM y MAB: El estudio del pasado reciente en nuestro país ocupa un lugar importante en los trabajos históricos. Sin embargo, esto no pasa con el abordaje del tema Malvinas. ¿Cómo podría describir el estado actual de los estudios sobre esta cuestión?

FL: Comienzo por el final, porque es más fácil. Hay bastante más gente trabajando el tema, diría que todavía hay sobreproducción sobre los medios de comunicación y Malvinas que también es una reacción a: “nos engañaron, no sabíamos”, pero empieza a haber trabajos con la experiencia de guerra o con lo que más ascéticamente podríamos llamar historia militar. Distingo de hacer historia de la guerra, a hacer historia militar porque no es lo mismo. La historia militar, tradicionalmente hablando, es una cosa mucho más de movimientos de ejércitos, cantidad de soldados, blindaje de los vehículos, calibre de los armamentos. Aunque todavía son muy pocos, comienza a haber trabajos sobre la historia social de la guerra. Pero investigadores sobre “Malvinas” no somos muchos todavía, y menos aún que se preocupen por estudiar la historia del archipiélago más allá del conflicto y la guerra de 1982. Creo que hay mucha gente en las provincias trabajando, pero que no tienen la visibilidad de Buenos Aires, Rosario, Córdoba que son los grandes centros de producción del conocimiento académico. Creo que muchas de las investigaciones y producción no van por canales académicos. Eso no es bueno, ni malo. De hecho, he explorado esos canales, no quiero decir alternativos porque tienen una connotación peyorativa muchas veces. Con lo cual ese es un mito importante a romper también. No es que no se sepa sobre Malvinas, no circula por los canales que uno podría esperar que circule y ahí voy al primer punto.

Cuando en los noventa empecé a trabajar Malvinas, la única que venía trabajando desde las Ciencias Sociales era Rosana Guber. Durante mucho tiempo diría que fuimos dos. Seguramente había otros, me refiero en términos de cierta visibilidad, quiero ser claro en esto. ¿Por qué? Porque, sobre todo, se hacía un análisis político de Malvinas. Malvinas era la maniobra de la dictadura, Malvinas era el momento en el cual se había comprobado el nivel de alienación al cual había llegado la sociedad argentina. Era una lectura muy política.

Pero pasó que en los años noventa, noventa y tantos, todavía había teléfonos de línea, no había WhatsApp. Un día voy a un encuentro de Historia Oral que se hacía en Buenos Aires con un “trabajito”, mi primer trabajo sobre Malvinas. Y estaba Paul Thompson, el historiador británico, y de caradura fui y le dije que estaba haciendo una investigación sobre Malvinas, y que me gustaría que leyese mi trabajo. Obviamente, estaba en castellano. La cuestión es que no había correo electrónico en ese momento. Al mes me llega un sobre a mi casa, con estampilla y todo, donde me dice “estoy esperando tu trabajo y estamos haciendo una publicación sobre Guerra, Memoria y experiencias. Nos gustaría leer tu artículo”. Yo, se imaginan, daba vueltas carnero. Envíe el trabajo. A los dos meses me llaman, un fin de semana. Levantó el teléfono y, no me olvido más, porque fue mi ingreso a la posibilidad de perfeccionarme también. Textual: “Hola, soy Dora Schwarztein. No puede haber alguien en Argentina que esté haciendo historia oral y yo no lo sepa. Veámonos la semana que viene”.

Recuerdo con mucho cariño a Dora, porque obviamente tenía todos los prejuicios que puede tener alguien del campo académico sobre Malvinas en los noventa: el principal, “que es un tema de milicos”. Pero lo cierto es que el artículo salió. La primera vez que publiqué sobre Malvinas fue en inglés en Inglaterra, tomen eso como una metáfora. Y eso también permitió que entrara en el radar de Dora. Comenzamos a trabajar en Educación, Historia Oral y luego me presenté a una beca de perfeccionamiento en el Social Science Research Council con Elizabeth Jelin y allí empecé a trabajar violencia política en los setenta. ¿Por qué remarco esto? Porque muy rápidamente en mi formación, violencia política en los setenta y Malvinas fueron juntos. Nunca escindí los campos, que es una separación que de algún modo sigue vigente hasta hoy.

