Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº23. Mar del Plata. Enero-junio 2026.
ISSN Nº2451-6961. http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto
Entre la crisis militar y las elecciones presidenciales. La revista Criterio y la transición política argentina, 1982-1983
Francisco Teodoro
Universidad Nacional de General Sarmiento, Centro de Capacitación, Información e Investigación Educativa de San Isidro, Argentina
Recibido: 07/03/2025
Aceptado: 27/08/2025
Resumen
El artículo se propone examinar las lecturas de la revista católica Criterio en torno a la situación política argentina entre el final de la Guerra de Malvinas y las elecciones presidenciales de octubre de 1983. En un contexto marcado por una profunda crisis económica, las divisiones al interior de las Fuerzas Armadas, y el avance de las denuncias por los crímenes cometidos durante la dictadura, el trabajo analiza, por un lado, el modo en el que la publicación analizó las internas que se dieron al interior del Partido Justicialista y de la Unión Cívica Radical, y, por otro, las primeras lecturas en torno al resultado de las elecciones y a la posibilidad de que la nueva etapa abierta en diciembre de 1983 quiebre definitivamente la alternancia entre civiles y militares que había comenzado en septiembre de 1930
Palabras clave: transición, partidos políticos, prensa católica, democracia.
Between the military crisis and the presidential elections: The Criterio magazine and the Argentine political transition, 1982-1983
Abstract
This article examines the Catholic magazine Criterio's readings of the Argentine political situation between the end of the Malvinas War and the presidential elections of October 1983. In a context marked by a deep economic crisis, divisions within the Armed Forces, and the advance of complaints about crimes committed during the dictatorship, the work analyzes, on the one hand, the way in which the publication analyzed the internal struggles that occurred within the Justicialist Party and the Radical Civic Union, and, on the other, his first explanations about the result of the elections and the possibility that the new stage opened in December 1983 would definitively break the alternation between civilians and military that had begun in September 1930.
Keywords: transition, political partys, catholic press, democracy.
Entre la crisis militar y las elecciones presidenciales. La revista Criterio y la transición política argentina, 1982-1983
Introducción
La derrota en la Guerra de Malvinas, sellada con la rendición en Puerto Argentino el 14 de junio de 1982, marcó el derrumbe definitivo del régimen militar y abrió en la Argentina un proceso de transición que condujo a la realización de elecciones presidenciales por primera vez en más de una década. Días después de la rendición Leopoldo Fortunato Galtieri, presidente desde diciembre de 1981, fue forzado a renunciar al tiempo que el Ejército, en forma autónoma, nombró a Reynaldo Bignone, un representante de los sectores dialoguistas de las Fuerzas Armadas, como su reemplazante a cargo del Poder Ejecutivo. Esta decisión tuvo como principal costo que la Armada y la Fuerza Aérea se retiraran de la conducción política del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional y se produjera prácticamente la desintegración de la Junta Militar (Canelo, 2008: 193; Águila, 2023: 203). La debilidad del régimen, fuertemente deteriorado luego de la derrota en Malvinas, dio lugar a una apertura política en la que el gobierno militar no pudo imponer sus condiciones a los partidos políticos.
En ese contexto nuestro interés se centra en abordar las lecturas e interpretaciones de la revista católica Criterio sobre la reorganización interna de la Unión Cívica Radical (UCR) y del Partido Justicialista (PJ) luego de la derrota en Malvinas y el resultado de los comicios que consagraron a Raúl Alfonsín como nuevo presidente de la Nación en octubre de 1983. Como ha señalado Mariano Fabris (2023b: 214), entre 1982 y 1983 la revista analizó la realidad política nacional a partir de la oposición entre una tendencia corporativa y autoritaria y otra republicana y democrática. Desde ese enfoque, creemos que, dada la profundidad de la crisis política y económica y la debilidad del gobierno luego de Malvinas, la publicación interpretó el proceso de transición no solo como el derrumbe del régimen militar, sino como la posibilidad de dejar definitivamente atrás el tono corporativo y autoritario que caracterizó a la política argentina en los años recientes y cuya expresión institucional era la alternancia entre gobiernos civiles débiles y gobiernos militares corporativos y autoritarios.
El abordaje de Criterio como objeto de análisis tiene, a nuestro entender, tres elementos que resultan de interés: En primer lugar, tal como afirma Noemí Girbal-Bacha (2020: 8-9), las revistas político-culturales ocuparon en el debate público un sitio intermedio entre la actualidad que se puede observar en los diarios y la discusión más profunda que reflejan los libros, motivo por el cual deben ser consideradas como una fuente legítima para el análisis histórico de la segunda mitad del siglo XX argentino. Sumado a esto, el contexto político abierto por la derrota en Malvinas profundizó en la sociedad una sensibilidad antimilitar que, como afirma Marina Franco (2018, 2023), es posible observar al menos desde la asunción de Roberto Viola a fines de marzo de 1981. Esto habilitó la difusión de voces críticas antes invisibilizadas y/o silenciadas que encontraron en la prensa un espacio central para su amplificación, por lo cual el análisis de revistas y diarios de la época puede contribuir a dar cuenta de la circulación de esas ideas en la sociedad (Borrelli, 2024). Por último, si bien nuestra intención es abordar sus posicionamientos políticos, Criterio fue desde su fundación en 1928 una de las empresas culturales más importantes del universo católico argentino y, como tal, un espacio en el que se condensaron algunos de los debates centrales que tuvieron lugar en el siglo XX.[1] En el período que aquí abordamos la revista estaba dirigida por el sacerdote y filósofo Rafael Braun -quien había reemplazado al teólogo Jorge Mejía en enero de 1978- y el Consejo de Redacción lo conformaban, entre otros, reconocidos politólogos e historiadores como Carlos Alberto Floria, Natalio Botana y Marcelo Montserrat. La orientación política vinculada al liberalismo y las posturas religiosas antiintegristas de Braun y de estos intelectuales le dieron a la publicación un tono moderado y plural que la diferenció de otras revistas católicas de carácter nacionalista e integrista como Cabildo, Verbo y Roma.[2]
El trabajo se organiza en dos apartados: En el primero de ellos examinamos el modo en el que Criterio analizó el proceso de reorganización partidaria que se dio al interior de la UCR, partido en el que tempranamente se consolidó el liderazgo de Alfonsín, y del Partido Justicialista (PJ), en donde la designación de Ítalo Luder como candidato a presidente y de Herminio Iglesias, ex intendente del municipio de Avellaneda, como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, se produjo luego de profundas discusiones internas. En el segundo apartado nos centramos en las explicaciones de la publicación sobre el resultado de las elecciones y en sus lecturas sobre los desafíos que enfrentaría al gobierno radical en la nueva etapa que se abría en diciembre de 1983.
