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Pasado Abierto - Año de inicio: 2015 - Periodicidad: 2 por año
https://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto - ISSN 2451-6961 (en línea)

Mauro Brusco

Pasado Abierto. Revista del CEHis. Nº3. Mar del Plata. Enero-Junio 2016.
ISSN Nº2451-6961.
http://fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/pasadoabierto


Nuevos actores del sistema político argentino y la disputa subnacional. Las estrategias electorales del PRO en la Provincia de Buenos Aires (2005-2015)

Sebastián Mauro
Universidad de Buenos Aires,
Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas,
Argentina
smauro@sociales.uba.ar


Paula Brusco
Universidad de Buenos Aires,
Consejo Interuniversitario Nacional,
Argentina
pauu_16@hotmail.com

Recibido:14/05/2016
Aceptado: 23/06/2016

Resumen

Propuesta Republicana (PRO) es la primera organización extrabipartidista que conquista la Presidencia de la Nación, y también la primera en acceder al gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Hasta las elecciones presidenciales de 2015, su principal capital político era la jefatura de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, uno de los distritos más relevantes de la política argentina, pero con escasa o nula presencia en el resto del país. ¿Qué condiciones favorecieron el crecimiento del PRO y su vertiginosa expansión territorial?, ¿Qué estrategias desarrolló el partido para instalarse electoralmente más allá de la Ciudad de Buenos Aires? ¿Qué política de alianzas electorales sirvieron a estos objetivos? El presente artículo se propone explorar su trayectoria a partir del análisis de las estrategias coalicionales desarrolladas en la Provincia de Buenos Aires durante el período 2005-2015, atendiendo a los alineamientos para la postulación de cargos nacionales (diputados), provinciales (gobernador, diputados y senadores) y municipales (a nivel de los 24 distritos del Conurbano).

Palabras claves: elecciones; coaliciones partidarias; política subnacional

The subnational electoral competition in Argentina and the new political parties. PRO electoral strategies in Buenos Aires (2005-2015)

Abstract

Propuesta Republicana (PRO) is the first extrabipartisan organization that wins the Presidency, and the Government of the province of Buenos Aires. Until the presidential elections in 2015, their main political capital was the government of the city of Buenos Aires, one of the most important districts of Argentine politics, but they had little presence in the rest of the country. What conditions favored the growth of PRO and its rapid territorial expansion? Which strategies of political accumulation were developed by the party to achieve the Buenos Aires Government? This article aims to explore its career based on an analysis of the strategies developed by PRO in the province of Buenos Aires during the period 2005-2015.

Keywords: elections; coalitions; subnational politics

Nuevos actores del sistema político argentino y la disputa subnacional. Las estrategias electorales del PRO en la Provincia de Buenos Aires (2005-2015)



Introducción

En la última década, la literatura sobre partidos políticos ha puesto el foco sobre el proceso de federalización del sistema político (Gibson y Suárez Cao, 2010) y sobre las estrategias que asumen las organizaciones partidarias para operar en contextos complejos, donde las arenas subnacionales son heterogéneas. En esta línea se desarrolló el interés por la formación de coaliciones electorales multinivel, es decir, coaliciones entre partidos que compiten por distintos niveles de cargos (nacionales, provinciales, locales) en arenas electorales diversas. La acumulación de evidencia empírica indica que los partidos tradicionales, el Partido Justicialista (PJ) y la Unión Cívica Radical (UCR) han tendido a extender cada vez más el recurso a las alianzas electorales con otros partidos, y dado que ambas fuerzas atraviesan procesos de desnacionalización, la celebración de alianzas electorales cruzadas o incongruentes se ha convertido en un tópico recurrente de la literatura (Clerici, 2013).

No obstante, la preocupación por la federalización del sistema partidario ha tendido a orientarse exclusivamente hacia el impacto de la desnacionalización del PJ y de la UCR en la competencia política nacional y en las arenas provinciales (Leiras, 2007). Escaso interés se ha suscitado sobre cómo operan en distintos contextos las fuerzas políticas extrabipartidistas. Incluso la atención sobre fuerzas ajenas a los dos partidos tradicionales ha salido de la agenda de investigación sobre la política argentina, luego de que los estudios que postulaban la desaparición del bipartidismo (Abal Medina y Suárez Cao, 2003) se enfrentaran a la disolución de aquellos partidos que emergieron hacia fines del siglo XX, como el Frente País Solidario (FREPASO). El fracaso de las “terceras fuerzas” en sostenerse en el tiempo, llevó a algunos autores a afirmar que el sistema partidario argentino muestra una continuidad inalterada del bipartidismo (Malamud, 2011).

La trayectoria electoral de Propuesta Republicana (PRO), que ha logrado sostener el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por tres períodos, ha conquistado la presidencia de la nación y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, además de un nutrido y territorialmente representativo contingente legislativo resulta sugerente. Ello es porque deja al descubierto la necesidad de analizar las condiciones que favorecen la emergencia de nuevos actores políticos y, especialmente, los factores que permiten que estos actores sean capaces de superar las limitaciones temporales y territoriales que hasta ahora les ha imputado la literatura.