PM y MAB: En Las guerras por Malvinas (2006), el libro yuxtapone de manera interesante –y original– lo que pasa en Argentina durante la inmediata posguerra. ¿Cómo pensó la organización de la obra? ¿Cómo fueron esas distintas formas de vivir el regreso de Malvinas?

FL: Yo siempre fui de juntar muchos papeles, con esto quiero decir que el archivo lo tenía en mi casa. No hay algo así como un archivo sobre Malvinas todavía hoy. Ahora ya no lo tengo. Lo doné al Museo Malvinas, de lo cual hoy me arrepiento probablemente. Pero en su momento dirigí el museo y sabía que tenía que hacerlo como gesto de compromiso. Para volver al punto, trabajé como capacitador en lo que en aquel momento se llamaba CEPA (Centro de Estudios de Pedagogía Avanzada) de la ciudad de Buenos Aires y di un curso sobre Malvinas. Una mañana, cuando terminé la presentación, se me acerca quien era mi jefa y me dice: “¡Pero acá tenés un libro!”. Yo había realizado una historización de las memorias de la guerra de Malvinas. Esa era la presentación para los docentes. Porque pasa esto también, Malvinas está completamente ausente del campo académico, pero hiperpresente en el campo educativo. Cualquiera que trabaja en una escuela lo sabe, ¿y cómo lo encaro? ¿Si viene un veterano tengo que decir tal cosa? Si vienen los de camperas, o la escuadrilla de caza no puedo preguntar tal cosa y así.

Entonces esto me entusiasmó y armé el esqueleto del libro. Y otra vez de “caradura” (digo caradura, estoy convencido que es un tema muy potente, creo que de los más potentes de la historia reciente) tuve la suerte de presentarlo en Editorial Edhasa. No me acuerdo como llegué allí. En cambio, recuerdo claramente que le escribí a Mirta Lobato sobre mi idea de publicar, ya que el asesor histórico de Edhasa en ese momento era Juan Suriano, su esposo. Y atesoro una conversación unos meses después, porque él leyó el borrador, y me dijo: “Yo te discutiría prácticamente cada capítulo, pero creo que por esa misma razón tiene que estar y ser libro”.

Y entonces eso me alentó mucho. Mantengo esa ingenuidad primigenia de los que estudiamos historia. Que la historia es para discutir y que se construye discutiendo. Tal vez sea una cuestión más generacional, soy más escéptico, no me gusta discutir mucho. Cuando digo “nos” me incluyo en el colectivo. Son más discusiones subterráneas o compartimentadas que públicas. ¿Quién no escribió historia pensando que iba a reproducir los debates entre Thompson y Perry Anderson? Por decir algo, todos teníamos esa fantasía. Pensaba que discutir sobre Malvinas era agregar agenda y marcar un tema importante que es lo que me había encontrado en las entrevistas.

 Volviendo a la pregunta anterior, cuando hacía entrevistas, quería saber sobre la guerra, si era cierto tal cosa o la otra. O bien el clima social de la época. Sistemáticamente recuerdo más movilizador, para la gente que entrevistaba, a la posguerra, que la guerra misma. Así que ahí ya tenemos un problema. Eso me ayudó a organizar el libro. Obviamente la periodización, en qué momentos me detuve, qué discursos públicos consideré emblemáticos corren por mi cuenta, no responsabilizo a los que los produjeron. Trabajo con distintos tipos de fuentes con distintas jerarquías, trabajo muchas fuentes. El colmo de eso es La llamada, mi historia sobre un rumor de posguerra. Creo que Malvinas, la historia en general, es como un río torrentoso y que uno tiene que trabajar con todo lo que arrastra el caudal y de algún modo eso fue mi aproximación. También se puede decir que es el libro de mi madurez, por ponerle alguna etiqueta.

