Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº23. Mar del Plata. Enero-junio 2026.
ISSN Nº2451-6961. http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto
Lenguajes y representaciones. La prensa kelper en el centenario de la colonización sobre Malvinas
Francisco Nicolás Novas Lo Coco
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina
Recibido: 10/07/2025
Aceptado: 10/03/2026
Resumen
Hacia 1933, año centenario de la usurpación británica sobre Malvinas, medios como el Falkland Island Magazine and Church Paper y The Penguin dominaban el ámbito informativo de las islas, proveyendo las principales noticias que acontecían no sólo en el archipiélago, sino también en otras regiones. El objetivo es examinar qué impacto poseyó esta prensa y las representaciones que allí se forjaron, las cuales se vincularon a cuestiones propias de la comunidad y a la identidad isleña con el correr de los años. La hipótesis es que la prensa contribuyó a crear sentidos y lenguajes para la población kelper en el contexto de la celebración del centenario, anclados en la relación con Argentina, su pertenencia al imperio británico y la Batalla de Malvinas de 1914.
Palabras clave: Malvinas, kelpers, prensa, centenario.
Languages and representations. The kelper press in the centenary of the colonization on Malvinas/Falklands
Abstract
Around 1933, the centenary of the British seizure of the Malvinas/Falklands, media outlets such as the Falkland Island Magazine and Church Paper, and The Penguin dominated the islands news landscape, providing the main news events not only in the archipelago but also in other regions. The objective is to examine the impact of this press and the representations forged there, which were linked to issues of community and island identity. The hypothesis is that press contributed to creating meanings and languages for the kelper population in the context of the centennial celebration, anchored in the relationship with Argentina, its membership in the British Empire, and the 1914 Battle of the Malvinas/Falklands.
Keywords: Malvinas/Falklands, kelpers, press, centenary.
Lenguajes y representaciones. La prensa kelper en el centenario de la colonización sobre Malvinas[1]
Introducción
La producción mediática en las islas Malvinas, a partir de la colonización inglesa, y más precisamente a partir de 1889, estuvo hegemonizada por periódicos locales que publicaban sobre la cotidianeidad del archipiélago: amarre de barcos, cuestiones vinculadas a la Corona, partida o llegada de pasajeros, celebraciones religiosas, balances económicos, entre otros elementos, fueron tópicos recurrentes en esta prensa. Además de ello, en estas producciones se insertó la relación con la Argentina continental, tanto en el plano político-diplomático, como en las operaciones comerciales, culturales y socio-económicas, que algunos isleños realizaban con el país.[2] Como también, la cuestión de la Batalla de las Malvinas del año 1914 contra Alemania, la cual signó el carácter de la identidad isleña. De este modo, la prensa kelper[3] se constituyó en un dispositivo importante capaz de producir sentidos y representaciones para esta población implantada.[4]
El siguiente trabajo busca insertarse dentro de una historia social y cultural de las islas Malvinas poniendo el foco, en esta ocasión, en la población con descendencia británica que habitaba las islas para 1933. Como estado de la cuestión, los trabajos de autores argentinos que han avanzado en líneas similares, o al menos, explorado fuentes documentales elaboradas por los habitantes de las islas son Foulkes (1987), Niebieskikwiat (2014), Coronato (2018), Picco (2020), Carassai (2022) y Lorenz (2022). Los primeros dos autores dedican un libro entero a los isleños y hacen un recorrido extenso desde la usurpación hasta la actualidad (en el caso de Foulkes el libro se extiende hasta 1983, y enfatiza en la segunda mitad del siglo XIX y la década de 1970). Ambos libros exponen cómo se fue vinculando con su alrededor esta población, las prácticas religiosas desarrolladas, los contactos con la Patagonia continental, los intereses económicos que persiguieron y las posturas tomadas frente a la Argentina y el Reino Unido. Coronato y Carassai recogen fuentes británicas e isleñas para analizar cómo fueron los debates y las decisiones al interior de esta población o de actores kelpers. Mientras Coronato da cuenta de las utilidades económicas de la Falkland Islands Company y muestra los vínculos comerciales a partir de intereses agropecuarios y por compra tierras en la Patagonia continental en la década de 1880, Carassai traza las perspectivas de presente y futuro que poseían los isleños para inicios del tercer tercio del siglo XX, las cuales eran desmotivantes para sus conveniencias de ese entonces a raíz de los avances diplomáticos logrados por Argentina como los Acuerdos de Comunicaciones de 1971. El trabajo de Picco, por su parte, es una crónica de dos viajes de estudio realizados por dicho autor. Su objetivo es mostrar cómo se piensan en la actualidad los habitantes de las islas hoy, cómo fueron parte de sus relaciones durante el siglo XIX y XX a partir del surgimiento de la Falkland Island Company y sus posturas luego de la Guerra de 1982 al empezar a ser considerados ciudadanos de primera, tener una base militar en su territorio, obtener riquezas pesqueras unilateralmente y acceso a la tierra a partir de las reformas de la década de 1990. Finalmente, Lorenz se introduce en una discusión más actual y de posguerra, respecto de la identidad isleña a partir de 1983, la cual se vinculó fuertemente a la idea de buscar ser una nación independiente, desoyendo las resoluciones diplomáticas internacionales, y con una postura más exacerbada, al empezar ser considerados ciudadanos de primera por Reino Unido.
De la bibliografía angloparlante, se ha escogido el trabajo de Sarah Maltby (2016), quien indaga sobre la agencia que buscaron edificar los isleños en la posguerra de 1982, y cómo apelaron a los medios de comunicación para fortalecer su imagen. Si bien dicho artículo trabaja sobre el pasado reciente, hay categorías y conceptos susceptibles de ser considerados para este trabajo a los fines de exponer cómo buscan mostrarse los isleños y qué imagen política pretenden proyectar. Se han consultado otras bibliografías como Forrest (2023) y Adams (1986), pero la de Maltby es la que mejor se ajusta a lo indagado aquí.
El artículo, entonces, utilizará como fuentes documentales los medios gráficos de las islas Malvinas, a los fines de examinar cómo se conformó una narrativa histórica que halló, para el centenario de la usurpación, en enero de 1933, un punto central de la identidad y en los lenguajes políticos que estos descendientes británicos construyeron. Para dicho estudio se seleccionaron los periódicos Falkland Island Magazine and Church Paper (FIMCP) y The Penguin, correspondientes al año 1933, que tuvieran alguna incidencia directa sobre los hechos. De igual modo, los interrogantes que surgen aquí pueden ser los siguientes: ¿Es la perspectiva de todos los isleños o es la perspectiva de los medios gráficos de las islas lo que se examinará? ¿Se estudiará quiénes son, o quiénes dicen ser que son? ¿Se abordarán cien años de historia o sólo los acontecimientos de 1933? Respecto del primer interrogante, lo que se estudiará son los medios gráficos que, sin dudas, perfilaron las posiciones políticas de una población de 2.400 individuos. Los periódicos, y más en una población tan reducida, actuaron como dispositivos de transmisión de información e identificación de las sociedades, los cuales fortalecían imaginarios colectivos y discursos de pertenencia. La segunda pregunta es más compleja, y sin dudas ambos elementos van a yuxtaponerse, o, dependiendo el caso, una primará más que la otra. Desde mi perspectiva, estimo que la prensa actuó como un insumo real de quiénes eran y qué pensaban verdaderamente estos habitantes. En ocasiones, en estos medios gráficos escribían los propios isleños, o funcionarios de peso, cuya autoridad era poco cuestionada, y porque el abanico de dispositivos de información era reducido, con lo cual la prensa tuvo un papel legitimante y verídico. Y la tercera, es que se tratará de un trabajo con especial énfasis en 1933, tomando como referencias otros hechos del pasado isleño que impactaron para el centenario. Por ende, el eje central es cómo operaron esas postas del pasado hacia 1933 y por qué fue significativa su invocación con los años.
Como marco teórico partiré de consideraciones provenientes de la historia intelectual, tales como la gestación de un modelo genético y la promoción de lenguajes políticos (Palti, 2009b), la construcción de los actos del habla (Skinner en Palti, 2005), y la importancia de la producción y circulación de ideas en el contexto en el cual estuvieron inmersas (Tarcus, 2007; Burke, 2019) para observar qué identificaciones construyeron los kelpers hacia su centenario. Esto último también se vincula al concepto de comunidad imaginada (Anderson, 1983) y a la invención de las tradiciones (Hobsbawm y Ranger, 1983) para observar cómo fueron las construcciones históricas de esta población implantada. Recurriré al concepto de “localismo” en tanto considero –y se demostrará en el trabajo– que los isleños quisieron continuar una línea identitaria con la historia del Reino Unido, pero con eventos locales u ocurridos en las islas para intentar caracterizarse.[5]
Teóricamente, con respecto a la prensa gráfica de principios de siglo, se la interpretará como un espacio de producción cultural cuya fuerza para intervenir en el campo del poder político y cultural permitió construir espacios de sociabilidad (Kircher, 2005). Asimismo, se tendrá en cuenta al periódico como un actor político capaz de atravesar el proceso de toma de decisiones e influir en el comportamiento de quienes se vieron interpelados por esta prensa (Borrat, 1989: 67). Finalmente, se considerará el carácter de cercanía que poseyeron las comunicaciones de entonces. Respecto de este eje, Caimari (2015) destaca el concepto de “el mundo al instante”, donde la conexión de cables entre las ciudades y la rapidez con la que circularon ciertas noticias se incrementó, permitiendo observar la celeridad con la que se divulgaron novedades gráficas de otros países en torno al centenario en las islas Malvinas: “un punto remoto del Atlántico Sur”.
Respecto del marco metodológico con cual se abordarán las fuentes cabe decir que será de tipo cualitativo y vinculado especialmente a los artículos que tuvieron una injerencia política y cultural durante el año centenario, y no a las que pudieron desarrollarse luego. La prensa que se estudiará será considerada como un documento histórico, de interés para la comunidad isleña en general, y como un instrumento de mediación entre instituciones, prensa y habitantes (Barbero, 1987). Dichos medios no tendrán un abordaje comparativo, ya que, ante la inexistencia de facciones, partidos políticos o un sistema de gobierno (al menos republicano) que permita la creación de una prensa opositora, el propósito principal de estos medios no fue el cuestionamiento hacia el gobierno, sino más bien de carácter informativo. Esto no impidió igualmente el despliegue de una lectura política y cultural significativa, o que pudiera manifestar críticas, pero tuvo más bien un carácter unanimista, y es así como se la abordará.