El camino a las elecciones de 1983: radicalismo y peronismo ante los dilemas de la reorganización partidaria
En los meses posteriores a la derrota en Malvinas las Fuerzas Armadas intentaron establecer un diálogo con los partidos políticos en vistas a generar acuerdos para organizar la transición. En esa línea, el 12 de noviembre de 1982 el gobierno de Reynaldo Bignone dio a conocer un documento titulado “Pautas para la concertación económica, política y social” en el que se listaban una serie de temas que el régimen pretendía imponer como agenda en el camino hacia la apertura institucional. [3] Allí las Fuerzas Armadas no solo proponían que la sociedad y, en particular, las fuerzas políticas, convalidaran todo lo actuado en la “lucha contra la subversión”, sino también en la Guerra de Malvinas y en el conflicto limítrofe con Chile (Águila, 2023: 204-205). La publicación del documento se produjo en un contexto en el que el tema de las violaciones a los Derechos Humanos estaba ganando espacio en la construcción social de una sensibilidad antimilitar y antidictatorial (Franco, 2017: 132; 2018: 178).[4] En ese marco, los partidos políticos decidieron no acompañar las propuestas conciliatorias impulsadas por Bignone y, en cambio, continuaron el proceso de reorganización interna que había comenzado poco antes de que se fundara la organización Multipartidaria en julio de 1981, con el objetivo de preparar las internas de cara a las futuras elecciones que tendrían lugar a finales de 1983 (Franco, 2018: 159; Velázquez Ramírez, 2019: 59).
Como han señalado diversos trabajos, la postura de Criterio ante a la última dictadura fue de un apoyo moderado. Si bien en los meses previos al golpe de marzo de 1976 expresó su desacuerdo con la posibilidad de una intervención militar, la publicación acordaba con la idea de que era necesario librar una “batalla contra la subversión” y que las Fuerzas Armadas, encabezadas por Jorge Rafael Videla, a quien consideraba como una figura moderada dentro del régimen, eran las indicadas para esa tarea (Fabris, 2019: 95; 2023b: 212; 2024: 180-181). De todos modos, la intervención de marzo de 1976 solo tenía sentido si se constituía como el primer paso hacia la institucionalización de la vida democrática. Por ello en mayo de 1981, luego de la asunción de Viola como presidente en reemplazo de Videla, la revista recordaba que, una vez alcanzado “un nivel razonable de concordia y seguridad interior y exterior” era preciso avanzar hacia la organización de “un régimen político republicano y democrático competitivo y participativo”.[5]
Luego del conflicto en el Atlántico Sur Criterio profundizó esta mirada institucionalista para afirmar que, ante la derrota y la profundidad de la crisis económica, en el futuro inmediato el retorno a la democracia no era solo una posibilidad, sino que constituía la única salida.[6] En ese contexto, frente a la debilidad del gobierno militar, la revista analizó el rol que debían cumplir las Fuerzas Armadas y los partidos políticos en el nuevo escenario. Desde un marco conceptual que, como mencionamos al comienzo, oponía democracia y corporativismo, la publicación señalaba que en la Argentina de los últimos años los grupos de presión corporativa -sindicatos, Fuerzas Armadas y organizaciones empresariales, entre otros- habían procurado imponer sus intereses particulares por sobre toda la sociedad mediante dos mecanismos: las prácticas de “lobby” y el control del Estado. Como consecuencia de ello los partidos políticos, cuya función era actuar como mediadores de los conflictos en la sociedad, se habían visto sometidos a la presión de las corporaciones o, directamente, habían sido desplazados por gobiernos militares autoritarios. Por ello, la construcción de una nueva democracia se debía sostener sobre dos grandes pilares: un acuerdo entre las elites políticas y militares para garantizar que el nuevo gobierno constitucional no se vea sometido a presiones golpistas inmediatamente luego de acceder al poder y la construcción de un liderazgo con capacidad de maniobra para doblegar la presión de los grupos corporativos y subordinar los intereses sectoriales particulares a las decisiones del poder político.
En esta línea, en el momento inmediatamente posterior a Malvinas Criterio alineó sus posiciones con las propuestas de diálogo entre autoridades civiles y representantes políticos que se puede observar en los documentos “Iglesia y comunidad nacional” y “Camino de Reconciliación”, publicados por el Episcopado argentino en junio de 1981 y agosto de 1982 (Fabris, 2012: 61-62).[7] Para la revista, “luego de tantos años de desencuentro” era preciso “aprender a perdonar”, a “ser cautos y responsables en el uso de la fuerza, desterrando los excesos, la prepotencia física y verbal”, a “saber escuchar y comprender” y a “tener voluntad efectiva de diálogo” para “dejar finalmente de lado a una Argentina de eternos vencedores y vencidos, donde unos se imponen a otros en desmedro del bien común (subrayado en el original)”.[8] Por ello, “es necesario, antes de que sea demasiado tarde, que ambos regímenes -el autoritario que fenece y el constitucional hacia el que caminamos- sepan construir puentes”. [9]
Para Criterio el acuerdo entre la dirigencia política y las autoridades militares tenía como objetivo central no repetir los errores de la transición de 1973. Sin acuerdos, afirmaba, “se repetirá el perverso sistema que antes hemos padecido”: “el gobierno constitucional será frágil, los gobernantes producto de una victoria pírrica y los derrotados del régimen militar, temerosos de sus faltas y de una hipotética revancha, volverán a ejercer violencia y a conspirar”.[10] Por ello, “pese a la exasperación de la sociedad militar” y para evitar un retorno a 1973 “y de pronto al 45, si de retornar se trata”, “no hay que cortar puentes con los honestos e inteligentes”.[11] Esta preocupación por no repetir el final de la Revolución Argentina muestra la cercanía de algunas de las miradas de Criterio con las intervenciones de intelectuales liberal-conservadores como Víctor Massuh, Mariano Grondona y Germán Bidart Campos que, en el contexto posterior a Malvinas, llamaban la atención sobre la posibilidad de que una transición sin acuerdos, en la que las Fuerzas Armadas sean consideradas por la dirigencia política como extrañas a la democracia, pueda constituirse en la antesala de una nueva etapa de violencia (Vicente, 2015: 167-168),
Si bien la clave para el éxito de la transición pasaba por la posibilidad de un acuerdo, las iniciativas políticas impulsadas por el gobierno militar para condicionar a la dirigencia política -en particular la mencionada propuesta de “concertación económica, política y social” de septiembre y noviembre de 1982 y el “Documento final de la Junta Militar sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo” publicado a fines de abril de 1983- generaron un fuerte rechazo por parte de Criterio. En septiembre de 1982 la revista afirmaba que los gestos que los integrantes de la Junta Militar envían a la sociedad “no son expresivos de serenidad y buen juicio”, puesto que “en lugar de humildad autocrítica, de preocupación por recobrar la racionalidad política hace muchos meses perdida o desorientada, tenemos la sensación de que [el gobierno militar] retoma cierta injustificable soberbia, supuesto que la soberbia en algún caso se justifique”. [12] Desde una mirada crítica que lejos estaba de ser moderada Criterio aseguraba que los militares “deberían admitir que tienen la responsabilidad principal de todo lo sucedido en el último lustro, o de casi todo [...] y asumir esa responsabilidad sin fisuras para responder luego a la sociedad civil con patriotismo y entereza (sic), sin egoísmos corporativos ni arrebatos feudales”.[13] En la misma línea, luego de la publicación del “Documento final” la revista señalaba que “la gran duda que persiste luego de la lectura del documento tiene como objeto su sinceridad” y que “si las palabras no pueden reflejar la realidad es mejor callarse, porque los hechos hablan por sí mismos”.[14] En definitiva, concluía, “lo que el país necesita son cambios silenciosos de conducta y no arrepentimientos verbales”.[15]