 

PM y MAB: Trabajó en el armado de diversos materiales educativos, inclusive en algunos del Ministerio de Educación en el marco del Programa “Educación y memoria”, como Soldados (2009) y Pensar Malvinas (2010). En la construcción de los materiales educativos se tejen una serie de pujas políticas, históricas, estéticas, editoriales, didácticas que suelen quedar vedadas en el producto final con el que se encuentra la/el estudiante. En este sentido, en aquellos materiales en los que estuvo involucrado, ¿qué disputas por los sentidos sobre Malvinas hubo? ¿Cómo es la experiencia de trabajar desde el Estado acerca del tema Malvinas para un destinatario en edad escolar?

FL: La primera puja fue instalar el tema Malvinas, en un proyecto que se llamaba “A treinta del golpe”. Puja es exagerado. Éramos un muy buen grupo de trabajo. Estamos hablando de un clima cultural muy difícil de imaginar hoy y que sí veo con mucha nostalgia: las cosas se discutían en los grupos de trabajo. No estaba esto que hoy, para sacármelo de encima rápido, se llama “la grieta”. No es que no hubiera conflicto, no estoy diciendo eso. Estoy hablando de que se dio la rara química, en el 2004, 2005, de gente que no necesariamente acordábamos en todo, pero nos respetábamos mucho intelectualmente y pensábamos que era una oportunidad realmente para aprovechar y para dar ciertas discusiones. Y ahí Malvinas entra en un marco más amplio que es el proyecto del Ministerio de Educación “A treinta del golpe”. Y mi argumento, era, y lo simplifico mucho: “Si este es un programa federal, no podemos no trabajar con Malvinas”. Esto lo había constatado por mi propio trabajo. En muchas provincias es mucho más significativo, para hablar de los años de la dictadura, hablar de la guerra de Malvinas o del conflicto con Chile, que de la represión ilegal. Y eso hay que poder afrontarlo. Por eso, si ustedes se fijan, los nombres de los materiales son “pensar” o son ejercicios disparadores de memoria. Alguien los podría acusar de blandos, en el sentido de que no bajan una línea dura. Pensar Malvinas era eso: pensar Malvinas. Y, de hecho, la tapa con la que se conocen los materiales no es la tapa inicial: es un pizarrón plantado en un escenario malvinense. No es la tapa primera que contenía un cubo de Rubik. Eso si querés sí fue una discusión conceptualmente que perdí. La idea de un pizarrón plantado diciendo “Las Malvinas son argentinas”, bueno, eso es una cosa que problematizaría y, de hecho, problematizo. Pero a mí me parecía notable, y me encantaba formar parte de eso, que un Ministerio nacional tomara esa bandera, produjera ese material. Y, de hecho, Pensar Malvinas si ustedes revisan el material y lo leen comparativamente con Las guerras por Malvinas, sigue esa estructura. Es más bien instalar discusiones que cerrar discusiones. La profe o el profe que vaya a esos textos diciendo “bueno, a ver cómo enseño tal cosa”, no sé si va a encontrar tan tajantemente lo que uno esperaría de la enseñanza de la historia o la efeméride en un sentido más clásico. Porque para mí, no podía serlo. Así que diría que eso fue una puja. Lo mismo pasaba cuando íbamos con esos materiales a trabajar a las provincias, con compañeros que tenían otra realidad. Yo estoy muy agradecido, no es retórico, no me canso de decirlo: haber interactuado con compañeros de distintas provincias me ayudó a enriquecer muchísimo mi mirada sobre el tema. Por eso me esfuerzo muchísimo en decir “provincias” y no decir “interior”. Por eso, hay que decir que, cuando uno dice “norte”, es una posición relativa. Pero claramente, en términos de historia reciente tiene una connotación fuertísima. Entonces, ¿cómo era abrir discusiones donde todo es bastante más cerrado? Ese era un poco el eje, pero también eran cerrados mis compañeros y yo mismo.

PM y MAB: Por otra parte, los materiales mencionados son propuestas que incorporan textos literarios contemporáneos. Además de escribir ensayos y textos académicos, usted escribe literatura y Malvinas siempre está presente. ¿La literatura puede contribuir a “pensar Malvinas” tanto dentro como fuera de la escuela? ¿De qué formas particulares se vinculan las memorias de Malvinas con la ficción?