La hipótesis es que la prensa isleña constituyó un discurso que fortaleció los sentidos identitarios de dicha población, anclados en la relación con Argentina, su pertenencia colonial al imperio británico y la Batalla de Malvinas de 1914. Una aclaración importante debe hacerse: el siguiente trabajo no busca bajo ningún punto de vista otorgarle entidad política a una población que pregona por la libre autodeterminación, siendo que el diferendo por las islas Malvinas es un asunto de integridad territorial. Los objetivos, por el contrario, son echar luz a qué imaginarios construyó dicha población hacia el centenario de la ocupación británica, observar en qué elementos buscó robustecer su el discurso localista, reflexionar si estos discursos cambiaron o perduraron con el tiempo, y a seguir indagando sobre nuevas vías de estudio de la historia de las islas Malvinas, como en este caso, la población británica que allí se instaló.[6]
Construcciones de sentido en torno al centenario. Los kelpers y la relación con Argentina
Previo a introducirme en la difusión de estas ideas es útil considerar desde dónde o cómo se produjeron los mensajes de esta prensa gráfica. El FIMCP tuvo la particularidad de estar vinculado y servir como órgano de difusión de la Catedral de la Iglesia de Cristo, de inclinación anglicana, contando con recursos e imprenta propia para producir las tiradas suficientes y distribuirlas a los habitantes. Esto se extendió desde 1889 a 1933, y sus portadas –a partir de julio 1893– contaron con la imagen de la iglesia o una cruz, demostrando su pertenencia religiosa. En todos los números mencionaba: “Esta revista se publica mensualmente y se puede obtener de la Imprenta de la Catedral, Puerto Stanley, Islas Malvinas. Suscripción 4/- por año, o por correo 5/-, pagadero por adelantado Números únicos 6 peniques cada uno”. El FIMCP había sido fundado por el capellán colonial Lowther Brandon[7] y en su primer número, en sus objetivos 2 y 3, el magazine proponía:
“2.Influir en los jóvenes, en la medida de lo posible, para que crezcan como cristianos fervientes, miembros buenos y confiables de la sociedad: inculcándoles el gusto por la lectura, la sed de conocimiento y, en la medida de lo posible, contrarrestar las influencias restrictivas del aislamiento en el que tantos de ellos deben vivir. 3. Proporcionar información veraz sobre temas de interés general, para que todos puedan participar inteligentemente en el progreso y el bienestar de toda la comunidad.”[8]
The Penguin, por su parte, también poseía en su portada un aviso para suscribirse, pero no dependía de la iglesia, lo que no implicó una sustancial diferencia en el contenido, en tanto compartía noticias religiosas, gubernamentales, manteniendo un topos similar en sus enfoques y tipo de publicaciones. The Penguin, vale decir, fue fundado y cerrado por el propio gobierno colonial. Esto permite inferir que eran las autoridades británicas las que regían y ordenaban el tipo de información que se difundía. Lo cierto es que ambos periódicos intentaron oficiar como informativos de las islas, más que como medios gráficos facciosos o defensores de ciertos dirigentes. El acceso a la información o a las fuentes, elemento sine qua non para el funcionamiento de un periódico (Borrat 1989: 68), lo tenían garantizado por las propias autoridades o, al menos, por una institución importante como la iglesia anglicana, que lógicamente era depositaria y distribuidora de las noticias más importantes de un poblado de 2.400 habitantes. Ambos periódicos[9] funcionaron en paralelo sólo 6 años (1927-1933),[10] y contaron con el auspicio del gobierno colonial para el desarrollo de sus publicaciones.
Es importante considerar que el régimen político imperante en las islas estaba (y está) regido por las decisiones que tomara la Reina o el Rey del Reino Unido, por tanto, no había posibilidades que emergiese una prensa opositora al régimen.[11] Lo que no significa que en dicha prensa no se manifiesten discursos en pos de mejorar la situación de los isleños.[12] Pero ello escaparía a los fines de este trabajo, quedando pendiente para futuras investigaciones,[13] en tanto aquí pretende demostrarse cómo dicha prensa funcionó de forma unánime y sostuvo discursos semejantes durante el centenario.
Sobre el año seleccionado para trabajar (1933) el mismo expone numerosas incidencias que marcan los sentidos de pertenencia construidos no sólo por estos medios gráficos, sino también por la comunidad kelper en general. Los episodios de la Batalla de Malvinas del 8 de diciembre de 1914, ser una colonia del imperio británico, la discusión con Argentina por el reclamo territorial, y el asesinato del gaucho Rivero a Matthew Brisbane (representante británico post ocupación de 1833), operaron como nudos en los que la historia kelper halló fuertes significantes a la hora de edificar un pasado y construir lenguajes políticos propios.
Utilizando el esquema de modelo genético de Palti (2007: 29), se puede conjeturar que la emergencia de una matriz histórica y de un momento primigenio –para estos descendientes británicos– permitió situar los episodios antes mencionados como fundantes o característicos de su historia y su construcción política. Vale sumar a este marco, los conceptos de comunidad imaginada (Anderson, 1983) y de invención de la tradición (Hobsbawm, 1983). Benedict Anderson parte de la idea de que los nacionalismos (en este caso el localismo kelper) son artefactos culturales sobre los cuales es necesario preguntarse cómo han llegado a ser tales y en qué formas han cambiado sus significados a través del tiempo y por qué en la actualidad tienen una legitimidad emocional tan profunda (1983: 21). Por su parte, Eric Hobsbawm, bajo el paragua conceptual de la tradición inventada, explica que determinadas prácticas buscaron institucionalizarse y basarse en reglas aceptadas abierta o tácitamente a partir de lo simbólico y lo ritual, buscando inculcar valores o normas de comportamiento por medio de su repetición y continuidad con el pasado (Hobsbawm, 1983: 8). Inventar tradiciones es, esencialmente, un proceso de formalización y ritualización caracterizado por la referencia al pasado. Todas las tradiciones inventadas usan la historia como legitimadora de acción y cimiento de la cohesión de grupo (Hobsbawm, 1983: 19).
Paso a continuación al análisis de las fuentes.[14] La primera cita que tomo como referencia, sirve para reflejar la síntesis respecto de lo que apunta el trabajo. Desde las páginas del The Penguin, en el afán de producir un ethos que cimiente los ejes sobre los que pretendía apoyarse esta identidad isleña se observa
“las Islas Malvinas, ese remoto puesto de avanzada del Imperio, en vecindario hasta los confines de la Antártida, no son tan conocidos como merecen serlo. Hace apenas cien años que allí se izó la bandera británica –esta semana se celebra el Centenario en la Colonia–, pero mucho antes había sido ocupada en nuestro nombre. No solo por nosotros, porque otros países lo reclamaron e incluso en este período tardío, Argentina todavía se considera dueña "de jure". Para la mayoría de las personas, la asociación con la destrucción del escuadrón naval de Von Spee en 1914, por parte del almirante Sturdee, formará la mejor conexión entre la Madre Patria y la más meridional de todas las Colonias de la Corona.”[15]
La relación entre la Corona, el haber triunfado frente a los alemanes en la Primera Guerra Mundial y afrontar el reclamo argentino, aparece para los isleños como un baluarte en la construcción de ese modelo genético e identitario. En este aspecto, y a pesar de ser una colonia, el objetivo de estos descendientes británicos fue formar parte del imperio y abrevar en una historia en común con toda la ciudadanía británica. Esta comunidad imaginada, tomando a Anderson, tuvo –y tiene– por objeto, edificar un ideario en común, aún con personas que están a 13.000 km de distancia, como es el caso de Malvinas y Reino Unido, y que a pesar de que muchos británicos no conozcan a los isleños, ni los verán ni oirán hablar de ellos, el propósito es que en la mente de los kelpers anide una imagen de comunión (1983: 23). Para forjar estos vínculos, tanto la Corona, como el gobierno colonial de las islas, decidieron impulsar la emisión de una serie de estampillas alusivas al centenario de la colonización. Las noticias que se difundieron en ambos periódicos –FIMCP y The Penguin– tuvieron la característica de exponer los atributos construidos por los isleños como comunidad y el carácter del reclamo argentino (ya que la Cancillería argentina protestó por las celebraciones y emisión estampillas).
Sobre el reclamo iniciado por Argentina, el FIMCP publicaba
“los sellos conmemorativos de las Islas Malvinas no tendrán valor de franqueo en Argentina (…) En consecuencia, los destinatarios de las cartas que lleven dichos sellos serán llamados al pago del franqueo más la multa habitual. “El Herald” de ayer contenía algunos comentarios sobre un reciente artículo principal de "La Prensa" en el que dicho periódico afirmaba que las autoridades argentinas no deberían considerar válidos los sellos a los que se hace referencia, ya que las Islas Malvinas pertenecían legítimamente a la Argentina.”[16]
El reclamo nacional,[17] por cuenta de Carlos Saavedra Lamas, consistió en notificar a la legación argentina en Suiza –ya que en Berna operaba la Unión Postal, de significativa injerencia en el asunto– que eleve protesta, en tanto consideraba carente de franqueo las correspondencias con dichas estampillas, aplicándose las multas correspondientes (Muñoz Azpiri, 1966: 394).[18]
En el marco de la historia de las ideas y en cómo se difundían ciertas noticias, los medios kelpers recurrieron a la recepción y circulación de otros medios gráficos como La Prensa, el Star and Standard, el Sunday Times, el New York Times, el Buenos Aires Herald (en adelante Herald)[19] y el Times, lo que demuestra cómo fue el flujo de la información y el rol que tuvieron como divulgadores y traductores los medios locales a la hora de fortalecer las representaciones de la sociedad isleña, o en difundir noticias vinculadas al centenario de la usurpación provenientes de aquellos medios. Lila Caimari utiliza la categoría “el mundo al instante” para describir cómo fueron arribando y diseminándose las noticias en todo el globo desde fines del siglo XIX y principios del XX, acelerando el tráfico informativo. Esto se debió a la modernización del sistema informativo que hizo posible la proliferación de noticias y la resignificación de las nociones de tiempo-velocidad, dominantes en la prensa, a raíz de la expansión de la red global de cables submarinos y expansión de agencias de prensa como Havas o Reuters, que para fines del siglo XIX telegrafiaban desde Europa servicios de noticias a diarios sudamericanos (Caimari 2015: 127). De hecho, un antecedente de estas comunicaciones puede verse durante la Batalla de Malvinas de 1914, cuando el diario Crítica, en Buenos Aires, mencionaba que “la escuadra inglesa, venía hacía días conociendo los cruceros de la alemana, por estaciones de telegrafía sin hilos ubicadas en tierra (Argentina!)” (Novas Lo Coco, 2023: 14). Con lo cual, estos medios y redes telegráficas poseían injerencia en el asunto y durante el período.