La evolución del PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha sido estudiada en diversos trabajos (Mauro, 2011; Mattina, 2015; Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015), que abordaron las características del liderazgo de Mauricio Macri, la composición social de la élite partidaria, su capacidad de representar al volátil electorado porteño, los vínculos con experiencias políticas previas de la centroderecha, las estrategias discursivas del partido, etc.

No obstante, la trayectoria de expansión territorial y, las condiciones que encuentra el PRO como fuerza extrabipartidista para operar en un contexto multinivel, casi no han sido abordadas (a excepción de Mauro, 2015). ¿Cómo logra una fuerza política circunscripta territorialmente instalarse de manera eficaz en arenas electorales heterogéneas y menos permeables a la emergencia de nuevos jugadores?, ¿Cómo puede una fuerza política débilmente organizada e institucionalizada lidiar con las tensiones propias de la competencia en múltiples arenas y niveles?

El presente artículo pretende constituir un aporte al conocimiento sobre estos interrogantes, a partir del análisis de la trayectoria electoral del PRO en la Provincia de Buenos Aires, desde su primera incursión en las legislativas de 2005, hasta conquistar el ejecutivo provincial en 2015, atendiendo especialmente a dos aspectos.

En primer lugar, se analizan las estrategias coalicionales desplegadas por el PRO en el territorio bonaerense para cargos nacionales, provinciales y locales. Se establecen comparaciones con la política de alianzas en la Ciudad de Buenos Aires y en los otros distritos; y se identifican las inflexiones y las etapas de las políticas de alianzas del PRO. En segundo lugar, se examina la selección de candidaturas, para determinar las fuentes de las que se nutrió el partido para disponer de un conjunto de referentes competitivos en elecciones legislativas y ejecutivas. El análisis de estos dos elementos requiere restituir una trayectoria, identificando los contextos en los cuales el PRO tomó decisiones respecto de la búsqueda de socios y la selección de candidatos. Y también requiere identificar las condiciones que hicieron posible el éxito de dichas estrategias electorales, en relación a la evolución del sistema político bonaerense.

El artículo sigue la siguiente estructura. En el primer apartado analizamos las principales características del sistema político bonaerense, prestando especial atención a los municipios que componen el Conurbano. Argumentamos que el énfasis de los estudios politológicos en el predominio del PJ en el distrito obturaron la posibilidad de dimensionar hasta qué punto la arena bonaerense ofrecía oportunidades para la instalación efectiva de nuevos jugadores. En el segundo apartado, presentamos brevemente los antecedentes sobre las características del PRO como partido político, en la Ciudad de Buenos Aires y a nivel nacional. Destacamos su organización como partido de redes e identificamos patrones en la política de alianzas fuera de la arena porteña. En el tercer apartado, proponemos una periodización de las estrategias electorales del PRO en Buenos Aires en el período 2005-2015, deteniéndonos en las particularidades del último ciclo electoral. Finalmente, desarrollamos algunas conclusiones.


El sistema político bonaerense en democracia (1983-2015)

El sistema político bonaerense se distingue del resto de los sistemas provinciales en Argentina por su especial imbricación con la dinámica política nacional (Ollier, 2010), que se expresa en una influencia bidireccional entre los niveles nacional y provincial. La mayor concentración poblacional del país (un tercio del electorado nacional) le ha otorgado un peso excluyente en la política argentina, pero al mismo tiempo ha motivado la injerencia permanente de los actores políticos nacionales. Es por ello que el sistema político bonaerense no ha desarrollado los márgenes de autonomía que se registraron en otros distritos luego de la crisis de 2001 (Calvo y Escolar, 2005).

La dinámica política bonaerense no sólo se encuentra anudada a la política nacional, sino que también es delineada por la heterogeneidad interna del distrito. Dividida en 135 municipios que componen 8 secciones electorales, reúne población rural y urbana, sectores de altos niveles de ingresos con áreas de extrema pobreza. La mitad de su población se concentra en los 24 municipios que componen el Conurbano.[1]

En las tres décadas democráticas, el subsistema político bonaerense ha evolucionado de una dinámica bipartidista imperfecta a la preeminencia del peronismo, con participación de terceras fuerzas nacionales[2] y de partidos políticos vecinalistas. [3] Estos actores secundarios han logrado conquistar bancas nacionales y provinciales, y han gobernado intendencias, lo que confirma que Buenos Aires es una arena más competitiva que otras provincias argentinas.

Sin embargo, el ejecutivo provincial y casi la totalidad de las intendencias del Conurbano han sido controlados por el peronismo durante más de dos décadas de manera ininterrumpida. La supremacía electoral del PJ a nivel provincial y en los municipios del Conurbano ha sido considerada la prueba de que la política bonaerense es homogénea y estable, dominada por un peronismo imbatible. Por ejemplo, María Matilde Ollier (2010: 229-231) minimiza el impacto de la competencia interpartidaria e incluso intrapartidaria, al postular que es la decisión del intendente en ejercicio de postularse a la reelección o postular a un delfín la principal variable que explica el acceso y permanencia en las intendencias del conurbano.