FL: Sí, creo que definitivamente la literatura permite instalar discusiones que, desde un mecanismo más estricto, desde la Ciencias Sociales no se puede, por distintos motivos. Creo que es muy finito el tubo de transmisión –y digo transmisión y no correa– entre la producción académica y las escuelas. Creo que hay mutuo y mucho recelo. Yo cuando pienso en mi trabajo siempre me pienso híbrido, nunca dejé de dar clase en secundaria, nunca. Después me pueden decir “das en el Buenos Aires, que no es cualquier secundaria”, eso es otra discusión. Me refiero a estar en contacto con otras generaciones. Entonces, la literatura muchas veces ha abierto campos o cubierto huecos que la investigación no ha hecho. Creo que, si pienso en mi propio recorrido, he leído mucha más literatura que historia. Estudiar historia es estudiar el drama humano, en el sentido amplio del término. Entonces, cuántos instrumentos de la literatura te permiten instalar un problema de un modo atractivo para los jóvenes, o para las maestras, los profes que se están formando, participando de una capacitación. Entonces, claro que son un instrumento. Vos mencionaste hace un rato Soldados, el libro de Gustavo Caso Rosendi. Yo estoy orgullosísimo de que hayamos editado eso. Porque es una vergüenza que ese libro estuviera inédito. Debe haber muchos libros que merecerían estar editados, como los poemas de Gustavo. Lo mismo con lo de Martín Raninqueo o tantas producciones de las provincias que circulan a una escala local. Me parece que, si un mérito tienen esas actividades, fue la de permitir por lo menos una circulación verdaderamente federal. Incipiente si querés, como muchas veces parecería ser lo que hacemos acá. La literatura sin dudas, cómo no. En el campo histórico no he investigado nada que no me apasione como narrativa, primero. Y creo que esa es la marca de origen de haber empezado haciendo entrevistas, y antes haber leído ficción. Que no es excluyente, es el que yo hice.

PM y MAB: Benedict Anderson (1993) define a la nación como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”. Tuvo a su cargo la dirección del Museo Malvinas durante dos años y medio (febrero, 2016-septiembre, 2018), ¿qué tensiones existen en un espacio como el museo entre la “comunidad” con la “política” y la “soberanía”? Y, por otro lado, en su experiencia como director, ¿pudo desarrollar otra faceta como historiador?

FL: Bueno, también empiezo por el final. Recién hace un mes pude entregar mi primer artículo académico sobre el museo. Dejé de ser director en 2018. Para mí el museo fue, intelectualmente, una pésima experiencia, personalmente aprendí mucho. Concursé dos veces a falta de una, porque no se presentaba gente, así que el primer concurso lo declararon desierto, aunque yo estaba. Viste cuando enseñamos la Campaña del desierto y decimos que lo llamaban “desierto”, aunque no lo estaba. A mí me pasó igual, el concurso no estaba desierto porque yo estaba ahí, pero bueno, fue desierto. Pequé de cierta ingenuidad. Lo voy a decir como lo siento, por lo que pueden confirmar esa idea de ingenuo. Creí que, por mi recorrido previo y mi vinculación con otros temas, no solamente con Malvinas –he publicado sobre temas bastante espinosos en relación con la violencia política y eso es trabajo bastante conocido, sumado a que el museo está en la ESMA–, iba a tener un voto de confianza de quienes trabajaban en el museo y acababan de perder las elecciones. Creí que era un espacio que había que cuidar, en una época en la que echaban gente de todos lados. En el Malvinas no echaron a nadie y eso, para mí, fue un costo. Pero me encontré parado en un lugar con las herramientas del investigador, que era objeto de una puja feroz. Feroz, claro, a la escala del museo. Era el director de un museo nuevo, con el cual el gobierno no sabía muy bien qué hacer, que asociaba iinealalmente al kirchnerismo. Con todo derecho, porque el museo, además de un templo sobre Malvinas, es un templo del kirchnerismo. Y la gente que trabajaba en el museo estaba convencida de que su principal función diaria era resistir al macrismo. Con lo cual diríamos que Malvinas pasaba a un segundo plano. Lo que yo me encontré, si tengo que caracterizar las relaciones hacia el museo, es que mucha gente directamente afectada por Malvinas no lo considera propio, es más, lo considera ajeno. Es llamativo que las agrupaciones de veteranos de guerra no tengan una buena impresión del museo, salvo la agrupación de veteranos de guerra que hegemoniza el museo, que es el CECIM, de La Plata. A las demás no les gusta mucho. Logré un acercamiento con la Comisión de familiares en la época de las identificaciones, pero, como la comisión de familiares se la asocia al discurso sobre Malvinas de los 90, era yo el que le había abierto la puerta a ese discurso en el museo. Entonces venía el palo por izquierda. Y lo que traté de hacer para evitar este tipo de cuestiones, fue ampliar el guión con la noción de experiencia Atlántica. Malvinas como parte de un proceso mayor. Entonces, eso obtuvo una cierta aprobación de las autoridades, pero no así recursos. Un museo es muy caro de mantener, sobre todo si es un museo moderno, como el Malvinas. Y obviamente, diluir Malvinas en la historia Atlántica para algunos era ir en contra del reclamo de soberanía. Con lo cual, y esto puede ser textual: el museo era una batalla cada día. Si no era de un lado, era del otro. Y era muy desgastante. Lo que yo tenía que poner en juego todo el tiempo era mi legitimidad académica y como investigador. Que es lo único que tengo. Yo no tengo ni recursos del estado ni milito políticamente. Ninguno de los dos elementos de legitimidad de alguna de las partes era algo de lo que yo gozara. Eso es así. Era muy difícil.