En otro artículo de abril de 1933, el FIMCP reproduce un artículo publicado por el Herald que menciona
“las autoridades han decidido no “reconocer” la actual emisión de sellos en las Islas Malvinas (…) ¿Por qué entonces esta afrenta no a las Malvinas, sino al Gobierno de Su Majestad? Si las Malvinas son británicas o argentinas es un tema de discusión [pero] la bandera británica ondea aún sobre las islas, y ese hecho no ha sido considerado como una causa belli o una excusa para una ruptura de relaciones.”[20]
El recelo de la prensa kelper respecto de la actitud argentina, [21] y de su accionar, se expresó también en la idea de porqué el país sudamericano no reaccionó durante los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial teniendo una postura intermitente sobre su reclamo de soberanía. Cabe entonces el argumento sugerido por Borrat (1989: 71), en el que el periódico no es sólo narrador sino también comentarista, y puesto en situaciones de conflicto, a veces puede tener un involucramiento mucho más intenso que la de la tercera parte, y ser parte principal en el conflicto
“A nosotros nos parece extraño que el tema sea considerado como particularmente irritante hoy en día; sin embargo, pasó casi desapercibido durante aquellos oscuros días de la Guerra Mundial cuando Gran Bretaña podría haber estado preparada para escuchar cualquier protesta enérgica; Argentina, de hecho, estaba entonces en condiciones de ejercer presión cuando los suministros y los créditos estaban siendo buscados por Gran Bretaña (…) [desde hace tiempo] se enarbola la bandera británica, antes de que existiera la actual Argentina como República unida. Si se acepta la propiedad original como base de la reclamación, ¿puede entonces decirse que las Islas son legítimamente argentinas?”[22]
Distinta será la mirada con los acuerdos por el Pacto Roca-Runciman, el cual estaba ocurriendo en paralelo. Allí The Penguin sobre sobre los hechos publicaba
“Próximamente se firmará un acuerdo comercial, anuncia el Sunday Times, entre Gran Bretaña y Argentina, que eliminará no solo las restricciones al intercambio de dinero, sino que establecerá aranceles más bajos entre los dos países (…) [para] reducir los muros arancelarios y contribuir así a la reactivación de la prosperidad comercial.”[23]
Se trataba de una lectura ambigua e interesada de la prensa isleña, en tanto Argentina era bien vista si tenía acuerdos comerciales u ofrecía tierras para la colonización agrícola, entre otras instancias de tipo cultural o comercial, pero se la cuestionaba si activaba reclamos por sus prerrogativas de soberanía. Ello puede argumentarse a partir de la agencia que buscó edificar la prensa kelper, y la población, teniendo como correlato mostrarse fuerte frente a otros países, y demostrar una posible autonomía con respecto a Reino Unido, en lo que a identidad se refiere, sin por ello desligarse de su carácter colonial. Respecto del Pacto Roca-Runciman, vale sumar que si bien Argentina estaba fuertemente asociada a “lo inglés”, a partir de los vínculos políticos y culturales, y orquestando los acuerdos preferenciales con Inglaterra en materia de carnes, ferrocarriles y crédito, la disputa por la soberanía territorial mensuró distinto a la soberanía económica (Lanús, 2015: 299). La injerencia sobre el territorio y la protección de las fronteras poseía un peso simbólico que le permitía discutir por Malvinas de un modo, mientras se realizaban negociados fraudulentos con capitales británicos por otro. En efecto, el nacionalismo territorial tenía una espesura mayor a lo que eventualmente podía ser un nacionalismo económico.
Retomando el rol de la prensa, y a los fines de examinar el recorrido de estas producciones, el marco propuesto por Tarcus, puede contribuir a indagar sobre la trayectoria de estas noticias, en tanto el autor propone cuatro momentos vinculados a la producción-difusión-recepción-apropiación de las ideas. En esta ocasión, puede conjeturarse que la producción debe ser entendida como el proceso de construcción de una teoría, y tiene por objeto, en el caso kelper, fortalecer el carácter localista de la población y robustecer su carácter identitario. La difusión, se trata del momento en el cual las ideas circulan en los diversos formatos: periódicos, debates, escuelas, y por agentes especializados. Considero entonces que las suscripciones a los medios locales y el empuje de actores vinculados a intereses comerciales, políticos y culturales ingleses, facilitaron este flujo, y fueron importantes en la prosecución del funcionamiento de estos medios. Respecto de la recepción, al tratarse del momento en el cual determinados grupos sociales se sienten interpelados por una teoría producida en otro campo de producción, puede decirse que la prensa kelper tomó de otros periódicos como el Times, el Herald, el Star and Standard, Sunday Times, The New York Times, o La Prensa, posturas que buscó adaptar a su propio campo de producción, o con las que buscó polemizar o adecuar a sus debates. Este momento, asimismo, coincide con el proceso de traducción, divulgación y citado de autores extranjeros, de modo que la publicación realizada por los medios kelpers sobre el reclamo argentino y su postura frente a los hechos permitió oficiar a estos periódicos como divulgadores, publicistas y traductores de estas noticias, y definir un ‘ellos y un nosotros’ situando dónde estaba cada periódico en este diálogo. Finalmente, el momento de la apropiación, el cual corresponde a la etapa del consumo de este cuerpo de ideas y como supuesta instancia final de la circulación. Allí es donde Tarcus sugiere que nunca hay un lector final, y que los lectores pueden poseer el carácter de productor, difusor o receptor, compartiendo los distintos momentos de la producción de ideas, perviviendo una transversalidad al respecto. De este modo, la difusión que estos lectores kelpers hacían de estas ideas, luego las difundían en el camp (zonas rurales) o en Puerto Stanley (en tanto espacio urbano), a partir de encuentros en tabernas, el puerto, u otros espacios de socialización, completando el marco de situación de los cuatro momentos y retroalimentación de dicho proceso (Tarcus, 2007).
La prensa kelper fungió entonces como transmisora de ideas y contenidos a una población que alcanzaba los 2.400 habitantes aproximadamente,[24] cuyos consumidores eran principalmente descendientes británicos. Los medios gráficos traccionaron un flujo de información que permitió, como explica Lila Caimari, ‘derrotar la distancia’ a partir de los procesos de integración de los sistemas de comunicación a nivel global (2019: 132). Como veremos más adelante, estas noticias se linkearon a acontecimientos que superaban el carácter local, proveyendo noticias continentales e internacionales que los isleños consumían e intercambiaban. La importancia de la prensa, para entonces, era multidimensional ya que actuó como sede privilegiada del debate público, órgano de difusión de posicionamientos políticos, informativos de noticias locales e internacionales, y lugar de promoción de objetos de consumo (Saítta, 2011: 6-7).
A su vez, estos medios representaban las principales vías cotidianas de comunicación para los habitantes. Sin embargo, plantea Burke, no todo receptor es pasivo o se ve influenciado por las ideas que lo rodean o por la carencia de ideas propias. En ese aspecto, recurre al concepto de ‘horizonte de expectativa’ el cual versa sobre las diferentes perspectivas que pueden aportar los distintos lectores a un texto determinado (2019: 92). Si las miradas sobre el pasado kelper, y sobre ese momento primigenio, tanto en 1933, como en la actualidad, tenían consenso en la población isleña, en la década de 1970, cuando Reino Unido evaluó la transferencia de soberanía a Argentina, los isleños tenían severas indefiniciones respecto de su pasado y futuro (Carassai, 2022).
Asimismo, luego de la Guerra de 1982, las miradas kelpers extremaron aún más su discurso frente a Argentina, reduciendo su vínculo con la Patagonia continental de dicho país. Lorenz demuestra cómo previo a la Guerra, principalmente en la década de 1960 y 1970, las miradas que tenían los propios isleños de que Malvinas sea un Estado autónomo (en cuanto solvencia económica) eran inexistentes e improbables, pero luego de la Guerra de 1982, los isleños comenzaron a ser considerados ciudadanos de primera y hallaron sendero a la ‘autosuficiencia’ económica (a partir de la explotación pesquera). Lorenz expone cómo, durante las décadas de 1960-1970, el Reino Unido había visto a esta población como un problema a resolver y que no estaba dispuesto a invertir dinero para garantizar su subsistencia. Considera que los dos conflictos bélicos que ocurrieron en el archipiélago fueron importantes para un relato “nacional”, más aún con los muertos en cada episodio, y que los aniversarios redondos contribuyeron a potenciar la invención de su nación a partir de estos enfrentamientos (Lorenz, 2022: 115). El autor afirma entonces que, a partir de 1983, la guerra, la tierra, la sangre y el sacrificio (en tanto conceptos universales y potentes para todas las sociedades) fueron lo que permitió a los isleños avanzar en un relato identitario nacional, semejante al de otras antiguas colonias británicas como Canadá y Australia (2022: 118). Si bien comparto el análisis de Lorenz, discrepo del concepto de “nacional” (el autor lo usa entre comillas en otras ocasiones), en tanto dicha población siempre se ratificó como colonia y edificó a partir de esa postura política un localismo asociado a la historia británica. Sarah Maltby obtiene datos similares, y expone que, a partir de una serie de entrevistas realizadas a isleños, los mismos confiesan que “la guerra nos puso en el mapa” generando interés en los medios de comunicación para aproximarse a las islas, y así los isleños poder expresar lo que viven y sienten (2016: 647). Es decir, la construcción de agencia y el sentido de existencia, para exponer que ocupan un lugar en la historia (al menos británica) son elementos que han pretendido desarrollar los habitantes de las islas, y la prensa fue una herramienta para poder hacerlo. Un ejemplo de ello fue la asistencia de Thatcher en 1983 donde recordó los episodios de la Primera Guerra Mundial, y a los 150 isleños que se alistaron para pelear en la Segunda Guerra Mundial, ubicando a esta población como parte de la historia grande de Gran Bretaña. Eso, sumado al reconocimiento de la ciudadanía, la extensión de la zona de pesca y la repartición de tierras a los isleños, fueron elementos que fortalecieron la posición de estos habitantes luego de la guerra (Picco, 2020: 77-78).