A medida que un acuerdo entre civiles y militares se mostraba como imposible Criterio comenzó a centrar su atención en examinar la situación de los partidos políticos que se preparaban para enfrentar el proceso electoral. La preocupación por el rol de los partidos en la futura democracia se puede observar al menos desde la conformación de la Multipartidaria, momento en el que la revista mencionaba como una realidad preocupante que, luego de más de cinco años de clausura política, la reaparición pública de las organizaciones partidarias -en especial en el caso del PJ y de la UCR, consideradas como las únicas con capacidad de triunfar en unas futuras elecciones presidenciales- se había desarrollado bajo el predominio de figuras que habían tenido un protagonismo central en el período previo al que se inició en marzo de 1976.[16] Por ello, como afirma Fabris (2023b: 212), es posible observar en la revista cierta falta de expectativas ante la posibilidad de una renovación de la dirigencia política. Sin embargo, luego de Malvinas Criterio subrayaba como un rasgo característico del proceso de transición que, tras las muertes de Juan Domingo Perón y -más recientemente- Ricardo Balbín, los partidos mayoritarios no tenían liderazgos fuertes.[17] Este dato, que en principio se presentaba como problemático, a medida que avanzaba el proceso de reorganización partidaria comenzó a ser destacado como una oportunidad para la renovación de las elites políticas. En efecto, para comienzos de 1983 la revista afirmaba que la falta de liderazgos indiscutibles era, antes que un problema, una oportunidad para que los partidos, bajo la influencia de nuevos dirigentes, pudieran avanzar en la renovación no solo de nombres propios sino por sobre todas las cosas de prácticas y actitudes corporativas y autoritarias.[18]
La cuestión del liderazgo y la designación de los candidatos para los comicios de octubre de 1983 se resolvió de manera diferente en la UCR y en el PJ. En el primer caso este proceso tuvo una definición relativamente rápida con la nominación de la fórmula compuesta por Alfonsín, líder de la línea Movimiento de Renovación y Cambio (MRyC), y Víctor Martínez, un representante de la Línea Córdoba fundada por Amadeo Sabattini en los años treinta. El triunfo del alfonsinismo en las elecciones internas por sobre Fernando De la Rúa implicaba el desplazamiento de la histórica Línea Nacional de Balbín y el avance al interior del partido de una figura que apelaba a las mayorías populares, se asociaba con la izquierda política, y cuyo discurso reivindicaba la tradición movimientista de Yrigoyen (Velázquez Ramírez, 2019: 69).
En el justicialismo, en cambio, la definición de las candidaturas y el ordenamiento partidario resultaron sumamente conflictivos sin la conducción de Perón, quien hasta su muerte había funcionado como factor de cohesión de las distintas corrientes internas (Velázquez Ramírez, 2019: 69). Si bien los distintos sectores reconocían en Isabel Perón a la líder del movimiento, el sindicalismo, bajo la figura de Lorenzo Miguel, reforzó su hegemonía interna y logró imponer la fórmula de Luder y Deolindo Bittel para la elección nacional, y la candidatura de Iglesias y José Amerise para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, relegando a Antonio Cafiero, líder del Movimiento Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO) y ex Ministro de Comercio Exterior entre 1952 y 1955 y de Economía entre 1975 y 1976, de ambas postulaciones (Ferrari, 2009: 115-122; Brachetta, 2020: 53-54). El perfil de Luder, un candidato que se presentaba como racional y ajeno a las diferencias internas del partido, reeditaba en cierta medida el juego pendular de Perón, al tiempo que intentaba reducir, de cara a la sociedad, la imagen de incompatibilidad de los sectores internos y el temor ante la posible reiteración de los conflictos no resueltos durante el período 1973-1976 en el caso de lograr una victoria electoral (Brachetta, 2020: 55-56). De todas maneras, frente a un radicalismo que aparecía renovado bajo la figura de Alfonsín, el peronismo que emergió a la disputa política entre 1981 y 1983 se mostraba fragmentado, disperso, e incapaz de realizar un balance sobre su anterior experiencia en el gobierno (Aboy Carlés, 2001: 268).
Criterio siguió de cerca la reorganización partidaria de la UCR y del PJ atendiendo principalmente al crecimiento de la figura de Alfonsín y al desarrollo de las discusiones internas del justicialismo. En relación con el líder de MRyC, la revista dedicó varias páginas a la denuncia realizada en abril de 1983 en torno a un supuesto “pacto” entre el gobierno militar y los sindicatos conducidos por el peronismo. La acusación de Alfonsín, que se produjo días antes de la publicación del “Documento Final”, apuntaba a señalar que los sindicatos y las Fuerzas Armadas tenían un acuerdo para darle continuidad a la “Argentina corporativa” y que, en el caso de estos últimos, el pacto tenía como objetivo central garantizar la impunidad por los crímenes que comenzaban a denunciarse en la prensa.[19] Para Criterio el “pacto militar-sindical” no necesariamente era “un escrito formal homologado por algún notario” y “ni siquiera es preciso saber si el pacto es verdadero” puesto que, simplemente, “es verosímil”.[20] Por ello, la cuestión central de cara a las elecciones de octubre pasaba por saber si “se reconstruirían alianzas espurias para asegurar impunidades, encubrir intereses personales, afirmar continuidades indeseables” o, en cambio, “se construirá la coalición social y política que es genuinamente necesaria para producir la instalación del nuevo régimen y, luego, su consolidación (subrayados en el original)”.[21]
En el caso el peronismo, si bien las discusiones fueron más complejas que en el radicalismo, entre julio de 1982 y agosto de 1983 Criterio mostró un relativo optimismo ante la posibilidad de que el partido organizara sus internas y participara de las elecciones de octubre con dirigentes alejados de prácticas que la revista consideraba como reñidas con la democracia. En este sentido, en el número del 22 de julio de 1982 la publicación destacaba que, en una solicitada publicada en el diario Clarín con motivo del aniversario de la muerte de Perón, los firmantes –entre los que se encontraban Carlos Grosso, José Octavio Bordón y Miguel Ángel Toma-, no se presentaban como pertenecientes a “un sector determinado”, sino que representaban a varios sectores partidarios, y “no hay, entre ellos y que se sepa, ningún ‘viejo’”.[22] La novedad era que existía, al interior del movimiento, una “generación intermedia”, un justicialismo “inteligente y republicano, tan digno como otras fuerzas sociales y políticas que postulan la república democrática como marco institucional para ventilar las diferencias de manera civilizada”.[23] En la misma línea, entre mayo y agosto de 1983 la publicación destacó el proceso de afiliación del PJ como un “acontecimiento inédito” puesto que “en vida de Perón la afiliación y la puja interna eran irrelevantes porque el movimiento se manejaba de acuerdo con los criterios de una monarquía cuasi absoluta”.[24] Por ello, afirmaba la revista, “contra muchas previsiones y prejuicios”, el peronismo estaba haciendo “bien sus ‘internas’”, “con candidatos responsables y respetados, dentro y fuera del peronismo”.[25]