PM y MAB: Para cerrar: En Elogio de la docencia (2019), sostiene que el trabajo docente es un oficio artesanal. Esta concepción implica una percepción del tiempo particular, en disputa con la aceleración social en la que nos encontramos inmersos. ¿Cómo se reconfigura la dimensión artesanal docente en medio de una pandemia mundial? ¿Qué implicancias, cambios y reajustes conlleva un evento histórico como el impacto del COVID-19 en nuestra tarea docente?  

FL: ¿Cuándo sino el año pasado tuvimos que ser artesanos a la fuerza? El no que no quería hacerlo, lo tuvo que hacer… es lo primero que me sale decir. Lo segundo es que creo que hay que hacer una serie de lecturas que reivindiquen a los ludistas, a los destructores de máquinas. Reivindico lo que digo en el libro de que la principal tarea docente es defender un lugar donde las cosas se hagan a escala humana –otro concepto que uso ahí–: que las cosas llevan tiempo, que dependen del intercambio, que a lo mejor escuchando al otro, aprendo. Todo eso lleva tiempo. Uno podría pensar: bueno, la pandemia nos dio tiempo y no habría que quejarse. Pero no, no nos dio tiempo porque trasladamos la lógica de la prepandemia a una situación de emergencia. Es decir, estamos tan desquiciados que no fuimos capaces de entender en un año que estamos en una situación excepcional. Y que una situación excepcional, requiere respuestas excepcionales. Y lo excepcional no es estar con cuatro dispositivos a la vez, contestar a cualquier hora. Lo excepcional es exactamente lo opuesto. Es que, en un momento de mucho desamparo, sobre todo los chicos entiendan que del otro lado de lo que sea, de la pantalla del teléfono, de la computadora, del que le da el bolsón de comida en la escuela, lo que sea, hay una persona que lo ve como persona. Eso no es un contenido de ninguna materia en particular, eso es algo moral. Entonces, el oficio pasa por ahí. Después cada uno lo aplica a su materia. Obviamente, muchos años de dar clase te permiten tener recursos, saber cómo llamar la atención, o tenés libros que ahora pedagógicamente se descartarían, pero que volvieron a servir por los ejercicios que tenían o de fuentes que usaban, eso lo sabemos todos. Pero lo que no sabemos, necesariamente, es parar la pelota. Nuestro trabajo el año pasado debería haber sido parar la pelota. Se está muriendo la gente, se contagia la gente. ¿Puedo hablar yo sobre estado absolutista como en 2017? La verdad que no. ¿Me sirve hablar del Plan Quinquenal si un pibe me dice que se fue a la carnicería a tres cuadras en su barrio en pleno aislamiento para poder tener WIFI y conectarse? Y, la verdad que no. Tengo que armar un problema con eso y es enseñar también. Claro, no es enseñar la “materia”, pero me parece que no somos conscientes. Por eso estoy tan enojado con cómo se tramitó el regreso cuidado –o como le quieran decir ahora, porque le fueron cambiando el nombre según cómo fueron saliendo los diarios–. Uno no puede hablar de una agenda educativa. La agenda no puede ser nada más “volver”. La agenda debe ser “la escuela no va a poder ser igual, pensemos la escuela”. Y hagámosla con los pibes. La voz que menos se ha escuchado es la de los pibes. Desafío a alguien que me diga que tuvo en cuenta lo que los chicos dicen para planificar el regreso a las escuelas. Lo puede haber hecho individualmente, no creo que haya habido una institución. Y eso es socialmente criminal. Y para enlazarlo con Malvinas, es repetir, si vos querés, algo que uno encuentra socialmente en la Argentina. Yo lo plantee más literaria que analíticamente. Somos una sociedad que periódicamente se come a los jóvenes, o a “nuevos” como diría Hanna Arendt. Te los comiste en los 70, te los comiste en Malvinas y estos chicos, estás a tiempo de que no nos los comamos, armando una escuela mejor. Pero tan corridos por urgencia, cómo hago para cumplir con el programa. Fíjense la cantidad de notas que