Sin embargo, estudios recientes (Vommaro, 2015; Rodríguez y Gattoni, 2009; Rocca Rivarola, 2009; Eryszewics, 2015; Eryszewicz & Krause, 2012) han relativizado esta caracterización, demostrando que la realidad provincial y de los municipios del conurbano es más heterogénea de lo que se supone, y que la primacía peronista enfrenta un escenario de fragmentación intrapartidaria y de disputa interpartidaria. En líneas generales, estos análisis sugieren desplazar el foco de análisis de los casos de alternancia partidaria (relativamente escasos) para identificar el fenómeno de la heterogeneidad interna de los partidos y coaliciones locales, así como el nivel de volatilidad de los alineamientos partidarios entre los niveles local, provincial y nacional.

En este sentido, Ollier (2010) reconoce que los oficialismos locales han recurrido sistemáticamente a la “vecinalización” para evitar alinearse con los niveles provincial y nacional. Al mismo tiempo, la política provincial posterior a la crisis de 2001 ha demostrado una recurrente fractura de las élites peronistas, por la cual el FPV ha enfrentado electoralmente a facciones peronistas disidentes en todas las elecciones desde que llegó a la presidencia (Mauro, 2012).

En el Gráfico 1 pueden observarse los efectos de esta fragmentación en el número efectivo de partidos para la categoría gobernador.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de la Dirección Nacional Electoral, de la Dirección Provincial Electoral y de la Junta Provincial Electoral.

En el mismo sentido, la Tabla 1 presenta las etiquetas utilizadas por el peronismo disidente en la Provincia de Buenos Aires en elecciones legislativas nacionales y su nivel de competitividad. En todos los casos conquistaron bancas en la Cámara de Diputados de la Nación, y a excepción de 2011 (cuando un sector del peronismo se alió a la UCR) y de 2015, el peronismo disidente se ubicó como la segunda fuerza más votada, marginando al radicalismo.


Tabla 1. Listas peronistas disidentes de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires (2005-2015)


Año Nombre de la lista Votos (%) Bancas
2003 Frente Popular Bonaerense 10,56 5
Acción Federalista por Buenos Aires 7,62 3
2005 Partido Justicialista* 15,17 6
2007 Unión PRO 9,27 4
2009 Unión PRO 34,68 13
2011 Frente Popular 6,73 2
Compromiso Federal 5,56 2
2013 Frente Renovador 43,95 16
Unidos por la Libertad y el Trabajo 5,43 2
2015 Unidos por una Nueva Argentina (UNA) 20,98 8

Fuente: Elaboración propia sobre datos de la Dirección Nacional Electoral * El PJ se presentó por una lista opositora a la del Frente para la Victoria, promocionada por el Presidente Néstor Kirchner


El retroceso de la UCR y los conflictos intraperonistas también impactaron en el nivel local. Volviendo al argumento de Ollier sobre la capacidad de los intendentes para controlar la sucesión, desde la crisis de 2001 si bien no se han multiplicado los cambios de color partidario de las intendencias (como sucedería recién en 2015), sí se han producido procesos de renovación política al interior del peronismo, habilitados por la disputa entre el FPV y las variantes del PJ.

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de la Dirección Nacional Electoral, de la Dirección Provincial Electoral y de la Junta Provincial Electoral

Como ilustra el Gráfico 2, durante las primeras dos décadas democráticas los municipios del conurbano estuvieron gobernados casi en su totalidad por el PJ y la UCR, con una ostensible primacía del primero desde 1987 (entre 1987 y 1999 gobernó más de tres cuartos de los municipios). Durante este período, la única excepción a la concentración bipartidista fue la fuerza vecinal de Ricardo Ubieto en Tigre.

Un quiebre en esta distribución del poder se produjo en 1999, cuando el arrastre nacional de la Alianza casi logró el cambio de color del gobierno provincial. En esta elección decisiva, la primacía peronista retrocedió y la coalición UCR-FREPASO quedó al frente de 7 municipios (tres de los cuales fueron gobernados por referentes del FREPASO), mientras que referentes cercanos al peronismo ocuparon dos intendencias desde sellos vecinales.

La crisis de 2001 y la posterior emergencia del kirchnerismo significaron una transformación relevante en la distribución del poder local en el Conurbano, a pesar de que los cambios de color no fueron sustantivamente más frecuentes que en el período previo. En primer lugar, la crisis de la UCR y del FREPASO derivó en la multiplicación de sellos vecinalistas, favoreciendo la dispersión de los liderazgos locales y su “disponibilidad” para inscribirse en cualquier alianza electoral. En segundo lugar, la disputa intraperonista abierta por el kirchnerismo significó la instalación de liderazgos opositores internos, ampliando la volatilidad de las alianzas y la “disponibilidad” de facciones peronistas perdedoras.

La atención casi unánime en la hegemonía peronista indiscutida impidió dimensionar el impacto de la fragmentación partidaria en la estructura de la competencia política, por lo que la literatura desestimó el margen de oportunidades que se abría para la emergencia de nuevas fuerzas políticas en el distrito. Esta posibilidad se verificó en las elecciones de 2015, cuando una fuerza extrabipartidista conquistó el ejecutivo provincial, y más de un tercio de los gobiernos municipales del Conurbano cambió de manos (por derrota del partido o de la facción que controlaba el ejecutivo).