El optimismo en torno a la renovación del justicialismo se quebró luego de las elecciones internas que se realizaron en la Provincia de Buenos Aires el 14 de agosto de 1983.[26] Un día después de los comicios Iglesias se adjudicó el triunfo, mientras que la cafierista corriente MUSO señalaba que había logrado la primera minoría.[27] Luego de varias jornadas de negociaciones infructuosas, el congreso partidario bonaerense, reunido el día 25 en el Polideportivo del Club Gimnasia y Esgrima de la ciudad de La Plata, proclamó a Iglesias como candidato a gobernador.[28] Según la crónica de Clarín, los delegados cafieristas -220 sobre los 648 congresales habilitados para votar- se retiraron denunciando irregularidades vinculadas al hostigamiento recibido por parte de los seguidores de Iglesias y a una serie de incidentes que culminaron con militantes de MUSO heridos por disparos de armas de fuego.[29] Si bien los veedores judiciales determinaron que el congreso se había desarrollado con normalidad jurídica, Cafiero, con el apoyo de dirigentes como Grosso, Andrés Framini, Emilio Mignone y Lázaro Rocca, solicitó una nueva reunión partidaria, petición que fue denegada por la justicia electoral el 30 de agosto.[30] Finalmente, luego de que se resolviera la interna bonaerense en favor de Iglesias, el 5 de septiembre el congreso nacional justicialista designó a Isabel Perón como presidenta del partido y a Miguel como vicepresidente primero, y proclamó la fórmula Luder-Bittel para enfrentar a Alfonsín en las elecciones del 30 de octubre.[31]
En el primer número publicado luego de estos episodios Criterio aseguraba que, si bien “al comienzo de la reorganización justicialista ganaron los optimistas –peronistas y no peronistas- que genuinamente desean la democracia y la reconstrucción republicana en el movimiento hasta el momento más popular de la política argentina”, “las cosas marcharon por un cause civilizado hasta llegar al pantano bonaerense”.[32] En la misma línea la revista señalaba que, “luego de las últimas exhibiciones en diversos teatros y recintos, los pesimistas (que en el fondo de su corazón no quieren un peronismo democrático) pueden darse por satisfechos: ‘¿Ven?... ya les decía... esto no camina... tarde o temprano iba a explotar”.[33]
Para Criterio era evidente que el conflictivo desarrollo de la interna de la provincia de Buenos Aires mostraba que al interior del justicialismo convivían “dos peronismos”: “el (…) del interior y el (…) del conurbano bonaerense”.[34] El primero era un partido conducido por líderes políticos con arraigo regional que, en algunos casos, solo eran reconocidos en sus provincias. Este justicialismo, afirmaba la revista, “ha demostrado tener una auténtica vocación por la concordia institucional dentro de las estructuras partidarias”.[35] El otro era el ala sindical conducida por las “62 organizaciones” lideradas por Miguel, con fuerte arraigo en las zonas industriales de la provincia de Buenos Aires, en donde se encontraban los “grandes electores” del justicialismo.[36] Esta situación abría un manto de dudas sobre la posibilidad de que la transición el punto de partida de una democracia duradera. Si bien Luder era la mejor opción disponible para la candidatura presidencial del PJ, puesto que con su designación el justicialismo “expulsó a los candidatos situados en los extremos”, la pregunta que quedaba pendiente era si “una fórmula importante, con un candidato a presidente que ha dado testimonio de ponderación y espíritu constructivo”, era suficiente para ocultar la continuidad del “poder corporativo” que representaban los candidatos de la provincia de Buenos Aires y aun así lograr un triunfo a nivel nacional. [37] Sumado a esto, y atendiendo nuevamente a la experiencia del período 1973-1976, la revista señalaba que “conviene interrogarse seriamente acerca del futuro que tendrá en el peronismo la confrontación entre el poder político y el poder sindical” si, tal como se podía prever por la histórica capacidad electoral del justicialismo, Luder accedía al gobierno nacional mientras el sindicalismo mantenía el control del aparato partidario.[38]
El resultado de las elecciones: la emergencia de una Argentina “secreta” y los desafíos de la nueva democracia
Si bien como señalamos antes, para Criterio el peronismo era el partido que mejores chances tenía de triunfar en las elecciones de octubre, en los meses previos a los comicios la revista no dejó de mencionar como un dato relevante el crecimiento de la UCR en las encuestas de opinión, fenómeno que también se puede observar en la prensa de la época.[39] En este sentido, a fines de julio de 1983 señalaba que el ascenso del radicalismo parecía firme y, si no era suficiente para lograr una victoria, si lo era para garantizar “una elección reñida”.[40] Si bien se proponía no ceder ante la evidencia de “los resultados de las encuestas que circulan aquí y allá”, la revista aseguraba que esos estudios exhibían la “popularidad creciente” del líder radical así como “el desafecto de la mayoría de los encuestados por Isabel Perón”.[41] Este dato daba cuenta de que “peronistas históricos prefieren a Raúl Alfonsín”, “lo cual no quiere decir que en el momento en que depositen su voto esa preferencia venza sus fidelidades históricas. O quizás sí”.[42] En el mismo sentido, en el número del 27 de octubre, sobre el cierre de las campañas, Criterio afirmaba que “el peronismo se muestra fuerte, dividido y triste” mientras que “el radicalismo exhibe capacidad movilizadora, unidad y sostenida iniciativa política”.[43] Sumado a esto, “el mundo de la cultura, que diez años atrás se mostraba proclive a un peronismo militante renovado por el retorno y la fuerza de los mitos, ha sido captado por el alfonsinismo”.[44] Por ello, resultaba evidente “la emergencia del radicalismo o del ‘alfonsinismo’ como alternativa de poder, lo cual transformaba en competitivo un sistema de partidos históricamente desequilibrado por la hegemonía justicialista (subrayados en el original)”.[45]
Finalmente, el 30 de octubre de 1983 la fórmula de la UCR obtuvo 7.659.530 votos, un 52% del total de los electores, mientras que el PJ alcanzó 5.936.656 votos, es decir el 40%. El caudal obtenido por Alfonsín mostraba que, tal como había vaticinado Criterio unas semanas atrás, una parte del electorado históricamente justicialista había abandonado su tradicional inclinación partidaria para optar por el candidato radical. De todas formas, más allá de la diferencia a nivel nacional, los resultados fueron desiguales según la región. Mientras en la Capital Federal y en las provincias más pobladas -Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos- la ventaja del radicalismo sobre el justicialismo fue considerable, en las provincias más pequeñas el peronismo había logrado importantes triunfos, por lo cual tendría doce gobernadores contra siete del radicalismo, y tres senadores más que su rival a partir de diciembre (Novaro y Palermo, 2013: 539).