De igual modo, y es lo que se intenta mostrar en este trabajo, esa identidad y esas representaciones hallaron puntos de contacto previo a 1982 y en otros elementos no solamente bélicos. Niebieskikwiat traza un elemento similar y en su libro explora quiénes fueron los ocupantes de las islas desde 1833, rastreando desde el siglo XIX construcciones de sentido por estos descendientes y migrantes británicos. La autora parte del interrogante de cómo esa minúscula comunidad permaneció en un territorio insular y desarrolló una cultura tan propia, al punto de que hoy comienzan a mostrarse al mundo como una “micronación”, definición que estratégicamente utilizan los académicos de Londres (2014: 1). Aquí la autora si bien cita el concepto de “micronación”, no lo acuña como propio, ni vuelve a utilizarlo en el libro para describir otras situaciones particulares. Niebieskikwiat hace un repaso de la historia de los isleños desde 1833, marcando sus vínculos sociales, sus formas de relacionarse con el Reino Unido, con la Argentina continental, sus intereses económicos, entre otros elementos, para concluir que los kelpers se encuentran frente a una paradoja que es poseer una doble identidad: la de querer ser isleños, y al mismo tiempo, ser cívica y culturalmente británicos (2014: 147).
Los sentidos construidos en torno al centenario muestran ser significativos para todas las poblaciones, aún para una población implantada como los kelpers. A pesar de su itinerancia (laboral y habitacional), buscaron elaborar igualmente un relato. En ese aspecto, los habitantes que vivenciaron el centenario de la usurpación buscaron en sus antepasados, que ocuparon las islas desde 1833, vías de contacto para respaldar su identidad. Herramienta que, como puede verse, utilizan en la actualidad cuando expresan que son de una determinada generación, algo poco usual en las narrativas locales o nacionales. En efecto, el discurso de la permanencia en las islas se fue edificando como argumento para demostrar una pretendida continuidad y una muestra del habitar Malvinas, a pesar del carácter usurpatorio y de migraciones (en varios casos forzosas) que se han hecho desde Gran Bretaña durante el siglo XIX, tanto de irlandeses, galeses, escoceses e ingleses (Niebieskikwiat, 2014: 78). Un ejemplo del discurso de las generaciones predecesoras lo aporta The Penguin, que publicaba
“La celebración del centenario de la colonia ha sido el medio de reunir en Stanley a cinco generaciones de una familia, a saber, el Sr. y la Sra. Richard Aitkin, de 83 años respectivamente, la Sra. D. Mcaskill, la Sra. J. Biggs de Murrell, la Sra. Jim Perry de Teal Inlet y el Maestro Jim. C. Perry (…) El Sr. y la Sra. Aitkin, que celebraron sus Bodas de Oro en junio pasado, llegaron a las Islas siendo jóvenes, se casaron y tuvieron siete hijas y seis hijos.”[25]
Una última lectura que interesa en este apartado, para observar qué discursos circularon en Malvinas hacia 1933 y sobre cómo la prensa kelper interactuó con ellas, es la de la sublevación del gaucho Rivero y la reivindicación de Matthew Brisbane, en tanto ciudadano británico asesinado. En aquel episodio, un grupo de tres gauchos y cinco indígenas se sublevaron en agosto de 1833 frente a quienes podemos considerar las autoridades de las islas post usurpación. Estos gauchos e indígenas, que constituían parte de la mano de obra de la colonia de Vernet –previo a la ocupación británica- permanecieron en las islas luego de los acontecimientos del 3 de enero 1833. El devenir fue que, ante los malos tratos, las pagas saldadas en papel moneda y no en plata, y las diferencias con las nuevas autoridades, este grupo decidió sublevarse, asesinando a Matthew Brisbane, Guillermo Dickson,[26] Juan Simón,[27] Ventura Pasos[28] y Antonio Wagner,[29] y aguardar una respuesta del gobierno de Buenos Aires. Brisbane, de nacionalidad escocesa,[30] había sido empleado de Luis Vernet durante la administración argentina, y tenía un rol importante en las islas ya que poseía el rango de capitán y era superintendente de pesca de lobos, por lo que su rol era dirigir las tripulaciones pesqueras. Llegó a estar prisionero en el ataque estadounidense de 1831, y al momento de la usurpación, también estuvo presente. A pesar de reconocer la autoridad de Vernet –y luego la de José Pinedo–se negó a batirse contra la tripulación británica de la Clío en los acontecimientos del 3 de enero, por ser súbdito británico y porque no podía agraviar su bandera (Caillet-Bois, 1948: 326; Almeida, 1972: 67). De este modo, puede conjeturarse que la población isleña resignificó a un sujeto que, si bien nacido en Reino Unido (Perth, Escocia), había trabajado bajo las órdenes de Vernet en el transcurso del ejercicio de soberanía argentina. Una segunda conjetura es que, luego de la usurpación, los británicos no habían nombrado ninguna autoridad oficial, por lo que la prensa kelper intentó hallar en Brisbane una representación. Debe considerarse que el primer gobernador colonial oficial enviado por Reino Unido fue Richard Moody en 1841.[31]
Respecto del abordaje de la prensa isleña en 1933, allí se mencionaron cómo las excursiones recordatorias hacia Puerto Louis –lugar donde operó la gobernación española con el nombre de Puerto Soledad y luego la Comandancia Político y Militar de las islas Malvinas– fueron significativas a la hora de reponer parte de la historia británica en las islas, en tanto allí se había producido el levantamiento que dejó como saldo la muerte de Brisbane. The Penguin señalaba
“un día glorioso favoreció a la expedición a Port Louis el domingo cuando se observó el reconocimiento inicial del Centenario de las Malvinas con el pago de un tributo a la memoria de Matthew Brisbane, el primer gobernador de las islas designado por Gran Bretaña. Se encontraban a bordo del Lafonia Su Excelencia el Gobernador, acompañado del Excmo. JM Ellis (Presidente del Comité del Centenario) y miembros del Comité.”[32]
Algo que vale destacar es la participación de funcionarios públicos en estas actividades, o cómo la presencia de esos funcionarios oficiales importaba, a los fines de construir localismo con la población. En efecto, la concurrencia de autoridades magnificaba los eventos que en un territorio como Malvinas podían acontecer, logrando un mayor impacto en lo que a publicaciones gráficas se refiere. Sobre los episodios, y más precisamente sobre las palabras del gobernador, el diario citaba
“Aquí, de pie junto a la tumba de Matthew Brisbane con unas 160 personas reunidas alrededor del borde de la colina. Su Excelencia dijo las siguientes palabras conmovedoras e inspiradoras: ‘En el antiguo asentamiento de Port Louis, hace apenas cien años, Matthew Brisbane fue asesinado brutalmente por gauchos e indios, y esta corona de flores que sostengo se está colocando sobre su tumba en nombre de la población de la Colonia (...) atesoremos su memoria y la memoria de los hombres que trabajaron para él: en los días que se avecinan, nuestros muchachos se aventurarán en el mundo. Matthew Brisbane y los hombres de su tipo les han dejado la herencia de las Islas Malvinas para que ellos también puedan dejar a sus hijos después de la aventura, las pruebas, las dificultades y los problemas de su vida, una herencia mayor que la que ellos mismos recibieron en su tiempo”.[33]
El FIMCP, por su parte, a partir de su proveniencia religiosa, publicó un artículo titulado “The catechism outing” (La salida del catecismo). El hecho es interesante, ya que, si bien la congregación anglicana se había hecho presente en los festejos del centenario y otras conmemoraciones, aquí vemos una publicación que la incluye en su titular directamente. La revista menciona
“El Dean subió a bordo y revisó cuidadosamente a los pasajeros (…) el Sr. y la Sra. J. Robson actuaron como guías a las ruinas de la antigua Casa de Gobierno y los fuertes de los primeros pobladores. Mostraron el lugar donde el gobernador Brisbane y sus compañeros fueron víctimas y masacrados por los gauchos e indios en 1833.”[34]
El episodio del gaucho Rivero se enmarcó entonces, para las lecturas kelpers, en un ícono fundacional, en tanto Brisbane había dejado su sangre y cuerpo para que las generaciones futuras se aventuren en la empresa de poblar las islas y superar las dificultades de su tiempo. Reponer y reconstruir un presente y un porvenir kelper, permitía prefigurar y robustecer las narrativas históricas y por ende “imaginar una comunidad” o “inventar una tradición”. Sobre esto, utilizo el concepto de lenguaje político, expresado por Skinner, en tanto no se trata de un conjunto de enunciados, sino un modo característico de producir ideas y considerar su dimensión pragmática (Skinner en Palti, 2005: 70; Palti, 2007: 11). Lenguajes políticos que asimismo buscan: interpretar, conectar, diseminar información, y proyectar hacia el futuro y el pasado (Borrat, 1989: 74).
Estos factores, sobre la relación con Argentina, las generaciones que habían habitado Malvinas y la pretendida autonomía que buscó poseer esta población, persistió en el tiempo haciendo de ello un recurso tanto para la prensa, como para lobbies kelpers, parlamentarios ingleses, empresarios, entre otros agentes, que emergieron –o se fortalecieron– con el correr de las décadas obstaculizando el diálogo con el Estado argentino. Principalmente en la década de 1960-70, cuando ese porvenir fue incierto para ellos. Es útil destacar esto, ya que en la actualidad esos discursos son esbozados por autoridades y pobladores, respecto de cómo se edificó su identidad, y la centralidad en el 3 de enero como día fundante de su localismo, y no alguna fecha concerniente al primer arribo inglés de 1765 hecho por Byron o al asentamiento fundado en 1766 por Mc Bride, u otra fecha situada en el período 1765-1774, período en el que funcionó el primer asentamiento británico.
La Primera Guerra Mundial y la ‘cuestión colonial’
Sarah Maltby, quien bien trabaja la percepción de los isleños en los medios de comunicación luego de la guerra de 1982, brinda una serie de argumentos que pueden ser útiles para el análisis desarrollado en este artículo. Destaca que los isleños no solo escriben para sí mismos, sino en nombre de todos los isleños, con el fin de definir su identidad, convirtiéndose en autores de su propio pasado. De este modo, la historia comenzó a ser concebida como un instrumento que les ofreció agencia e influencia en sus afirmaciones, comenzando a utilizarla como herramienta política. Así, la búsqueda por ser participantes activos y agentes de su propia historia les permite atribuirse un poder relativo (Maltby 2016: 646-648). En efecto, el uso de la prensa como dispositivo para proyectar una imagen sobre cómo buscan mostrarse intentó ser capitalizado post 1982, como también, en un episodio como el centenario.