El PRO se impuso en un terreno donde no pudieron afianzarse las anteriores fuerzas extrabipartidistas, como el FREPASO, o GEN. Liderando una alianza con la UCR, facciones peronistas disidentes y otros partidos, el PRO conquistó el ejecutivo provincial, casi el 50% de los municipios de la provincia (con un aporte importante del radicalismo en los municipios del interior provincial) y el 25% de los municipios del Conurbano, casi en su totalidad para referentes propios, además de nutridos contingentes legislativos en el nivel nacional, provincial y municipal. En los próximos apartados analizaremos la trayectoria política que condujo a una fuerza a este sorprendente resultado.


La formación del PRO y su expansión territorial

El PRO es un partido de redes, constituido en torno de un liderazgo personalista: el ingeniero, empresario y dirigente futbolístico Mauricio Macri. El primer antecedente de la organización es la Fundación “Creer y Crecer”, creada en el año 2001 por Macri y otro empresario interesado en la política partidaria: Francisco de Narváez (Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015). Desde su origen, “Creer y Crecer” se vinculó al “Grupo Sophia”, ONG fundada en 1994 por el peronista Horacio Rodríguez Larreta (h) que proveyó de cuadros técnicos a distintas agencias del Estado durante los gobiernos de Carlos Menem.

La crisis política y social de fines de 2001 adelantó los tiempos para reconducir a la Fundación hacia la actividad política, y a inicios de 2002 Macri anunció la creación del partido Compromiso para el Cambio (CPC). A diferencia de otras personalidades que optaron por aprovechar la coyuntura de crisis para instalarse políticamente, Macri basó su partido exclusivamente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, uno de los distritos más permeables a la incorporación de nuevos actores, cuyo sistema partidario había colapsado con la crisis (Mauro, 2011; Bril Mascarenhas, 2007).

Mauricio Macri constituyó un liderazgo político identificado con su carácter de outsider de la actividad partidaria (Mattina, 2015; Mauro, 2011). La difusión de sondeos de opinión favorables a su figura sirvió de capital político para atraer a distintos fragmentos partidarios, huérfanos de referencias políticas y de liderazgos. Distintos sectores de partidos de centro-derecha (Morresi, 2015), así como facciones del peronismo en disponibilidad, constituyeron un anillo de aliados partidarios que dotó de densidad política a la candidatura de Macri a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

CPC se presentó en la Ciudad de Buenos Aires como el emergente de la renovación política reclamada en 2001 (Mauro, 2011; Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015; Mattina, 2015). Este discurso no logró instalar a Macri en la jefatura de gobierno, pero sirvió para que, en su primera elección, su partido obtuviera cinco bancas en la Cámara de Diputados de la Nación y casi la mitad de las bancas en la Legislatura local. En un ciclo electoral especial como el de 2003, donde primó la incertidumbre sobre la sucesión presidencial y se registraron los mayores índices de territorialización de la competencia política, la estrategia localista de CPC resultó mucho más eficiente que la de otros referentes políticos que se volcaron a la competencia nacional (como los ex referentes radicales Elisa Carrió y Ricardo López Murphy), con la conquista de una bancada legislativa propia, sin asumir los costos de construir una estructura para competir en el vasto y heterogéneo sistema nacional.

En este primer momento el macrismo constituyó la matriz organizacional que cultivaría durante los próximos diez años: al igual que el FREPASO y otras terceras fuerzas, el PRO funciona como un conjunto de círculos de alianzas concéntricos en torno de la figura del líder y de su núcleo de consejeros y asesores (Mauro, 2015; Mattina, 2015). A su alrededor se reúnen partidos políticos, grupos de interés, cuadros técnicos, facciones partidarias o figuras individuales, como anillos con mayor o menor cercanía del núcleo que concentra la toma de decisiones. Este tipo de organización constituyó el partido en la Ciudad de Buenos Aires y, posteriormente, la élite partidaria nacional. El cambio de escala para conformar una organización partidaria multinivel exigió complejizar este tipo de organización en la que se desdibujan partidos, aliados, facciones y referentes individuales.

La estrategia de nacionalización del PRO se construyó sobre la coalición política porteña, su caudal electoral y, desde 2007, su control de los recursos del gobierno porteño. Dicha estrategia asumía que la presencia en uno de los distritos más importantes de la política nacional era capital político suficiente para traccionar alianzas en otras provincias, sin asumir los costos de instalar al partido (y a un conjunto de cuadros) como actor competitivo en sistemas políticos menos permeables.

Con esta perspectiva, el PRO realizó, entre 2005 y 2007, los mínimos esfuerzos para obtener el reconocimiento legal en distintas provincias e inscribirse como partido político de orden nacional. Para ello se sirvió de la alianza celebrada en 2005 con RECREAR (partido que ya había competido en 19 provincias en las elecciones de 2003), iniciando un proceso de cooptación que culminó con la fusión de ambos partidos en 2008. La expansión efectiva del PRO en términos electorales, sin embargo, se desarrolló por una vía distinta. Sin intentar instalarse como alternativa política en las arenas provinciales, y con poco interés por reeditar las alianzas que cultivó RECREAR, la participación electoral del PRO en el período 2005-2013 consistió en apoyar las alianzas promovidas por los jefes peronistas disidentes en los distintos territorios.

En los casos donde pudo avanzar más allá, intentó instalar públicamente a referentes propios, provenientes de tres fuentes: los funcionarios porteños (referentes en la ciudad de Buenos Aires, exportados principalmente hacia el territorio bonaerense), figuras populares provenientes del deporte o del mundo del entretenimiento (el humorista Miguel del Sel en Santa Fe es el primero y más emblemático) y empresarios y referentes sectoriales (especialmente vinculados a las actividades agropecuarias, luego de la activación política del sector en clave antikirchnerista durante el conflicto de 2008).