Contrariamente a las propias lecturas que enfatizaban en las posibilidades electorales de la UCR, los resultados del 30 de octubre fueron presentados por Criterio como una sorpresa de carácter histórico. En el primer número posterior a las elecciones, publicado el 10 de noviembre, la revista comparó la victoria de Alfonsín con la de Perón en febrero de 1946. En esta línea afirmaba que, así como los dirigentes de la Unión Democrática “deambulaban por los viejos comités como almas en pena” porque no comprendían que una “Argentina secreta” había cristalizado “sus apetencias igualitarias en la figura carismática de Perón”, los dirigentes peronistas de 1983, con Iglesias y Norberto Imbellone a la cabeza, no podían comprender la nueva situación y se mostraban incapaces de aceptar que una nueva “Argentina secreta” no los había acompañado en los comicios y que “treinta y siete años después habían perdido”.[46]
Para Criterio la victoria de Alfonsín, el candidato que mejor planteó en la campaña electoral “el debate entre democracia y dictadura corporativa”, revelaba la existencia de una ciudadanía moderna, democrática y anticorporativa. Esta “Argentina secreta” que votó por el candidato radical, expresó en los comicios su hartazgo por “la violencia, las arrogancias elitistas y populistas, el mesianismo de los dogmáticos [y] la ambición de los poderes corporativos” que habían convertido a la Argentina en “una sociedad de habitantes mutilada por el interés sectorial: patrias particulares –militar, metalúrgica, financiera- sobre la patria común”.[47] Los resultados del 30 demostraban que “el pueblo ha dicho que no a este decadente espectáculo”, que “hemos vuelto a la ciudadanía; a obrar con sentido de bien común”.[48] Esta lectura, adelantada por Floria y Botana en una serie de notas de opinión que los autores publicaron en el diario La Nación entre el 24 de octubre y el 3 de noviembre, tenía importantes puntos de contacto con algunas de las formulaciones de las derechas liberal-conservadoras en el periodo.[49] En particular con las miradas de figuras vinculadas a la Unión del Centro Democrático como Álvaro Alsogaray y Manuel Mora y Araujo, que señalaban que el triunfo radical mostraba la incapacidad de las elites tradicionales para comprender a la ciudadanía y para proponer opciones que fueran más allá de los particularismos y los personalismos de corto plazo (Morresi, 2019: 221-225).
La tesis de la “Argentina secreta” fue también el eje sobre el que Criterio construyó la explicación de las particulares características de la derrota del peronismo. Para la revista, luego de la Guerra de Malvinas reaparecieron al interior del justicialismo “los viejos protagonistas, y si bien [el partido] sorteó el conflicto por las candidaturas no pudo evitar la imagen –reflejo de una realidad profunda- de que encarnaba el ‘continuismo corporativo’”.[50] En consecuencia, ante un radicalismo que se mostraba renovado en la figura de su candidato, el justicialismo “carecía de la fuerza movilizadora de la juventud y de la energía mítica del mundo cultural”.[51] Por ello, retomando tópicos que ya había explorado a lo largo del año, la publicación afirmaba que el peronismo “no era, como diez años atrás, el movimiento de protesta antimilitar, el soplo revolucionario que muchos jóvenes sintieron y que los empresarios de la subversión explotaron”.[52] Esta idea se revalidaba por el hecho de que fue derrotado “allí donde el aparato estaba controlado por mafias corporativas, o por [...] dirigentes que hacían gala de su ignorancia y de su pasado delictivo”, tal el caso de la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires.[53] En clara alusión al episodio en el que Iglesias prendió fuego un cajón mortuorio con la leyenda de la UCR durante el acto de cierre de campaña del PJ el 28 de octubre en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires, la revista aseguraba que los dirigentes sindicalistas o vinculados al sindicalismo “sepultaron a los candidatos a la Presidencia y al peronismo político del interior”.[54]
Para Criterio la reorganización interna del peronismo de cara al futuro resultaba central a la hora de pensar en la consolidación del sistema democrático naciente. El PJ era el principal partido de la oposición y, como tal, tenía la tarea de controlar una eventual tendencia al personalismo que diera forma a un excesivo poder del Estado bajo el gobierno radical. Por otra parte, el justicialismo debía constituirse como un partido con capacidad para canalizar las demandas de la sociedad en el marco de las reglas del juego democráticas. En relación a esto último, la revista aseguraba que “el peronismo será tentado por los conspiradores que volverán, por los ultras de la derecha que reclaman no olvide su ‘antiliberalismo’ no sólo económico, sino político y cultural, y por los ultras de la izquierda que buscarán atrapar segmentos desencantados”.[55] Para la publicación “si el peronismo cae en cualquiera de esas tentaciones será llevado a la oposición antisistema, a la polarización centrífuga, y al cabo, a la crisis final”.[56] Esta situación “puede arrastrar con ella la transición democrática –que no verá la luz de la consolidación-, y contribuirá de ese modo a un retorno autoritario más grave que las experiencias conocidas, porque hasta eso es posible”.[57] Por ello, “los políticos del justicialismo”, “dirigentes relativamente victoriosos –por lo pronto en sus provincias y distritos menores- y dirigentes que fueron marginados en la una lucha interna que no fue siempre limpia, sino, a veces, a punta de pistola o con el empleo de la prepotencia” -entre los que mencionaba a Carlos Menem, Ángel Robledo, Raúl Matera y Jorge Triaca- tenían el desafío de iniciar una renovación partidaria que relevara de las posiciones de privilegio a los “dirigentes reaccionarios”.[58]
Si la cuestión peronista era una incógnita de cara al futuro, uno de los datos positivos que señalaba Criterio en relación al contundente resultado electoral en favor de Alfonsín era la consolidación del poder presidencial, “fragmentado hasta límites inconcebibles durante el ‘Proceso’ por la feudalización de las tres armas”.[59] Sin embargo, lejos de la posibilidad de que el nuevo primer mandatario tuviera en sus manos un control absoluto del Estado, y a diferencia de otras elecciones posdictatoriales como las de 1946, 1958 o 1973, la revista afirmaba que en 1983 “el partido triunfante no ha arrasado con todas las posiciones de poder” sino que, por el contrario, de los comicios surgió “una distribución bipartidaria del poder” en la que “radicalismo y justicialismo han reunido casi el 90% de los sufragios”.[60] Por ello “el presidente electo no es un nuevo Perón, ni el comicio ha sido un plebiscito para elegir a un dictador civil o a un monarca”.[61] Estos señalamientos se vinculaban a la necesidad de evitar que la UCR incurra a partir de diciembre en el “partidismo”, es decir en la actitud que conducía a las élites políticas a colocar los intereses de sus agrupaciones y de sus dirigentes sobre el bien común de la sociedad, una de las características que la publicación mencionaba como propias de la política argentina al menos desde mediados de los años cincuenta (Teodoro, 2024: 103-107). En este sentido, si bien era lógico que “durante una campaña electoral se personalice al partido acentuando la figura de su máximo candidato, y luego se personalice el poder encarnado en la presidencia”, la revista afirmaba que “esto no debe conducir ni en el partido, ni en el gobierno a personalismos dañinos que fomentan la adulación, la complacencia y la falta de autocrítica”.[62]