ha habido de cuántos contenidos perdieron, cómo van a hacer para ver lo que no vieron. Es decir, hubo una pandemia. No sé si alguien en Londres durante el Blitz, en España durante la Guerra Civil, en Leningrado durante el sitio pensaba qué contenidos no podía dar. Pensaba cómo mantener a los pibes vivos. Pero estuvimos, estamos en una pandemia. No podés pensar la escuela igual. Ni con los mismos contenidos, ni con los mismos criterios de evaluación, ni con los mismos profes. Porque ninguno de nosotros va a ser igual. Eso es lo artesanal, lo artesanal es trabajar con gente. Yo trabajo con gente.

PM y MAB: En sus intervenciones fue anticipando, de alguna manera, nuestras preguntas, parecía que había leído el cuestionario previamente. Empezamos hablando de la elección del tema Malvinas y terminamos con su rol de docente. Hay algo que apreciamos: que sea profe de secundaria. Más allá de ser un intelectual y un especialista, no hay que perder el contacto con los protagonistas, esta generación de adolescentes, de los cuales uno se nutre mucho. No tiene sentido nuestro conocimiento sin ellos.

FL: Totalmente. Y algo que es muy difícil de lograr para nosotros es lo que se llama extrañamiento. Los pibes te extrañan a la fuerza, ¿no? Cuando uno habla sobre Malvinas con chicos de 5° año ellos se preguntan “¿pero cómo pibes de un año más que yo fueron a la guerra? ¿Cómo era esto de que te sorteaban?” Para hablar de Malvinas, que es la excusa de la entrevista. Es muy difícil explicarles. Y hay algo que te da la docencia, el oficio, para volver a lo anterior, es que cualquier curso al frente del cual vos estés te obliga a ser claro. Es decir, si los pibes no te entienden, pero no en el sentido de esclarecimiento, sino de establecer un código de lo que estás hablando, un mismo idioma, no hay clase posible, no hay vínculo pedagógico posible. Bueno, eso a la producción académica en solitario a veces le importa menos. No es un juicio de valor. Simplemente circula por otros lados. Por ejemplo, yo doy clase en el Nacional Buenos Aires. Tiene fama de híperpolitizado, para algunos es bueno, para otros es malo, no vamos a saldar eso aquí. Siempre hago el mismo ejercicio con los de 5°. Por supuesto, el Nacional tiene su placa con los estudiantes desaparecidos –tiene 108 desaparecidos– pero tiene una placa que conoce menos gente que es de un piloto del Nacional que murió en Malvinas. Yo siempre les hago el mismo ejercicio porque es de la misma promoción que Abal Medina, el fundador de Montoneros. No lo sé por qué nunca lo investigué, de hecho, lo había empezado a borronear el año pasado, pero el archivo del colegio está cerrado ahora. No sé si fueron compañeros de banco, por decir algo, pero tipos de la misma edad, que fueron al mismo colegio y uno, guiándose por todos los prejuicios de los recorridos posteriores, no se puede imaginar recorridos más distintos. La pregunta para los chicos es ¿qué pasa en un colegio, o qué pasa en este colegio –me gusta que reflexionemos sobre el lugar en el que estudian porque si hay algo que no me gustan son los mandatos y ese lugar es un mandato encarnado; adoro ese lugar, doy clase allí, fui allí, mis hijos fueron allí, mi hija más chiquita está empezando allí, pero me gusta que cada uno pueda hacer con la tradición lo que le interese, inclusive desecharla–, cómo era este colegio que pasaron por el mismo recorrido, pasaron por el mismo lugar? Se arman discusiones interesantísimas y si se arman discusiones interesantísimas es porque ninguna de mis respuestas los satisface. Y eso genera una enorme curiosidad. Y ahí volvemos a lo del oficio. Si no logramos generar curiosidad, pero curiosidad de esa de ¿pero che eso cómo fue? ¿Esto se podría hacer mejor? Creo que no estamos enseñando, estamos repitiendo. Ese es el objetivo de máxima. Pero no solo de cualquiera que dé clase, sino también de cualquiera que quiera generar conocimiento.