Será recién en el ciclo electoral de 2015 cuando el PRO cambie su estrategia al incorporar a sus anillos de alianzas nacionales a partidos del polo no peronista del arco político, como la UCR y la Coalición Cívica (CC, desprendimiento de la UCR que llegó a posicionarse en segundo lugar en las presidenciales de 2007), en una coalición que se denominó “Cambiemos”.

El recurso a las alianzas electorales con sectores partidarios disponibles (es decir, no alineados con una conducción partidaria nacional o provincial, o carentes de figuras personales atractivas para el electorado) sirvió al PRO para ampliar su participación electoral y penetrar en territorios que, de otro modo, le hubieran resultado extremadamente hostiles. Lo que el PRO podía ofrecer a estas facciones partidarias era la imagen de una figura personalista y de una etiqueta ganadora en un distrito relevante de la política nacional.

Si bien esta consideración excede los límites del presente trabajo, el principal capital político que el PRO podía poner en juego en una alianza electoral era la imagen. En este sentido, una de las claves del ascenso de Macri como líder de popularidad (Cheresky, 2006) es la sintonía con una nueva subjetividad que es resultado de las profundas mutaciones experimentadas por las sociedades contemporáneas[4] (Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015).

La combinación entre este modo de interpelar al electorado (especialmente, a los electorados despartidizados, o “huérfanos” de representación partidaria) y el acceso a las múltiples realidades territoriales que ofrecían las estructuras partidarias provenientes del peronismo y del radicalismo, permitieron al PRO acceder a la presidencia y destronar a un oficialismo que parecía invencible tanto a nivel nacional como provincial.

En el próximo apartado analizaremos la trayectoria del PRO en el territorio bonaerense, presentaremos las particularidades que asumió la estrategia coalicional nacional en el distrito y ofreceremos una periodización de los diez años de competencia electoral.


La trayectoria electoral del PRO en la Provincia de Buenos Aires: tres etapas

En el presente apartado analizaremos las distintas coyunturas electorales en la Provincia de Buenos Aires, distinguiendo las tres etapas mencionadas.

Etapa I: Incursión Bonaerense e Incorporación de RECREAR (2005)

De cara a las elecciones de medio término, Macri se alió con otra figura política con predicamento en la Ciudad Autónoma, Ricardo López Murhpy. CPC y RECREAR conformaron el frente Propuesta Republicana[5] (PRO) y dividieron a sus principales referentes entre los territorios porteño y bonaerense: Macri se presentó como candidato a diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires y López Murphy como candidato a senador nacional por la Provincia.

Mientras que Macri obtuvo un holgado triunfo en territorio porteño, el liderazgo de López Murphy se opacó con una rotunda derrota en la arena bonaerense. Sin embargo, el PRO conquistó en el distrito tres bancas para la Cámara de Diputados de la Nación (para referentes de RECREAR, del PRO y del peronismo disidente) y dos diputados provinciales, instalando por primera vez la figura de Jorge Macri, primo de Mauricio.


Tabla 2. Participación del PRO en las elecciones 2005. Categorías senadores y diputados nacionales, senadores y diputados provinciales. Provincia de Buenos Aires

Elecciones Categoría Nombre de la lista Incluye candidatos de PRO? Votos obtenidos (%) Cargos obtenidos
2005 Senador nacional Pro No 7,63 0
Diputados nacionales Pro Si 6,99 3 (1 de Pro)
Senadores provinciales Pro Si 7,35 0
Diputados provinciales Pro Si 6,78 2 (1 de Pro)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de la Dirección Nacional Electoral, de la Dirección Provincial Electoral y de la Junta Provincial Electoral.



Etapa II: consolidación y alianzas con el peronismo disidente (2007-2013)

En las elecciones de 2007 el macrismo se abstuvo de participar activamente en la elección presidencial (se alió a RECREAR sólo en algunos distritos y su apoyo a la candidatura de López Murphy fue reticente) y apostó sus principales recursos a conquistar el gobierno porteño, al tiempo que desarrolló una incipiente participación en otras arenas provinciales.[6]

En la provincia de Buenos Aires se alió con los sectores peronistas disidentes. Bajo el nombre UNIÓN-PRO[7] , sin apoyar a ninguna candidatura presidencial, se presentó la fórmula Francisco de Narváez – Jorge Macri para la gobernación bonaerense. La performance electoral de UNIÓN-PRO fue sumamente exitosa: se posicionó en tercer lugar en las elecciones ejecutivas, conquistó bancas a nivel nacional y provincial, e incluso traccionó votos para instalar referentes partidarios a nivel local, como Néstor Grindetti, cuya candidatura a intendente de Lanús obtuvo casi el 9% de los votos.

En el 2009, con el PRO al frente del gobierno porteño, y en un clima de opinión contrario a las políticas del kirchnerismo en el gobierno nacional, la política de alianzas con los sectores peronistas disidentes se extendió a más distritos (y sumó a otros referentes, como los emergentes de las protestas patronales agropecuarias). En la Provincia de Buenos Aires se mantuvo la alianza UNION PRO[8] e incorporó a líderes peronistas de peso (como el ex gobernador Felipe Solá) y se impuso sobre el FPV. El PRO sumó tres diputados nacionales a su bancada, además de extender su presencia en el legislativo a nivel provincial.