Por último, si la sociedad estaba constituida por una amplia mayoría de ciudadanos modernos, democráticos y anticorporativos, Criterio señalaba que la consolidación de la democracia solo sería posible si se producía un “cambio de mentalidad muy profundo” no solo entre las elites políticas, sino también al interior de “las instituciones signadas por largas tradiciones corporativas”, entre las que mencionaba a la propia Iglesia católica.[63] Dos meses antes de las elecciones la revista recordaba que, en el marco de un orden autoritario y corporativo “que en ocasiones contribuyó a implantar”, la institución se había presentado “equivocadamente” ante la sociedad como un sector más en la puja por intereses particulares.[64] Por ello, ante el cambio de etapa que se avizoraba, las autoridades debían “revisar el estilo de las relaciones entre la Iglesia, el gobierno y las fuerzas sociales” y modificar “algunas costumbres” como la de “pedir favores (nunca gratuitos) a funcionarios adictos”.[65] En el mismo sentido, la publicación aseguraba que cuando los obispos “entran al campo político, y los sacerdotes tras ellos, se corre el serio riesgo de introducir divisiones en la Iglesia y de revitalizar un siempre latente anticlericalismo”.[66]
Luego del triunfo de Alfonsín, la preocupación por el futuro de las instituciones corporativas en la nueva democracia se extendió a las Fuerzas Armadas, los sindicatos y las organizaciones empresariales. Sobre los militares, que durante sus etapas en el gobierno “se alimentaron de las intrigas de palacio y la concesión de prebendas, comportamientos propios de las monarquías absolutas”, la revista señalaba que “tendrán que reelaborar su doctrina y modificar su educación política para dejar de pensarse a sí mismas como la reserva moral de la Nación y custodios privilegiados del ‘ser nacional’, renunciando a los privilegios económicos, previsionales, empresarios y educativos que se han acordado a sí mismas a lo largo de los años”.[67] Los sindicatos, por su parte, “tendrán que admitir en su seno un pluralismo de corrientes de opinión y acostumbrarse a dejar de ‘parar el país’ mediante huelgas generales al servicio de fines políticos”, mientras que los empresarios “deberán aceptar el rol mediador de los partidos y volver a practicar la negociación colectiva con los trabajadores”.[68] Impulsar estas transformaciones, que implicaban el alineamiento entre la sociedad -cuya mayoría democrática se había expresado en octubre-, las elites políticas y las instituciones con tradiciones corporativas desarrolladas al calor de la vida política nacional desde 1930, sería el desafío que enfrentaría la futura democracia.
Conclusiones
Como hemos visto, la apertura democrática que siguió a la derrota en Malvinas y al derrumbe del régimen militar fue interpretada por Criterio como una oportunidad para dejar atrás definitivamente la tendencia corporativa de la política argentina. En ese contexto, la revista destacó la necesidad de que las elites políticas y militares avanzaran en un acuerdo para que el futuro gobierno no se viera sometido a las presiones de los grupos de interés corporativos inmediatamente luego de asumir. Ante la actitud de la corporación militar, que se mostraba más preocupada por imponer condicionamientos al proceso para garantizar la propia impunidad que por construir un orden democrático estable, la publicación apuntó a señalar que los partidos tendrían que construir un liderazgo fuerte que les permitiera en el futuro someter a los grupos de interés a las decisiones del poder político. El surgimiento de la figura de Alfonsín en la UCR y la centralidad que ganaba Luder en el PJ generaron un optimismo que pronto se transformó en decepción ante el camino que tomó la interna que el peronismo realizó en la provincia de Buenos Aires en la segunda quincena del mes de agosto de 1983. Allí aparecieron, en la mirada de la revista, las tradicionales actitudes antidemocráticas y corporativas de un movimiento que no parecía, en ese contexto, capaz de solucionar sus divisiones internas. Finalmente, el triunfo de Alfonsín abrió un nuevo panorama. Una “Argentina secreta”, moderna, democrática y anticorporativa, había elegido a un candidato que hizo de esos elementos los ejes centrales de su campaña electoral. La ciudadanía que parecía aceptar pasivamente la violencia militar y los “pactos” corporativos, había desarrollado, al mismo tiempo y “en secreto”, una postura crítica ante esa realidad que se expresó en forma de votos al candidato radical.
El recorrido del artículo permite dar cuenta de la existencia de puntos de contacto entre las lecturas de Criterio y las de otros actores políticos y religiosos sobre la transición que tuvo lugar entre 1982 y 1983. En primer lugar, la comparación del proceso político posterior a Malvinas con la transición de 1973 y la interpretación de la victoria de Alfonsín como un momento refundacional que abría el camino a una posible renovación de las elites tradicionales acercó a la publicación a la mirada de los intelectuales y políticos liberal-conservadores. Esta proximidad, así como el contenido de las notas de opinión publicadas por Floria y Botana en La Nación, permite suponer la persistencia de la circulación de ideas entre el grupo intelectual que formaba parte de la revista y esa familia de las derechas argentinas que se puede observar en los años posteriores al derrocamiento del peronismo (Teodoro, 2024). Por otra parte, el recorrido del artículo revela que Criterio se desmarcó de aquellas publicaciones de tendencia integrista y nacionalista como Cabildo, Roma o Verbo que vieron en la salida electoral la antesala de un nuevo avance del marxismo y en Alfonsín y sus funcionarios una expresión local del comunismo internacional (Cersósimo, 2022: 316-317; Rossi, 2022; Fabris, 2023b: 214; Pattin y Quiriti, 2023). Al mismo tiempo, si bien reconoció la invitación al diálogo realizada por la Conferencia Episcopal, la publicación dirigida por Braun criticó el estilo de conducción de los Obispos que en el pasado cercano llevó a confundir a la Iglesia con un grupo presión corporativo. Este posicionamiento muestra la autonomía de la que podía hacer gala para presentar sus opiniones en el campo de la política como una voz de orientación católica pero no como la voz oficial de la Iglesia argentina.
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Francisco Teodoro es Profesor Universitario en Historia y Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de General Sarmiento. Se encuentra realizando su tesis doctoral en el Programa de Posgrado en Ciencias Sociales de dicha Universidad. Se especializa en historia intelectual e historia de las ideas, con investigaciones centradas en los vínculos entre catolicismo y política en la segunda mitad del siglo XX. Se desempeña como formador en Ciudadanía y Derechos Humanos en el CIIE del distrito de San Isidro, y como profesor de Historia Económica y Social argentina en el ISFD N°42 y de Historia y Política de la Educación argentina en el ISFD N°174, instituciones dependientes de la Dirección de Educación Superior de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.
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[1] Para un análisis de la línea editorial de Criterio entre la fundación de la revista y los años ochenta se puede consultar el libro La revista Criterio y el siglo XX argentino. Religión, cultura y política, coordinado por Miranda Lida y Mariano Fabris (2019). En el período abierto por el golpe que derrocó a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 se pueden mencionar diversos trabajos que no forman parte de la compilación y que analizan los posicionamientos de la revista en torno a las discusiones internas del universo católico antes y después del Concilio Vaticano II (Zanca, 2006; Pattin, 2015, 2018), la relación con las derechas liberal-conservadora y nacionalista (Teodoro, 2024), las lecturas sobre el contexto político y religioso en el marco del tercer peronismo (Fabris & Pattin, 2021) y la actitud ante el golpe de 1976 (Borrelli, 2005).