El rol de los medios gráficos isleños en 1933 y sobre los episodios en torno al aniversario por la victoria de la Batalla de Malvinas del 8 de diciembre de 1914, son significativos para exponer cómo la prensa local destacó la realización de las celebraciones oficiales y la importancia que se les dio a dichas efemérides. El FIMCP publicó en enero de 1933 lo que habían sido los festejos en diciembre del año anterior. Como viene mencionándose, se trataba de crear y gestar efemérides propias, y construcción de localidad, a partir de hechos históricos icónicos y de celebraciones que dieran cuenta del valor que implicaban
“El 8 de diciembre se realizaron los habituales festejos del Aniversario de la Batalla. A las 8.00 el Deán celebraba la Primera Comunión cuando la recibía un buen número de comulgantes. La congregación era muy numerosa (…) Su Excelencia Sir James O'Grady, asistió con el Secretario Colonial Hon. J.M.Ellis y el Hon. L. Brown. Pronto se escucharon los acordes de la Banda de los Royal Marines acercándose y los oficiales y chaquetas azules del H.M.S Durban comenzaron a desfilar.”[35]
The Penguin, por su parte, republicó un artículo proveniente del Times
“hace cien años, la bandera británica se izó finalmente y definitivamente en las Islas Malvinas (…) como todos recuerdan, estallaron en el fanatismo universal en diciembre de 1914, cuando la mañana después de que el veloz y poderoso escuadrón de Sturdee, que conformaba parte de la Gran Flota que Lord Fisher había enviado en secreto, llegó a Port William y avistó al escuadrón alemán al mando de Von Spee desde el puesto de observación en la colina. Hasta el día de hoy, muchos tienen un lugar cálido en sus corazones.”[36]
En las publicaciones observadas, la relación entre la Batalla de Malvinas de 1914, la pertenencia al imperio y el centenario de la usurpación, se presentaron como mojones que abrevaron entre sí, densificando los ejes discursivos de la narrativa isleña. Se trataba, puede decirse, de generar una línea histórica donde la población se vea representada y halle significantes que los reúna en tanto población aislada de las grandes efemérides del Reino Unido. En un artículo titulado “The Centenary” se observa
“con un Imperio extenso que se extiende de este a oeste, como el que domina nuestro Rey, tales ocasiones son cada vez más frecuentes. Ahora es el turno de las Islas Malvinas. Tan pequeña como es nuestra colonia como de no poca importancia. Durante el presente siglo fue la clave de tremendas situaciones al final de la guerra. Como todas las cosas pequeñas, se ha visto obligada a luchar por la existencia, pero sus hijos siempre han demostrado ser dignos, confiables y capaces.”[37]
A la celebración del centenario fueron invitadas personalidades que demostraban el impacto del acto y la construcción de localismo[38] por parte de la población. El Dean Harold Lumsdale, el gobernador colonial James O’Grady (imagen 1), y el secretario colonial John M. Ellis (imagen 2), fueron parte de las autoridades que presenciaron el acto y el desfile militar que los Royal Marines practicaron.
“Por varios días los vapores y otras embarcaciones estaban ocupadas de un lado a otro trayendo visitantes a la capital para las celebraciones. Llegaban familias de lejos y de cerca. Las calles estaban alegres con banderines y el muelle brillante con luces. El puerto generalmente tranquilo ahora ocupado por H.M.S Durban, R.R.S. Discovery II, el S.S. Lafonia, el S.S. Fleurus (…) Todas las casas estaban muy llenas y las multitudes en las calles no se habían visto antes en Stanley.”[39]
Partidos de fútbol, prácticas de tiro, bailes, pruebas de perros, carreras de caballos, fueron algunas de las acciones realizadas por la población por el festejo del centenario. Skinner recapitula en la cuestión de las condiciones semánticas de producción, las cuales interpelan las conductas de los individuos (2005: 69-70). En este punto, es importante comprender que la circulación de noticias en las islas no era meramente un diálogo entre los propios habitantes, sino de efectos que acontecían a nivel regional o global. Con la Primera Guerra Mundial, los nacionalismos habían adquirido una potencia considerable en el concierto de las naciones (Hobsbawm, 1989: 134), por lo que la oposición a dos Estados “peligrosos” para los kelpers, como Argentina y Alemania, actuaban como tópicos para que el imperio no se vea disminuido, y la figura regia y el carácter local de la población se fortalezcan.
Imagen 1: James O’Grady como gobernador en Tasmania
Fuente: The Dictionary of Falklands Biography including South Georgia.
Imagen 2: Recién casados. John Ellis y su esposa Molly Clement en el predio Gilbert House en las islas Malvinas.
Fuente: The Dictionary of Falklands Biography including South Georgia.
El campo periodístico se sitúa entonces como un actor social y político, que se convierte no sólo en un mediador entre la sociedad civil y el Estado (o los gobiernos), sino que construye representaciones del poder. La producción escrita se transforma en producción simbólica y participa activamente en la promoción de saberes, valores y costumbres para organizar la vida social (Kircher, 2005: 116-117).
The Penguin, haciéndose eco de las noticias a nivel internacional levantaba una nota publicada por The New York Times, uno de los diarios más influyentes de los Estados Unidos, sobre la celebración del centenario, que rezaba
“Los isleños se han estado preparando durante un año para celebrar el centenario (...) En las zonas remotas hay pastores de ovejas que nunca han estado en Puerto Stanley excepto en ocasión del centenario (…) Se iba a celebrar un desfile de la Fuerza de Defensa con un cuerpo de hombres bien entrenados, también un servicio conmemorativo y, posteriormente, una exhibición de perros y una competición de monta de novillos. Sir James O'Grady, el gobernador, también iba a hacer una peregrinación oficial a la tumba del pionero Matthew Brisbane. Aunque la depresión había afectado a la industria ovina, todo el mundo tenía lo suficiente para comer y la colonia estaba libre de deudas.”[40]
Para la conmemoración del centenario se emplazó un monumento con 4 costillas de ballena y, por decisión del Rey, se enviaron una serie de medallones de bronce en cuyo anverso figura una efigie del monarca, y en el reverso, las Armas de la Colonia con el grabado “Centenario de las Islas Malvinas 1833-1933”. Aquellos serían repartidos gratuitamente a niños y ancianos, y para el resto de los adultos estarían a precio de venta.[41] Respecto de la monumentalidad o las edificaciones, cabe mencionar que en 1927 fue construido el memorial por la Batalla del 8 de diciembre de 1914, lo cual signa la importancia que los isleños de entonces le dieron al acontecimiento y a esas discusiones acontecidas a nivel global. Burns Marañón destaca que el período entreguerras fue un tiempo de introspección de las élites intelectuales británicas, ya que con la Gran Guerra comenzaron a publicarse versos y escritos dedicados a acontecimientos bélicos y erigirse monumentos en universidades, plazas, pueblos, edificios públicos y escuelas (2021: 126).
Otro ejemplo son los cambios en su bandera: desde 1876 a 1925 hubo una bandera que tenía como símbolo el HMS Hebe[42] y un ganado vacuno; desde 1925 a 1948 la bandera contenía al buque Desire de John Davis (primer inglés en avistar las islas en 1592) y un león marino con el lema de las islas “Desire the Right”,[43] también incluida en una de las estampillas postales emitidas en 1933 (ver imagen 3); y desde 1948 a 1999 (aunque persiste con rasgos similares) la bandera en donde se intercambió al león marino por una oveja.[44] Puede afirmarse, entonces, que los horizontes de expectativa de los isleños fluctuaron en el tiempo y no siempre convergieron en las mismas interpretaciones, o que su línea histórica no siempre fue pareja ni mantuvo una persistencia con los años. Esto último sirve para evaluar cómo los animales no fueron únicamente una representación localista, sino que eran los recursos naturales que proveyeron las riquezas con las cuales se vieron beneficiados, exponiendo signos época o cambios en su modelo de acumulación dineraria. En las estampillas centenarias también fueron incluidos animales como la oveja (imagen 4), el pingüino (imagen 5) y la ballena (imagen 6).[45]
De este modo, puede encuadrarse lo anterior al cuerpo teórico que Skinner denomina actos del habla, en tanto no se trata de entender lo que por él mismo se dice (su sentido locutivo), sino también situar su contenido a fin de exponer su intencionalidad (sentido ilocutivo), es decir por qué se enuncia algo en un determinado contexto (Skinner en Palti, 2005: 68). En esa sintonía, Burke sugiere que la teoría de la recepción todavía conlleva las marcas de los contextos en los que se originó, permitiendo ampliar no sólo la reconstrucción de las intenciones de los principales pensadores o actores intervinientes, sino plantearse más interrogantes sobre las recontextualizaciones, usos y aplicaciones de las ideas (Burke, 2019: 96).
Imagen 3: Sello postal emitido por la conmemoración del centenario de la usurpación.
Fuente: Toovey’s. Antique & Fine Art Auctioneers & Valuers.
Imagen 4: Sello postal emitido por la conmemoración del centenario de la usurpación.
Fuente: Toovey’s. Antique & Fine Art Auctioneers & Valuers.
Imagen 5: Sello postal emitido por la conmemoración del centenario de la usurpación.
Fuente: Toovey’s. Antique & Fine Art Auctioneers & Valuers.
Imagen 6: Sello postal emitido por la conmemoración del centenario de la usurpación.
Fuente: Toovey’s. Antique & Fine Art Auctioneers & Valuers.
Otro eje que interesa dentro de este debate, pero más relacionado a la historia conceptual, es el concepto de ‘Colonia’. A lo largo de los números expuestos, la prensa kelper tuvo una lectura sobre continuar siendo una colonia y sobre el concepto en sí mismo, que era positivo. Problematizando sobre esta cuestión, y en torno a las lecturas de Annick Lempérière y Elías Palti, podemos inferir que las visiones negativas del concepto de ‘colonia’, ‘colonial’, ‘colonialismo’, están principalmente asociadas a miradas latinoamericanas que luego de independizarse desdeñaron de su pasado hispano, tomando como nociva la herencia del régimen colonial. Ahora bien, en casos como el de los kelpers, o los rebeldes de las Trece Colonias en EEUU, éstos no renegaron de su pasado colonial y de los vínculos creados con la Madre Patria, construyendo entonces un sistema de valoraciones y una serie de significantes positivos (Lempérière, 2004; Palti, 2009a).
Lempérière sugiere así que la categoría colonial es anacrónica y más bien responde a un uso ideológico que científico. Kosselleck, a esto incorpora que la característica fundamental que distingue a un concepto es la capacidad de trascender su contexto originario de enunciación y proyectarse en el tiempo. En ese aspecto, el concepto de ‘colonia’ genera asincronías semánticas generando una plurivocidad terminológica. La importancia del lexicón –continúa Kosselleck– implica heurísticamente la transformación que a partir del siglo XVIII se dio en torno a palabras clásicas. De este modo, si colonia tenía ciertas implicancias durante la expansión griega, o la conquista americana, lo cierto es que para los descendientes británicos que vivían en Malvinas tenía otro, y de carácter positivo (Palti, 2005: 72; Kosselleck, 2009: 5).