La evolución política posterior volvió a colocar al kirchnerismo en el centro de la escena, y para inicios de 2011 parecía segura la reelección de Cristina Fernández en la presidencia. Ello condujo a la moderación de las estrategias de los actores opositores, que profundizaron su fragmentación, favoreciendo la estrategia reeleccionista del kirchnerismo. Esta coyuntura frustró las expectativas de Macri de competir por la presidencia (Mattina, 2011), y el PRO optó por resguardarse de la competencia nacional y sostener el bastión porteño, absteniéndose de postular figuras en las presidenciales y apostando a distintos acuerdos con el peronismo disidente.[9]


Tabla 3. Participación del PRO en elecciones legislativas y ejecutivas, nacionales y provinciales en la Provincia de Buenos Aires (2007-2013)

Elecciones Categoría Nombre de la lista Incluye candidatos de PRO? Votos obtenidos (%) Cargos obtenidos
2007 Diputados nacionales UNIÓN PRO Si 9,27 4 (3 de Pro)
Gobernador UNIÓN PRO Si 14,96 0
Senadores provinciales UNIÓN PRO Si 10,72 2
Diputados provinciales UNIÓN PRO Si 11,2 3
Intendentes UNIÓN PRO Si 8,95 (Lanús) 0
2009 Diputados nacionales UNIÓN PRO Si 34,68 13 (3 Pro)
Senadores provinciales UNIÓN PRO Si 32,9 7
Diputados provinciales UNIÓN PRO Si 31,81 15
2011 Diputados nacionales Frente Popular Si 6,73 2
Intendentes Frente Popular Si 38,42 (Vicente López) Jorge Macri (Vicente López)
2013 Diputados nacionales Frente Renovador Si 43,95 17 (3 de Pro)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de la Dirección Nacional Electoral, de la Dirección Provincial Electoral y de la Junta Provincial Electoral.


En la Provincia de Buenos Aires, Francisco de Narváez rompió su alianza y presentó su candidatura a la gobernación junto con la UCR. En ese contexto el PRO no se presentó como partido en el distrito, aunque ubicó candidatos propios en la lista de diputados nacionales del duhaldista Frente Popular, en puestos sin expectativas de ingresar a la Cámara. No obstante ello, presentó nuevamente la candidatura de Néstor Grindetti a la intendencia de Lanús (obtuvo 15.2%), y conquistó la intendencia de Vicente López con el 38,4% de los votos. Jorge Macri terminaría con más de dos décadas de gobierno del dirigente radical devenido vecinalista Enrique “Japonés” García. El partido lograba extender su influencia a una localidad vecina a Buenos Aires, y Jorge Macri consolidaba su posición como referente, luego de disputas internas con su primo.

Dos años más tarde, al igual que en 2009, las elecciones de medio término de 2013 se desarrollaban en un clima de competencia opositora para posicionarse de cara a las presidenciales de 2015. En los comicios legislativos de este año el PRO se presentó a elecciones en 14 distritos, aunque en la Provincia de Buenos Aires, por segunda vez, no formó parte de ninguna alianza. Nuevamente ubicó candidatos propios en las listas del peronismo disidente, que, al igual que en 2009, se había nutrido de un importante grupo de dirigentes salidos del kirchnersimo. El nuevo Frente Renovador ya no incluía a las figuras previas del peronismo disidente como de Narváez y Duhalde, estaba conformado por un grupo de intendentes que se había distanciado del FPV, liderado por el titular del municipio de Tigre, Sergio Massa. Dicho Frente se impuso en las legislativas, y el macrismo logró renovar las tres bancas que puso en juego.

El macrismo había logrado ampliar su participación en las provincias argentinas, pero aún estaba lejos de poder presentarse como una fuerza nacional, y su apuesta a una alianza con el peronismo disidente se frustraba en la medida que emergía la figura de Massa, quien mostraba la potencia electoral suficiente para encarnar una etapa postkirchnerista.


Etapa III. Incorporación de la UCR y triunfo electoral (2015)

Frente a las dificultades que significaba la imposibilidad de liderar una alianza con el peronismo disidente, y atendiendo a la debilidad organizacional del PRO en la mayoría de las provincias, Mauricio Macri apoyó su candidatura presidencial en una coalición con los partidos del polo no peronista del arco político. Ello significó cambios en las alianzas (en una política de alianzas que ya era incongruente y oscilante), pero no varió la forma en la que el PRO se construyó como fuerza política: la UCR y la CC se sumaron a los círculos concéntricos de aliados y socios del PRO, que también incluían a facciones peronistas, como el Partido FE, herramienta electoral del dirigente sindical de peones rurales Gerónimo Venegas, que compitió en el marco de la Alianza Cambiemos en 15 provincias.