[2] En el periodo específico que aborda este artículo se pueden mencionar, junto con el capítulo de Fabris (2019) en el citado libro que el autor coordinó con Lida, otros trabajos en los que el historiador analiza los posicionamientos de la revista ante la transición y la cuestión de los Derechos Humanos (Fabris, 2015, 2023b) y un artículo de Pattin en colaboración con Gabrila Quiriti en el que se aborda a Criterio como parte de las derechas católicas entre la Guerra de Malvinas y las elecciones de 1983 (Pattin & Quiriti, 2023). En relación con las otras publicaciones mencionadas, la bibliografía es extensa. Sobre Cabildo se pueden consultar los trabajos de Jorge Saborido (2004, 2005, 2007, 2011), Laura Rodríguez (2011) y Sebastián Ruiz (2024) para el período que se extiende entre 1973 y 1983. Para el periodo abierto en 1983 se puede ver un trabajo del propio Fabris (2023a) y un artículo de Ignacio Andrés Rossi (2022) en el que se abordan las miradas económicas de la revista entre 1983 y 1985. Verbo y Roma han sido menos estudiadas para el período final de la dictadura: los trabajos de Elena Scirica, (2010, 2012a, 2012b) sobre estas publicaciones apuntan a analizar los años sesenta y principios de los setenta. Desde una perspectiva comparada Matías Grinchpun (2019) aborda las lecturas de Cabildo y Verbo sobre la Guerra de Malvinas y el mencionado trabajo de Pattin y Quiriti (2023) ofrece un panorama sobre las posturas comparadas de Criterio, Cabildo, Verbo y Roma durante los años finales de la dictadura. Para un análisis de las impugnaciones de los intelectuales católicos integristas a las políticas de la última dictadura se puede consultar el libro de Facundo Cersósimo (2022).
[3] Entre ellos se destacaban la vigencia del estado de sitio, la mecánica electoral, la lucha contra el terrorismo, los desaparecidos, la investigación de los ilícitos, la estabilidad de la justicia, el plan económico, la deuda externa, la fijación del presupuesto de 1984, la represa de Yaciretá, los sindicatos, las obras sociales, Malvinas, el conflicto del canal Beagle y la presencia militar en el próximo gobierno.
[4] El tema de las violaciones a los Derechos Humanos se vinculaba directamente a la revelación en la prensa nacional de distintos hechos vinculados al terrorismo de Estado que, por el tono sensacionalista, Inés González Bombal (1995: 204) denominó como “show del horror”, y a la presentación, por parte del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), de denuncias por la existencia de tumbas sin identificar que podrían corresponder a detenidos-desaparecidos en diversos cementerios del país. Para un análisis sobre las relaciones entre el “show de horror” y las lecturas de la prensa argentina sobre la cuestión de los desaparecidos entre el final de la dictadura y los primeros meses de la democracia se puede consultar el trabajo de Claudia Feld (2015) en el libro Democracia, hora cero que la autora publicó junto a Marina Franco. En la misma obra se puede consultar el trabajo de Juan Gandulfo (2015) sobre el caso de las tumbas NN en el cementerio de Grand Bourg, en el municipio de General Sarmiento en la Provincia de Buenos Aires.
[5] La política no es un juego. Criterio, N° 1859, 14 de mayo de 1981, p. 228.
[6] La crisis militar. Criterio, N° 1884, 8 de julio de 1982, p. 329.
[7] Preparar el futuro. Criterio, N° 1887, 26 de agosto de 1982, p. 435.
[8] Superar la crisis. Criterio, N° 1888, 9 de septiembre de 1982, p. 473.
[9] La convergencia cívico militar. Criterio, N° 1889, 23 de septiembre de 1982, p. 511.
[10] La convergencia cívico militar. Criterio, N° 1889, 23 de septiembre de 1982, p. 511.
[11] Recobrar la racionalidad política. Criterio, N° 1889, 23 de septiembre de 1982, p. 511.
[12] Recobrar la racionalidad política. Criterio, N° 1889, 23 de septiembre de 1982, p. 510.
[13] Recobrar la racionalidad política. Criterio, N° 1889, 23 de septiembre de 1982, p. 510.
[14] Un tiempo para callar… Criterio, N° 1901, 12 de mayo de 1983, p. 184. El “Documento final” y el Acta Institucional expresaban la fuerza del consenso antisubversivo que primaba al interior de las Fuerzas Armadas. Ambos documentos defendían el rol de la institución en la “lucha contra la subversión”, promovían la idea de que las fuerzas volverían a actuar en caso de ser necesario, declaraban muertos a los desaparecidos y negaban la existencia de campos clandestinos de detención (Canelo, 2016: 213).
[15] Un tiempo para callar… Criterio, N° 1901, 12 de mayo de 1983, p. 184.
[16] El túnel del tiempo. Criterio, N° 1864, 23 de julio de 1981, p. 410.
[17] Una estrategia de reconciliación. Criterio, N° 1884, 8 de julio de 1982, p. 330.
[18] El turno de los civiles. Criterio, N° 1897, 10 de marzo de 1983, p. 39.
[19] La denuncia tuvo amplia repercusión en la prensa nacional. La Nación hizo énfasis en las desmentidas del presidente Bignone, del ministro de Trabajo Héctor Villaveiran, así como de miembros de la Junta –en particular Cristino Nicolaides, el principal apuntado por Alfonsín- en relación con la inexistencia de un acuerdo con las estructuras sindicales. Ver: Fuerte repercusión tiene la denuncia de un supuesto pacto (27 de abril de 1983). La Nación, pp. 1; Bignone y Nicolaides: no existe ningún pacto (28 de abril de 1983). La Nación, pp. 1.; Alfonsín ratificó su denuncia sobre el pacto militar-sindical (29 de abril de 1983). La Nación, pp. 1. Clarín, por su parte, también recuperó la voz de los principales dirigentes del peronismo que apuntaron a señalar que la denuncia era simplemente una estrategia política de Alfonsín para debilitar al justicialismo de cara a las futuras elecciones. Ver: Condenan un pacto militar-sindical, Clarín, 25 de abril de 1983, pp. 3; Niega el justicialismo un acuerdo militar-sindical, Clarín, 27 de abril de 1983. pp. 3; Nicolaides negó la existencia de un pacto militar-sindical, Clarín, 28 de abril de 1983, pp. 3; El consejo peronista descalificó la versión, Clarín, 28 de abril de 1983, pp. 4; y Ubaldini desafió a Raúl Alfonsín, Clarín, 28 de abril de 1983, pp. 4.
[20] El pacto. Criterio, N° 1901, 12 de mayo de 1983, p. 187.
[21] El pacto. Criterio, N° 1901, 12 de mayo de 1983, p. 187.