En este cruce, para Francisco Ortega, el concepto de colonia adquiere fuerte consistencia cuando los criollos americanos –o bien puede pensarse otra comunidad de habitantes– transforman su sentido a partir de su relación con la nación y la representación. Si los principios de igualdad, representación, y derechos de distinto tipo, están contemplados, entonces el concepto de colonia queda supeditado a los usos políticos y prácticos que cada sociedad hiciera de ellos (Ortega, 2011: 24). Dicho de otro modo, si ser colonia impedía un normal desenvolvimiento de la práctica política o de la libertad de los individuos, entonces ello era pernicioso para ese abanico de habitantes, pero si para una población como los kelpers, el ser una colonia británica garantizaba sus prácticas cívicas, entonces ello era bien visto.
Como evidencia empírica cabe agregar las menciones que desde The Penguin se ha hecho sobre el “Empire Day”, en tanto muestra del lazo colonial. Allí fue publicado el mensaje del gobernador británico en Malvinas el cual rezaba
“deseo expresar mi admiración por el magnífico espíritu que ha dominado todo el Imperio durante el año tan difícil que hemos pasado, un año en el que la depresión industrial ha causado mucho sufrimiento y dolor a todas las clases. Es un pensamiento feliz que la gran Conferencia de Ottawa del año pasado estrechó aún más los lazos que unen al Imperio en un vínculo de cooperación mutua para el beneficio de todos. El verdadero espíritu del Imperio, que inspiró a los representantes en Ottawa de todos los dominios, sonó como una nota muy bienvenida de esperanza para la futura prosperidad industrial del Imperio. ¿No deberíamos entonces unirnos en una firme determinación, al celebrar el Día del Imperio, para apoyar la unidad del Imperio tanto en espíritu como en hechos?”[46]
El Junior Charlton Club de Londres le enviaría un mensaje al gobernador colonial O’Grady deseándole deseos de prosperidad y felicidad a los habitantes de las islas, a lo que la respuesta del gobernador fue
“He recibido con gratitud su mensaje del Día del Imperio. Es realmente espléndido de su parte pensar en sus compatriotas británicos en este solitario puesto avanzado del Imperio.”[47]
Cannadine segmenta cuatro períodos para examinar cómo fueron sofisticándose determinadas prácticas culturales en pos de exponer cómo avanzó la invención de la tradición británica alrededor de la figura regia y del imperio. El primero va desde 1820 a la década de 1870, aquí los rituales ingleses se organizan de forma ineficaz y no tienen tanto impacto a nivel global; el segundo se extiende de 1877 a 1914, cuando la reina Victoria se convierte en emperatriz de la India, las ceremonias adquieren una potencia mayor y el carácter público de las celebraciones en la angloesfera se expande; el tercer período se estira desde la Primera Guerra Mundial hasta la coronación de la reina Isabel en 1953, donde los británicos expanden sus liturgias y decoraciones festivas; y el cuarto, el cual se extiende desde 1953 en adelante, donde hay un momento de crisis para Reino Unido como gran potencia (Cannadine, 1983: 114).
Aquí resultan útiles el segundo y el tercero, ya que es el momento donde la liturgia regia se fortalece. Los años que se extienden desde la década de 1870 en adelante, constituyen el período por el cual Inglaterra deja de ser la modesta casa señorial y campesina, y la figura monárquica adquiere una imagen olímpica y se transforma en el padre o madre de la nación (1983: 117). Esos años de amplia expansión y consolidación del sistema industrial en toda Gran Bretaña, contribuyeron a que la imagen monárquica adquiera benevolencia hasta en sus colonias más lejanas. Incluso, destaca Cannadine, los monarcas eran políticamente activos, pero personalmente impopulares. El lugar de los reyes adquirió relevancia por el desarrollo económico y social que tuvo Gran Bretaña en el último cuarto del siglo XIX, donde Londres afirmó su predominio nacional por sobre las identidades y lealtades regionales, y donde la emisión de medallas y ornamentos comenzaron a ser habitué, y donde la prensa, precisamente, fue un dispositivo fundamental para exponer toda la pompa real (1983: 122-128). Esta liturgia imperial, que reunía elementos culturales y políticos fue algo que también se asoció al sistema de Conferencias Coloniales (1887-1897) convocadas para festejar el aniversario de la Reina, las cuales continuaron hasta que a partir de 1907 se llamaron Conferencias Imperiales (Fieldhouse, 1984: 213). Esta invención de la tradición contribuyó a fortalecer un atractivo por la monarquía,[48] las cuales se asociaron a Malvinas, en tanto en los festejos por el centenario de la usurpación, la figura del rey Jorge V fue una de las estampillas postales emitidas (imagen 7). Como también, el monarca se hizo eco de las celebraciones del centenario, y mediante su secretario Clive Wigran, envió una misiva al gobernador colonial de Malvinas
“Estimado Gobernador: El Rey mostró gran interés en el informe de las Celebraciones del Centenario de las Islas Malvinas, que usted envió el 28 de febrero. Al transmitirle el agradecimiento de Su Majestad por su amabilidad al enviar el Informe, le aseguro el constante interés del Rey en todo lo que concierne al bienestar y la prosperidad del pueblo de las Islas.”[49]
Imagen 7: Sello postal emitido por la conmemoración del centenario de la usurpación.
Fuente: Toovey’s. Antique & Fine Art Auctioneers & Valuers.
Imagen 8: Durante los acontecimientos, el Globe Store vendía souvenires en recuerdo por el centenario de la usurpación, por lo que parte de la propaganda para incentivar las ventas contuvo esta insignia.
Fuente: The Penguin, 31 de enero de 1933, p.3.
De este modo, puede colegirse que el sentido de pertenencia de los habitantes de las islas en querer ser una colonia se asociaba a la idea de conformar parte de ese gran imperio británico –que si bien en declive– buscaba continuar dentro del podio de las potencias industriales de entonces. Además de ello, se buscaba reconstruir una comunidad británica que, luego de la Primera Guerra Mundial, la crisis económica de 1929, y la emergencia de otras potencias como EE. UU., URSS o Alemania,[50] buscaba reconfigurarse en el plano global. Esto exponía el precario equilibrio internacional y la escasa confianza a nivel internacional que maduró hasta la Segunda Guerra Mundial (Fontana 2017: 182). Hasta antes de la Primera Guerra Mundial pervivía un imaginario donde los beneficios del imperio británico superaban los costes, pero luego de 1918 la tendencia se revertiría. Los mecanismos propagandísticos intentaron precisamente suplir la idea del declive a partir de exposiciones, y producciones fílmicas y literarias para consumo popular (Ferguson, 2016: 380). Gran Bretaña era mundialmente líder en otorgar préstamos financieros, y Londres el centro de la actividad económica global. Pero para las décadas de 1920-1930 la pérdida de mercados con Japón y EEUU, y el endeudamiento con el país norteamericano comenzaron a ubicar en otro lugar al Reino Unido. En 1931 debió abandonar el patrón oro, y sus exportaciones, principalmente aquellas basadas en carbón, hierro, acero, maquinarias y textiles se vieron reducidas notoriamente (Parker, 1987: 132; López Córdoba y Valverde Jiménez, 2006: 310).
Incluso, la extensión del imperio británico generaba problemas para su mantenimiento. Mediante el Estatuto de Westminster (1931) se planteó la conveniencia de reformar el estatuto de numerosas colonias y formular lo que fue la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth) aplicado en dominios británicos como Canadá, Australia, Nueva Zelanda y luego Sudáfrica. Esto es países que habían conseguido autonomía interna, eran controlados por ciudadanos de ‘raza blanca’ pero que seguían jurando a la Corona (López Córdoba y Valverde Jiménez, 2006: 329). Así, comenzaba a hablarse de una angloesfera: territorios blancos de habla inglesa que gozaban de estrechos lazos culturales y familiares con la metrópoli, y en los casos más conocidos, como los países antes mencionados, se convirtieron en “dominios” con plena libertad para gestionar sus asuntos bajo la Corona del Reino Unido (Burns Marañón, 2021: 133).[51] Las colonias blancas no carecían de entusiasmo por la idea de una Gran Bretaña ampliada, pero había una diferencia entre el simbolismo y la reducción de la autonomía implicada en la idea de una federación imperial (Ferguson, 2016: 295). La Mancomunidad de Naciones, en tanto renovación de la angloesfera, le permitió al Reino Unido mantener una fachada imperial cuando la misma estaba en debacle (Burns Marañón, 2021: 133). En el caso Malvinas, si bien los habitantes de las islas constituyeron esa angloesfera por su dependencia política e intereses culturales, no gozaron nunca de una autonomía política o al menos de un esbozo para poder hacerlo. A pesar de esa crisis imperial británica, los territorios coloniales siguieron proporcionando beneficios económicos y políticos a las metrópolis y no se vieron restringidos en sus acciones por la Sociedad de Naciones (SDN). Para entonces, Francia y Gran Bretaña eran las titulares de los dos mayores imperios coloniales y apelaron a la SDN para continuar o extender sus dominios. En suma, las colonias siguieron aportando una reserva de tierra a migrantes y actuaron como mercados en expansión para productos británicos (Fieldhouse, 1984: 212; Fontana, 2017: 153).
A quién se le habla, cómo lo hace, en qué contexto social, son elementos que Palti sitúa como importantes para interpretar la dimensión pragmática de los discursos y comprender los móviles sobre los cuáles se construyeron lenguajes políticos (2009b: 18-19). Estos lenguajes, más retóricos que institucionales por momentos, se originaron como modos de discusión dentro del proceso permanente de formación del discurso (Pocock, 2001: 151). A pesar de que ese imperialismo inglés ya no fuera el del siglo XIX, a muchos les bastaba con que fuera emocionante. Los que vivían por fuera de la primera línea imperial, ajenos a los disparos, estaban ansiosos de vivir sus propias gestas militares por lo que la importancia del imperio como fuente de gratificación psicológica fue patente (Ferguson, 2016: 298). La épica, la grandilocuencia, la narrativa de un pasado extraordinario, vinculado a Gran Bretaña, fueron elementos que abrevaron en el discurso de la prensa kelper como signo de querer pertenecer e intentar formar parte de esa gran historia.