La necesidad del macrismo era complementaria con las de los partidos del polo no peronista. La CC había sido marginada en las presidenciales de 2011 y necesitaba apoyarse en un candidato presidencial para sostenerse como fuerza política. Mientras que estructuras clientelares provinciales de la UCR necesitaban de un candidato nacional que traccionara votos. Ambos partidos habían participado de una coalición junto al Partido Socialista y el Partido GEN en las legislativas de 2013, pero en un contexto hegemonizado por la sucesión presidencial dicho frente no tenía oportunidad de posicionarse eficazmente, por lo cual la CC y la UCR quebraron la coalición. Luego de un período de transición, la CC pasó a las filas del macrismo y presionó para que la UCR (que se debatía entre apoyar a Macri o al Sergio Massa) hiciera lo mismo. Este proceso culminó con la formación de la Alianza Cambiemos, en la que el PRO compitió junto a la UCR, la CC y otros partidos por la Presidencia y por cargos legislativos en 23 distritos.

Entre la lista de distritos en los cuales los candidatos de Cambiemos (o del PRO individualmente) eran competitivos, no aparecía la Provincia de Buenos Aires, donde la disputa entre el FPV y el peronismo disidente parecía volverse excluyente (como lo fue en casi todas las elecciones desde 2005). Incluso el PRO había perdido su reconocimiento legal en el distrito, luego de no presentarse formalmente a elecciones por dos períodos consecutivos.

Sin embargo, el deterioro del espacio massista (UNA) por las disputas internas de precandidatos a la gobernación, y la postulación de un candidato kirchnerista para el ejecutivo provincial que resultaba poco atractivo para la mayoría del electorado, la alianza Cambiemos se impuso sorpresivamente en las elecciones provinciales de octubre de 2015. Por primera vez una fuerza extrabipartidista gobernaría la provincia, y quien ocuparía el ejecutivo sería la entonces vicejefa de gobierno porteña, María Eugenia Vidal.

Las consecuencias de dicha elección se verificaron en la elección presidencial. El delfín del kirchnerismo (el entonces gobernador bonaerense Daniel Scioli), quien era favorito en los sondeos de opinión, obtuvo una exigua diferencia en las elecciones generales de octubre, por lo que debió realizarse una segunda vuelta electoral, en la que quien se impuso por un margen mínimo de votos fue la fórmula de Cambiemos.

El triunfo de Vidal también significó el incremento del bloque de diputados nacionales del PRO por la Provincia de Buenos Aires (conquistó 12 bancas en conjunto con candidatos de la UCR), y en un nutrido contingente legislativo a nivel provincial.

La Alianza Cambiemos Buenos Aires obtuvo 32 de las 69 bancas en juego en la Cámara Baja bonaerense, al obtener la victoria en 6 de las 8 secciones en las que se encuentra dividida la provincia: Segunda, Cuarta, Quinta, Sexta, Séptima y Octava. En la cámara de Senadores provinciales, Cambiemos obtuvo 13 bancas, casi todas para candidatos del PRO.


Tabla 4. Participación del PRO en elecciones legislativas y ejecutivas, nacionales y provinciales en la Provincia de Buenos Aires (2015)

Categoría Nombre de la lista Incluye candidatos de PRO? Votos obtenidos (%) Cargos obtenidos
Presidente Cambiemos Si 32,92 (no se impuso en el distrito)
Diputados nacionales Cambiemos Si 33,75 12 (10 de PRO)
Gobernador Cambiemos Si 39,5 María Eugenia Vidal (PRO) y Daniel Salvador (UCR)
Senadores provinciales Cambiemos Si 34,37 13 bancas
Diputados provinciales Cambiemos Si 37,64 32 bancas
Intendentes Cambiemos Si 64 intendencias 6 en el Conurbano: Jorge Macri (Vicente López), Néstor Grindetti (Lanús), Ramiro Tagliaferro (Morón), Martiniano Molina (Quilmes), Diego Valenzuela (Tres de Febrero), Gustavo Posse (San Isidro).

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de la Dirección Nacional Electoral, de la Dirección Provincial Electoral y de la Junta Provincial Electoral.


El triunfo también impactó a nivel local: el PRO conquistó 64 de las 135 intendencias bonaerenses, de las cuales 23 corresponden a candidatos propios. La conveniencia de la alianza UCR-PRO se manifestó en el interior provincial, donde la estructura de la UCR mostró su capacidad electoral al conquistar 40 municipios para candidatos propios. Si bien no obtuvo mayores réditos en el nivel legislativo, la alianza con el PRO (y el alineamiento con un candidato presidencial competitivo) le permitió a la UCR duplicar el número de intendencias que controlaba en el interior provincial. En el Conurbano bonaerense la situación fue diferente: el PRO obtuvo para sus candidatos cinco de las seis intendencias que conquistó Cambiemos.

Lo que podemos observar tanto en la Tabla 5 como en el Gráfico 4 es que la performance de Cambiemos rompió con la clásica caracterización de la provincia como bastión peronista. Al mismo tiempo, es necesario volver a destacar la importancia de las alianzas electorales para obtener triunfos en territorios en los cuales se ha tenido casi nula experiencia electoral previa.