Por eso, para mí, la escritura de la historia, el estilo, la forma no puede ir separada de la investigación. Porque si fue apasionante para vos, al punto de dedicarle horas de tu vida que nadie te paga, tiene que ser interesante para alguien más.  

Bibliografía

Anderson, Benedict (1993). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Buenos Aires: FCE.

Caso Rosendi, Gustavo (2009). Soldados. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Flachsland, Cecilia; Adamoli, María Cecilia y Lorenz, Federico (2010). Pensar Malvinas: una selección de fuentes documentales, testimoniales, ficcionales y fotográficas para trabajar en el aula. Buenos Aires: Ministerio de Educación de la Nación.

Lorenz, Federico (2006). Las guerras por Malvinas. Buenos Aires: Edhasa.

Lorenz, Federico (2007). Los zapatos de Carlito. Una historia de los trabajadores navales de Tigre en la década del ‘70. Rosario: Casagrande.

Lorenz, Federico (2008). Fantasmas de Malvinas. Un libro de viajes. Buenos Aires: Eterna Cadencia.

Lorenz, Federico (2014). Todo lo que necesitás saber sobre Malvinas. Buenos Aires: Paidós.

Lorenz, Federico (2017). La llamada. Historia de un rumor de la posguerra de Malvinas. San Miguel de Tucumán: EDUNT.

Lorenz, Federico (2018). En quince días nos devuelven las islas. Rosario: UNR Editora.

Lorenz, Federico (2019). Elogio de la docencia. Cómo mantener viva la llama. Buenos Aires: Paidós.

María Ayelén Bayerque es Profesora en Letras (UNMdP) y Especialista Superior en Escritura y Literatura (INFoD). Maestranda en Letras Hispánicas. Becaria de investigación de tipo B (Celehis, UNMdP). Integra el Grupo de Investigaciones en Educación y Lenguaje (UNMdP) y el equipo editorial de Catalejos. Revista sobre lectura, formación de lectores y literatura para niños. Docente de Prácticas del Lenguaje y de Literatura en el nivel medio. Socia de la ONG Jitanjáfora.

Pablo Melara es Profesor y Licenciado en Historia (UNMdP). Docente de historia en el nivel medio. Coordinador del grupo de investigación GIHOR. Socio de la ONG Otras Memorias. Participó en diferentes jornadas y congresos, en todos ellos tomando como eje de sus trabajos la Cuestión Malvinas. Es autor del libro: “Malvinas: Sentir la guerra”.

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 es una revista del Centro de Estudios Históricos (CEHis) de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Correo electrónico: pasado.abierto@gmail.com | Web: http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto

ISSN 2451-6961 (en línea)

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