Conclusión
El año del centenario no fue un año donde sólo se conmemoró la usurpación de 1833. Allí también abrevaron diversas lecturas, provenientes de los medios gráficos isleños, de un pasado que encontró en Brisbane, la Batalla de Malvinas de 1914, la continuidad en seguir siendo una colonia y la oposición al reclamo argentino, postas en las cuales se fue edificando un modelo genético kelper, una tradición inventada o una comunidad imaginada. Allí, la prensa local jugó un rol significativo a partir de sus publicaciones periódicas, y de construcciones semánticas, que hoy en día, poseen implicancias para estos descendientes británicos, ya que en la actualidad, el gobierno colonial celebra y recuerda dichas fechas como simbólicas, permitiendo concluir que la formación de lenguajes políticos kelpers fue importante para la prensa isleña y para desarrollar un localismo en los cuales estos habitantes se identificaron e intentaron demostrarle al Reino Unido que su historia también es significativa.
Ese vínculo con Reino Unido, entonces, buscó ser rediseñado constantemente, y el centenario permitió un reposicionamiento de quienes fueron desembarcando en Malvinas. Los años redondos demuestran ser trascendentes para cualquier población, y la utilización de esas narrativas como instrumento político y fortalecimiento cultural dan cuenta de las proyecciones que pretende dar cada sociedad. La prensa gráfica de los isleños buscó ofrecer una reubicación discursiva a los fines de formar parte de la historia grande del Reino Unido, en un contexto como fue el período entreguerras, la crisis del imperio post Primera Guerra Mundial, y en la búsqueda por demostrar que desde los confines del Atlántico Sur, también se le podía hacer frente a dos Estados como Argentina y Alemania. En la actualidad, puede verse que gran parte de la narrativa por pertenecer a Reino Unido sigue sosteniéndose en los ejes vistos en este trabajo, y con mayor sostén en dos pilares principalmente: el número de generaciones de isleños que habitan las islas desde 1833, y en una pretendida autodeterminación expresada en referéndums para seguir siendo Territorio de Ultramar Británico, cerciorando la idea de que las representaciones y lenguajes construidos históricamente tuvieron impacto con los años.
Referencias bibliográficas
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Francisco Nicolás Novas Lo Coco es Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Maestrando en Historia Argentina y Latinoamericana por la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL-UBA). Adscripto de la materia Historia Argentina II (FFyL-UBA) cátedra Belini. Fue tutor de cursos sobre Malvinas y Atlántico Sur (2021-2023) dictados desde el Ministerio de Educación de la Nación (INFOD), colaborador del Seminario de Grado de la carrera de Filosofía “Malvinas como metáfora de la nación” (2025) y docente responsable del curso de extensión “Malvinas en perspectiva histórica” (2025) (estos dos últimos dictados desde FFyL-UBA).
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[1] El siguiente artículo ha sido expuesto como ponencia en las Jornadas por los “200 años del Tratado entre Gran Bretaña y las Provincias Unidas del Río de la Plata” organizadas por el Programa de Estudios sobre la Comunidad Británica en América Latina (PECBAL) y realizado en la Universidad de San Andrés el 10 de abril de 2025. Agradezco a Alina Silveira, coordinadora de la mesa de la Jornada en donde expuse, por sus comentarios y sugerencias para el trabajo. A Sebastián Carassai, por los intercambios mantenidos, los cuales me permitieron reformular y rediseñar ideas a los fines de mejorar el trabajo. Y finalmente, a los evaluadores de la revista, quienes brindaron comentarios que han fortalecido los lineamientos del trabajo. A todos ellos, cabe aclarar, los desligo de mis argumentos y conclusiones.
[2] Ejemplo de esto pueden ser las transmisiones que la radio local hacía de eventos culturales ofrecidos por el Teatro Colón, elementos de consumo o entretenimiento embarcados desde Buenos Aires, descendientes kelpers que residieron en Buenos Aires o la Patagonia y figuran sus fichas de fallecimiento; la participación de Mr. Tom Norris -Gerente General de la Compañía Argentina de Tierras Australes- quien viajó desde Buenos Aires y visitó Malvinas por invitación especial para ser jurado en una competencia de ovejas, entre otros movimientos.
[3] En la actualidad el gentilicio kelper no presenta unanimidad en su uso. Al haber sido utilizado como una nomenclatura despectiva por parte de los británicos hacia los habitantes de allí, algunas voces manifiestan que es poco adecuado su uso. Desde académicos hasta secretarios de asuntos de Malvinas e islas del Atlántico Sur, no están de acuerdo con la utilización de dicho término en la actualidad. Otras posturas son aquellas que consideran que el uso de kelper es darle entidad política o jurídica, ya que al nacer en territorio argentino debieran ser denominados como malvinenses o únicamente como isleños. El dilema, o la discusión que surge de estos últimos, es que malvinense debiera ser considerado aquel que posea documento nacional argentino, vote a representantes argentinos, acate la Constitución Nacional, entre otras prácticas. A su vez, la mera definición de isleño es genérica y puede aludir a otras islas distribuidas en el globo. Quedaría por examinar el gentilicio de falklander, falkland islander o falklandismo en tanto súbditos del imperio británico, con descendencia británica, intereses propios y poder de agencia definido. Dicha categoría ha sido utilizada por Bramuglia-Corominas (en Muñoz Azpiri, 1966 [1948]: 402), Troiani (1982: 25), Bascopé (2014), Lorenz (2022: 115) y Carassai (2022: 269). Como en este trabajo me propongo otro objetivo, opto por el gentilicio de kelper en tanto se trata del más difundido y reconocido tanto en el plano académico, diplomático y cultural en general.
[4] El término “implantada” surge a raíz de las discusiones diplomáticas desarrolladas en la década de 1960, en donde a partir de un contexto de descolonizaciones, y de debates en torno al principio de la “libre autodeterminación de los pueblos”, los representantes argentinos consideraban que la población de origen británico que se encontraba habitando las islas no podía aplicársele dicho principio por haber ocupado un territorio del cual no eran oriundos u originarios, y usurpado un territorio gobernado por un Estado independiente y reconocido por Reino Unido en 1825. Por ello era una población implantada o que había sido enviada coercitivamente a las islas. Otro de los argumentos que se fue incorporando es que, al tratarse de una población con una baja tasa de natalidad, e incluso, reducción de la misma, la población de las islas fue cambiando su fisonomía. Pastorino, Rosa y Álvarez muestran cómo en 1946 había 2.001 personas que vivían en las islas y habían nacido allí, contra 164 del Reino Unido. Mientras que en 2012 los nacidos en Malvinas eran 1.339, los habitantes nacidos en Reino Unido 798, y como agravante, había 366 habitantes provenientes de otros territorios de ultramar británicos (2015: 115). De modo que, al menos durante 50 años, la tasa de arribos provenientes del Reino Unido estuvo en ascenso. Asimismo, para ser un habitante en las islas se requiere del Falkland Status, el cual es otorgado por el gobierno británico, y debe cumplir con requisitos como ser hijo de habitantes de las islas o hijo de residentes permanentes. Del mismo modo, ese status puede perderse si una persona se ausenta más de dos años de las islas sin justa razón o si obtiene una nueva nacionalidad por fuera de los países del Commonwealth (para ver más consúltese Pastorino et. al.,2015). Con lo cual, se trata de una población particular, atravesada por una serie de controles rígidos que diseñan quién puede vivir o no en las islas.
[5] Como adelanto, esas prácticas singulares surgen de la conmemoración o recuerdo de fechas como el 3 de enero (por la usurpación de 1833), 8 de diciembre (por la victoria inglesa ante los alemanes en 1914 durante la Primera Guerra Mundial), 26 de agosto (por el asesinato del gaucho Antonio Rivero al británico Matthew Brisbane), y más en la actualidad, por el Thatcher Day festejado el 10 de enero (en recuerdo por la visita de Thatcher a las islas), y el Falkland Day el 14 de agosto (por el avistamiento que hizo el almirante John Davis en 1592). Es decir, un calendario de efemérides únicamente celebradas por la población isleña, y no por Gran Bretaña como Estado.
[6] Este trabajo es fruto de una investigación que, sin proponérselo, se inserta en un debate o línea de investigación trazada por el historiador Federico Lorenz (2021). Este último autor propone “producir una historia que tome en cuenta el punto de vista malvinense” (2021: 35). Esto interesa, a los fines de responder “¿En qué historia justifican su pertenencia?”, ya que por más que estas lecturas se ignoren (o descalifiquen), no por ello, dice Lorenz, dejan de suceder, haciéndolo un interesante objeto de estudio que, explorado, redundaría en mayores elementos de juicio para comprender el problema (2021: 37).
[7] Fue nombrado capellán colonial de Malvinas en 1877. Dicho cargo le dio la atribución de inspeccionar escuelas y ocupar el Comité Ejecutivo de las islas (1883-1889). Tuvo un rol protagónico en la construcción de la iglesia anglicana de las islas (Catedral de la Iglesia de Cristo) la cual se edificó entre 1890 y 1892, y sobre la cual se montó en 1933 el monumento de las costillas de ballenas por el festejo del centenario. Además de ello, se encargaba de recorrer los sectores campestres para bautizar niños, celebrar oficios religiosos y creó sociedades para combatir el alcoholismo (Niebieskikwiat, 2014: 79). Ver también la biografía de Lowther Edward Brandon en The Dictionary of Falklands Biography including South Georgia (URL: https://falklandsbiographies.org/biographies/brandon_lowther, consultado 22/10/2025)
[8] Brandon, Lowther (mayo 1889). Falkland Islands Magazine, p. 2.
[9] Como dato, Niebieskikwiat (2014: 129).agrega que, desde fines de 1800, cuando el reverendo Brandon sacó a la calle Falkland Islands Magazine and Church Paper, en las islas siempre un hubo un periódico que con más o menos calidad se ocupó de los asuntos comunitarios. Así lo hicieron The Penguin, el Falkland Islands News Weekly & Church Bulletin, el Teaberry Express y todos los pequeños semanarios que nacieron y murieron en Malvinas.
[10] El The Penguin funcionó desde 1927 a 1938. Y en 1979 surgió Penguin News.