Elaboración propia. Fuente: Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires


Conclusiones

La crónica de las páginas precedentes describe la trayectoria fluctuante e inestable del PRO durante una década. Más allá de la periodización propuesta por el presente texto, puede apreciarse que el PRO ha variado recurrentemente de alianzas, con una vocación muy débil de instalación de liderazgos propios (a excepción de Jorge Macri, Grindetti o Tagliaferro), despreciando incluso la preservación del partido como institución (curiosamente el PRO ha ganado la gobernación cuando su personería jurídica ha sido cancelada) y alternando entre los dos polos del arco político: el peronista (2007, 2009, 2011, 2013) y el no peronista (2005, 2015). Sin el profundo retroceso de la UCR en la arena provincial, y sin la expansión conflictiva de las facciones peronistas, no habrían aparecido cuadros políticos en disponibilidad para ser incorporados a la coalición, ni contingentes de electores huérfanos de representación partidaria. Sin la inestabilidad latente de la política bonaerense (en el conurbano, especialmente) el PRO no habría logrado hacer pie en el territorio, y mucho menos conquistar cargos ejecutivos.

Probablemente sin estar muy convencido de la estrategia, más bien forzados por las circunstancias, los dirigentes del PRO administraron con eficacia una estrategia de penetración en la arena bonaerense basada en el control del ejecutivo porteño. La protección de la imagen de Mauricio Macri como un candidato casi imbatible (no postulándolo en 2011 a la presidencia) y la cohesión interna provista por los recursos políticos provenientes de la administración de un gobierno subnacional, el PRO pudo permear en los distritos cercanos a la ciudad, proponer candidaturas propias y, especialmente, volverse un polo de atracción para estructuras partidarias en disputa.

El análisis de esta trayectoria en el marco de las características del sistema partidario argentino y, puntualmente, del sistema político bonaerense, constituye un aporte al conocimiento empírico sobre las dinámicas coalicionales en las arenas provinciales, así como al análisis de las estrategias de alianzas que desarrollan distintos tipos de actores. La relación variable e inestable entre partidos de redes y organizaciones políticas tradicionales, las estrategias que despliegan los liderazgos de popularidad para competir eficazmente en múltiples arenas electorales y, finalmente, la capacidad de estos liderazgos de aprovechar la heterogeneidad propia de la federalización del sistema partidario, son elementos abordados en este estudio que pretenden servir de punto de partida para un abordaje sistemático de las transformaciones del sistema político argentino.



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Sebastián Mauro es Doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires, UBA) y Licenciado en Ciencia Política (UBA). Se desempeña como investigador de CONICET en la UBA y como director del Centro de Estudios en Ciudadanía, Estado y Asuntos Políticos de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Sus temas de investigación son las transformaciones en la representación política argentina, los nuevos formatos partidarios, las dinámicas de las coaliciones en perspectiva multinivel y las acciones colectivas de protesta. Correo electrónico: smauro@sociales.uba.ar

Paula Brusco es Licenciada en Ciencia Política (UBA) y becaria del Consejo Interuniversitario Nacional en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Se desempeña actualmente como asistente del área de Justicia y Acción Ciudadana de la Fundación Poder Ciudadano. Sus temas de investigación son: transformaciones en la representación política argentina, análisis de política subnacional argentina y transparencia y corrupción a nivel estatal. Correo electrónico: pauu_16@hotmail.com


[1]Siguiendo la bibliografía citada en este documento, nos atenemos al criterio demográfico de delimitación del Conurbano o Gran Buenos Aires, que, según el INDEC, reúne 24 municipios. Descartamos así el criterio de división político-administrativa contenido en la ley provincial 13.473/06, que incluye un total de 33.

[2]Los casos salientes de fuerzas extrabipartidistas competitivas a nivel local son el FREPASO (obtuvo 21% de los votos a gobernador en 1995), el Partido Unidad Bonaerense (gobernó el municipio de Escobar y obtuvo 12% de los votos a gobernador en 2003), el GEN (16% de los votos en 2007), y Unión Celeste y Blanco (15% en 2007 y 16% en 2011), entre otros.

[3]En muchos casos, se trata de sellos ad hoc formados por intendentes que se alejaron del PJ o de la UCR para competir por la reelección.

[4]En su último libro “La razón neoliberal”, Verónica Gago (2014) postula la necesidad de des-victimizar a la sociedad en su relación con los proyectos neoliberales en tanto sostiene que el neoliberalismo no puede ser pensado simplemente como un recetario de medidas económicas impuesto “desde arriba” a una sociedad inerme, pasiva e indefensa, sino que la lógica neoliberal también se reproduce y se expande a diario “desde abajo”, a través de discursos y prácticas que circulan cotidianamente en el orden de la vida ciudadana.

[5] Incluyó también a los partidos Acción por la República - Demócrata Progresista - Voluntad para la Integración y el Desarrollo Auténtico - Alianza Frente Federal Justicia y Libertad - Federal - Conservador Popular.

[6]El macrismo participó de frentes electorales en Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, Córdoba, San Juan, Santa Fe y Santiago del Estero, junto con RECREAR. En Corrientes y en Provincia de Buenos Aires lo hizo en alianza con otros partidos.

[7]Formada por los partidos Compromiso para el Cambio - Celeste y Blanco - Para la Acción Nueva – Nuevo Buenos Aires.

[8]Movimiento de Integración y Desarrollo - Federal - Unión del Centro Democrático - Propuesta Republicana - Unión Celeste y Blanco - Popular Cristiano Bonaerense - Nuevo Buenos Aires.

[9]La única excepción es la candidatura de Miguel del Sel a la gobernación de Santa Fe.

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