[22] ¿Qué pasa en el peronismo? Criterio, N° 1885, 22 de julio de 1982, p. 366. Los firmantes de la solicitada proponían que el peronismo “se organice y alcance su etapa institucional, pasando de lo gregario a lo orgánico mediante el ocaso de los personalismos y la primacía de la organización”, y que los peronistas “combatamos y marginemos a los sectores que se resisten a institucionalizar la lucha por las ideas y persisten en la práctica de la agresión solapada o abierta.” Por último, se mencionaba que “sabemos que los peronistas no somos la totalidad del pueblo de la Patria; pero tampoco desconocemos la significación de nuestra fuerza mayoritaria.” Solicitada: Para reconstruir la Nación: sinceridad, paz y libertad, Clarín, 1 de julio de 1982, pp. 22-23.
[23] ¿Qué pasa en el peronismo? Criterio, N° 1885, 22 de julio de 1982, p. 366.
[24] Antes de las internas, Criterio, N° 1902, 26 de mayo de 1983, p. 223 y Nueva etapa en el peronismo, Criterio, N° 1908, 25 de agosto de 1983, p. 439.
[25] La U.C.R. en ascenso, Criterio, N° 1906, 28 de julio de 1983, p. 366.
[26] Para un seguimiento exhaustivo de las discusiones internas del justicialismo de la provincia de Buenos Aires entre 1982 y 1983, ver Ferrari (2009) y Baeza Belda (2017).
[27] Se negocia a todo trapo, Clarín, 19 de agosto de 1983, pp. 8.
[28] Proclamaron a Iglesias-Amerise, Clarín, 26 de agosto de 1983, pp. 6.
[29] Estos incidentes se produjeron luego de que Norberto Imbelloni, colaborador del ex intendente de Avellaneda, permitiera el ingreso de público –unas 500 personas- al recinto. Ver Una mujer fue herida,, Clarín, 26 de agosto de 1983, pp. 7.
[30] Impugnación de Cafiero, Clarín, 26 de agosto de 1983, pp. 6; La justicia levantó las restricciones al congreso bonaerense, Clarín, 31 de agosto de 1983, pp. 7; y Concluyó el congreso peronista bonaerense y conformó sus listas, Clarín, 1 de septiembre de 1983, pp. 5. El cafierismo afirmaba que el congreso era nulo porque fue invadido por personas ajenas a la organización partidaria, fueron entregados diplomas de congresales de forma indiscriminada, y porque se realizó bajo un clima de presión psicológica y violencia, y con manifiesta parcialidad de la veedora judicial. Solicitada: Dentro de la ley todo, fuera de la ley nada, Clarín, 28 de agosto de 1983, pp. 8.
[31] El peronismo proclamó a Luder-Bittel, Clarín, 6 de septiembre de 1983, pp. 2-3; y Luder y Bittel son los candidatos peronistas, La Nación, 6 de septiembre de 1983, p. 1.
[32] Dos peronismos. Criterio, N° 1909, 8 de setiembre de 1983, p. 475.
[33] Dos peronismos. Criterio, N° 1909, 8 de setiembre de 1983, p. 475.
[34] Dos peronismos. Criterio, N° 1909, 8 de setiembre de 1983, p. 475.
[35] Dos peronismos. Criterio, N° 1909, 8 de setiembre de 1983, p. 475.
[36] Dos peronismos. Criterio, N° 1909, 8 de setiembre de 1983, p. 475.
[37] La fórmula justicialista. Criterio, N° 1910, 22 de setiembre de 1983, p. 510.
[38] La fórmula justicialista. Criterio, N° 1910, 22 de setiembre de 1983, p. 510.
[39] Entre otras, se pueden mencionar las siguientes notas periodísticas que hacían énfasis en la competitividad de la UCR para las elecciones de octubre: Esperanzada campaña de la UCR en Buenos Aires, La Nación, 1 de septiembre de 1983, p. 1; Una encuesta sobre las preferencias electorales, La Nación, 6 de septiembre de 1983, p. 11; Raúl Alfonsín: “Cada día nos sentimos más optimistas”, La Nación, 17 de octubre de 1983, p. 5; Lo que dicen las encuestas, La Nación , 2 de octubre de 1983, p. 1.; y Boinas, color y euforia, Clarín, 27 de octubre de 1983, p. 4.
[40] La U.C.R. en ascenso. Criterio, N° 1906, 28 de julio de 1983, p. 367.
[41] La U.C.R. en ascenso. Criterio, N° 1906, 28 de julio de 1983, p. 366.
[42] La U.C.R. en ascenso. Criterio, N° 1906, 28 de julio de 1983, p. 366.
[43] Para leer después de las elecciones. Criterio, N° 1912, 27 de octubre de 1983, pp. 582-583.
[44] Para leer después de las elecciones. Criterio, N° 1912, 27 de octubre de 1983, p. 582-583.
[45] Para leer después de las elecciones. Criterio, N° 1912, 27 de octubre de 1983, p. 582-583.
[46] La victoria de la Unión Cívica Radical. Criterio, N° 1913, 10 de noviembre de 1983, p. 615.
[47] La victoria de la Unión Cívica Radical. Criterio, N° 1913, 10 de noviembre de 1983, pp. 615-616.
[48] La victoria de la Unión Cívica Radical. Criterio, N° 1913, 10 de noviembre de 1983, p. 616.
[49] Ver Floria, Carlos (24 de octubre de 1983). La Argentina secreta, un país político probablemente distinto, La Nación, p. 9; Floria, Carlos (3 de noviembre de 1983). Del antiguo régimen a la democratización, La Nación, p. 9; y Botana, Natalio (1 de noviembre de 1983). La victoria de Raúl Alfonsín, La Nación, p. 7.
[50] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[51] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[52] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[53] La victoria de la Unión Cívica Radical. Criterio, N° 1913, 10 de noviembre de 1983, p. 616.
[54] La victoria de la Unión Cívica Radical. Criterio, N° 1913, 10 de noviembre de 1983, p. 616.
[55] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[56] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[57] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655.
[58] El futuro del peronismo. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 655. Estos dirigentes, con excepción de Menem, constituían el “ala derecha” del peronismo en el momento de la reorganización posterior a Malvinas. Robledo dirigía la “Coordinadora de Acción Justicialista”; Matera lideraba el grupo “Reafirmación Doctrinaria”; y Triaca conducía la “Comisión Nacional de Trabajo” una fracción dialoguista de la CGT-Azopardo enfrentada a la CGT-Brasil que lideraba Saúl Ubaldini (Garategaray, 2013: 36-37).
[59] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 651.
[60] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 651.
[61] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 652.
[62] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 652.
[63] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 653.
[64] El porvenir de la Iglesia en Argentina. Criterio, N° 1909, 8 de septiembre de 1983, p. 471.
[65] El porvenir de la Iglesia en Argentina. Criterio, N° 1909, 8 de septiembre de 1983, p. 471.
[66] Paso atrás. Criterio, N° 1908, 25 de agosto de 1983, p. 438.
[67] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 653.
[68] Manos a la obra. Criterio, N° 1914, 24 de noviembre de 1983, p. 653.
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