[11] Debe considerarse que en Malvinas habita un sistema de gobierno cerrado cuya figura máxima es un gobernador nombrado por la Reina o el Rey de Reino Unido. El gobernador colonial tiene la potestad de nombrar funcionarios civiles como el jefe de policía, el fiscal general, el oficial comandante de las fuerzas de defensa de las islas, entre otros. Es el responsable de elaborar los “códigos de gestión” y goza de la facultad de poder nombrar dos de los cuatro miembros del Comité de Estado de Cuentas Públicas. Por debajo del gobernador actúa un Consejo Ejecutivo cuyo rol es asesorar al gobernador, y luego la Asamblea Legislativa en la cual sus integrantes son los únicos funcionarios elegidos por los habitantes de las islas (Pastorino et. al., 2015: 71). Pueden mencionarse más características, pero la que importa señalar es que en las islas nunca existieron partidos políticos que se dirimiesen la gobernabilidad, la alternancia o la diversificación política, como también, que el régimen de gobierno debe responder a intereses coloniales de la propia realeza o del Parlamento. Malvinas, como otros territorios coloniales, es en muchas veces una instancia de experiencia para funcionarios británicos, a los fines de construir su carrera política.
[12] Un antecedente que puede ser mencionado es cuando el capellán Brandon elevó una petición a la gobernación de Thomas Kerr (1890). Se trataba de una crítica a los edificios públicos que eran utilizados como escuelas y como residencia para el maestro y su familia, a lo que el gobernador acompañó la iniciativa y argumentaba que los niños católicos y protestantes habían abandonado la escuela pública para asistir a la inaugurada por el padre Diamond.
[13] Carassai (2022) ha expuesto igualmente diversas lecturas e internas políticas al interior de los isleños dentro de estos medios de prensa entre 1960 y 1982.
[14] La traducción de las fuentes del inglés al castellano corresponde al autor del artículo.
[15] The Men on the Spot. (25 de marzo de 1933). The Penguin, p. 3. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[16] Falkland Stamps Banned by the Post. (Abril 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLIX, p. 10.
[17] En febrero del mismo año sucedió otro episodio el cual el gobierno argentino notificó que aquellas personas nacidas en Malvinas que soliciten visado de pasaporte en Argentina deberá negársele dicho procedimiento, y entregarles pasaportes argentinos (Muñoz Azpiri, 1966: 393). Y años atrás, en 1927, el ciudadano Juan Walker, nacido en Malvinas, se había presentado en la División del Ejército de San Julián para enrolarse como soldado argentino. Ante el hecho, el Ministerio de Guerra dio el aval en tanto se consideró que Walker había nacido en territorio argentino (Muñoz Azpiri, 1966: 370).
[18] A este marco de situación, es útil considerar los reclamos telegráficos realizados por el Estado argentino desde 1919 hasta 1933. Allí puede verse que los diversos gobiernos emprendieron una política diplomática apoyada en la discusión por las comunicaciones. Para entonces, el control radiotelegráfico y los sellos de franqueo de las correspondencias implicaban poseer el dominio o la representación de cómo las sociedades se comunicaban, o de la información que podía llegar de un sitio a otro. De este modo, las protestas realizadas por funcionarios argentinos respecto de que las estaciones radiotelegráficas no acepten despachos destinados a las islas Malvinas, salvo en caso de desastres marítimos o pedido de auxilio, fueron una característica de estos años y fue la veta que más se ponderó en la discusión bilateral. Esas protestas adquirieron mayor gravedad, cuando Gran Bretaña adhirió a Malvinas como parte de sus colonias en el Convenio de Bruselas de 1924, lo que la Cancillería reclamo en Bélgica oportunamente (Muñoz Azpiri, 1966).
[19] El Herald era un periódico publicado en Buenos Aires, administrado por agentes británicos donde precisamente se expresaban lineamientos favorables a ellos y las noticias eran publicadas en inglés.
[20] Falkland Stamps. (Abril 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLIX, p. 10.
[21] La prensa isleña no se expresó sólo sobre la reacción argentina, sino también de la de Chile, a partir de la difusión de un artículo del diario Star and Standard, The Penguin lanzaba “Chile se ha asociado con Argentina en la prohibición de las emisiones especiales de sellos del centenario de las Islas Malvinas. El Ministro del Interior ordenó al director general de correos que no reconociera los británicos; cualquier carta que llegara franqueada con la emisión se cobraría un recargo por no estar franqueada. Como Chile sigue una política de la más estrecha amistad con Argentina, la prohibición se considera en América del Sur como una muestra de solidaridad y no en el más mínimo grado como un gesto antibritánico”. Chile bars the stamps. Policy with Argentina. (31 de mayo de 1933). The Penguin, p. 1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[22] Falkland Stamps. (Abril 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLIX, p. 10.
[23] Anglo-Argentine agreement. (27 de marzo de 1933). The Penguin, p. 4. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[24] Report of 1946 Census, Falkland Islands, Government Printing Office, año 1946, p. 2. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[25] Five generations in Stanley for the Centenary. (15 de febrero de 1933). The Penguin, p. 4. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[26] Nacionalidad irlandesa. Había sido despensero durante la gestión de Vernet.
[27] De nacionalidad francesa. Fue un protagonista significativo durante la gobernación argentina. Ofició de capataz, cumpliendo las órdenes de Vernet. Cuando EE. UU. atentó contra las islas, y fueron presos Brisbane y Metcalf (delegados responsables de Vernet) fue Simón quien ocupó la autoridad máxima durante los hechos. Luego, cuando se produjo la usurpación, y José Pinedo se dirigió a Buenos Aires, éste nombró a Simón como Comandante Político y Militar de las islas.
[28] Es el único no europeo asesinado. Algunas fuentes lo constatan como argentino y otras como rioplatense. Su cercanía con Brisbane motivó a que, en la sublevación de Rivero, también sea ajusticiado.
[29] De nacionalidad alemana. Según Almeida (1972: 98), fue muerto por encontrarse con Dickson al producirse la sublevación.
De nacionalidad alemana.
[30] Durante el período 1820-1833 fue recurrente que trabajadores o comerciantes británicos se hayan puesto bajo las órdenes de Luis Vernet, en lo que fue la política económica y demográfica en las islas. Desde inversores como Robert Schofield, Robert Langdon, hasta empleados como Brisbane, y cónsules como Ponsfett y Griffiths, nunca cuestionaron la autoridad de Vernet y el ejercicio soberano realizado por las Provincias Unidas y la Confederación Argentina. A ello se suma que estas medidas se realizaron bajo el paragua del Tratado de Paz, Amistad y Comercio firmado en 1825, en el que se reconocía a las Provincias Unidas como territorio independiente (Novas Lo Coco, 2025).
[31] Las autoridades británicas que estuvieron desde 1834 a 1841 detentaron los cargos de Oficiales Navales. Entre ellos están Henry Smith (1834-1838), Robert Lowcay (1838-1839) y John Tyssen (1839-1842).
[32] The Beginning of the Centenary Celebrations. (11 de enero de 1933). The Penguin, p. 1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[33] The Beginning of the Centenary Celebrations. (11 de enero de 1933). The Penguin, p. 1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[34] The Catechism outing. (Marzo 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLVIII, p. 8. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[35] The anniversary of the Battle of the Falkland Islands. (Enero 1933). Falkland Islands Magazine and Church Paper, Vol. XLVI, p. 4. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[36] An Island Centenary. (22 de marzo de 1933). The Penguin, p. 2. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[37] The Centenary. (Febrero 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLVII, p. 9. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[38] Uno de los elementos más débiles y contradictorios que puede señalarse de este localismo, es la ausencia de gobernadores que hayan nacido propiamente en Malvinas. Mientras la gran mayoría compartió el hecho de ser oriundos de Inglaterra, otros provenían de otras latitudes del imperio. George Rennie (1848-1855) de Escocia; William Robinson (1866-1870), Jeremiah Callaghan (1876-1880) y Cosmo Haskard (1964-1970) de Irlanda; Richard Moody (1841-1848) de Barbados; William Allardyce (1904-1915) y Oswald Arthur (1954-1957) de India; William Young (1915-1919) de Canadá; Herbert Heaton (1935-1941) de Australia; y Ernest Lewis (1971-1975) de Nueva Zelanda. Esa estadística se cumple hasta la actualidad, en la que ningún gobernador colonial de las islas Malvinas fue nacido allí.
[39] Centenary Doings. (Marzo 1933). Falkland Island Magazine and Church Paper, Vol. XLVIII, p. 9. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[40] The New York Times on the Falklands Centenary. (29 de mayo de 1933). The Penguin, p. 1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[41] Centenary Medallon. (7 de enero de 1933). The Penguin, p. 1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[42] Buque que transportó al primer gobernador colonial Richard Moody (1842-1848) y a los primeros colonos británicos (Niebieskikwiat, 2014: 5).
[43] La traducción del inglés al castellano podemos comprenderla de dos maneras al menos. La primera sería traducir directamente las palabras y concluir que se trata del lema “Desear el Derecho”, en tanto cuestión territorial o supuestamente legal, de obtener un territorio usurpado. La segunda definición que puede hacerse, ya que se trata de un juego de palabras con el barco de John Davis, es traducirlo como si fuese “Desear lo justo” o “Anhelar lo correcto”.
[44] Si las pieles y aceites de mamíferos marinos fueron los commodities principales hasta mediados del siglo XIX aproximadamente, lo cierto es que ellos luego fueron reemplazados por la lana hasta la década de 1970.
[45] Incluso hubo una estampilla con la imagen de un buque ballenero, y una del monumento por la Batalla de 1914.
[46] Empire Day Message. (26 de mayo de 1933). The Penguin, p. 2. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[47] Empire Day Message. (27 de mayo de 1933). The Penguin, p. 2. Jane Cameron National Archives.
[48] El primer Empire Day celebrado en Reino Unido fue en 1902.
[49] A message from His Majesty. (11 de mayo de 1933). The Penguin, p.1. Jane Cameron National Archives, Malvinas.
[50] Desde finales del siglo XIX como principios del XX, comenzaron a ser publicados en el Reino Unido libros que tenían como premisa que los alemanes tenían un plan malévolo para invadir Inglaterra o para destruir al imperio británico (Ferguson, 2016: 336). Al mismo tiempo, durante la década del 30, y con Hitler asumido en Alemania, en Malvinas, los isleños tomaban precauciones. La metrópoli había organizado una dotación de infantería que se reemplazaba cada dos años. A poco de declarada la Segunda Guerra Mundial, el puerto de Stanley recibió al crucero inglés Exeter para repararlo, en compañía de los cruceros ligeros Ajax y Achilles, los cuales habían dado caza al acorazado alemán Graf Spee (Foulkes, 1987: 60).
[51] Ferguson (2016: 372) destaca que, en la década del 30, el porcentaje de exportaciones británicas destinadas al imperio subió del 44 al 48%; el porcentaje de las importaciones destinadas al imperio subió del 30 al 39%. Con lo cual, a pesar de la atenuación de los vínculos políticos con el estatuto de Westminster, los vínculos económicos se hicieron más estrechos.
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