DON JUAN MANUEL, ENTRE LA OBLIGACIÓN ESTAMENTAL Y LA VOLUNTAD DIVINA: UN ESTUDIO DEL EXEMPLO XVIII DEL CONDE LUCANOR
DON JUAN MANUEL, BETWEEN ESTATE-BASED OBLIGATION AND
DIVINE WILL: A STUDY OF EXEMPLUM
XVIII FROM EL CONDE LUCANOR
Lautaro Nicolás Olmos Luna
Universidad Nacional de San Juan
ARK CAICYT: https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s24516821/s4lfopomd
Fecha de recepción: 30/11/2025
Fecha de aprobación: 30/01/2026
Resumen
El presente trabajo analiza el exemplo XVIII de El Conde Lucanor, una de las obras de Don Juan Manuel, con el propósito de examinar cómo la biografía política del noble castellano se intersecta con su narrativa. A través de la revisión teórica de las tensiones estamentales propias del siglo xiv, la hipótesis guía sugiere que Don Juan Manuel sitúa la condición de cristiano por encima de sus obligaciones nobiliarias.
La importancia de este estudio radica en atender la percibida carencia de investigaciones históricas sobre las ficciones políticas. Se propone examinar este texto como una pieza clave dentro de la escritura política y las estrategias de la alta nobleza castellana, reflejadas en el accionar del autor.
Palabras clave
Don Juan Manuel – Voluntad divina – Obligación estamental – Exemplo - Conde Lucanor
Abstract
This paper analyzes exemplum XVIII from El Conde Lucanor, one of
Don Juan Manuel’s masterworks, aiming to examine how the political biography of
the Castilian nobleman intersects with his narrative. By theoretically
reviewing the estate-based tensions characteristic of the 14th century, the
guiding hypothesis suggests that Don Juan Manuel places his identity as a
Christian above his nobility obligations.
The significance of this study lies in addressing
the perceived lack of historical research on political fictions. It proposes
examining this text as a key piece within political writing and the broader
strategies employed by the Castilian high nobility, as reflected in the
author’s actions.
Keywords
Don Juan Manuel - Divine will - Estate-based
obligation - Exemplum
- Conde Lucanor
Introducción
Don Juan Manuel fue hijo del infante don Manuel de Castilla y de Beatriz de Saboya y nieto de Fernando III, señor de Escalona, Peñafiel y Villena. Entre los cargos de más alta jerarquía del reino que ocupó se cuentan el de adelantado mayor del reino de Murcia y de Andalucía, además de regente del rey Alfonso XI entre 1319 y 1325.[1] Sin embargo, su trascendencia y fama se deben más a sus obras literarias, las cuales, si bien, han sido estudiadas como artísticas del lenguaje, pretendemos tomarlas como un documento para conocer una época y las coyunturas políticas de un periodo particularmente complejo.[2]
De su amplia literatura, en este artículo trabajaremos uno de sus textos didácticos moralizantes, El Conde Lucanor,[3] y, más detalladamente, el exemplo XVIII, titulado “De lo que conteció a Don Pero Meléndez de Valdés cuando se le quebró la pierna”. El argumento que esgrime el exemplo puede resumirse de este modo: el conde Lucanor presenta a Patronio como la imposibilidad, por problemas de salud, de reclamar para sí una villa que estaba en disputa con otro señor.
Ante este planteo, su consejero Patronio le recuerda la historia de Pero Meléndez, próximo de su rey, lo que genera celos en los demás consejeros quienes conjuran contra él inventando crímenes. Envenenan la voluntad del rey al punto de que este acaba por ordenar su muerte. Se planifica su asesinato en una emboscada, por lo que don Pero es llamado a salir al encuentro con su rey. Fiel a este, acude, pero al salir de su casa se lastima la pierna y queda imposibilitado de cumplir con su deber.
Como en otras ocasiones, bendice a Dios por la contrariedad que sufre, ya que le impidió cabalgar. Al cabo de un tiempo se descubre que las acusaciones en su contra son calumnias. Al ver su error, el rey va a visitarlo para ofrecerle disculpas y otorgarle mercedes; al tiempo que ordena la ejecución de los conjuradores. El exemplo transmite en su moraleja que Dios siempre obra para bien: “Non te quexes por lo que Dios fiziere, ca por tu bien sería cuando él quisiere”[4].
A partir de este exemplo, a lo largo del artículo analizaremos la narración compuesta por Don Juan Manuel y la relacionaremos con algunos momentos claves de su vida que lo impulsaron a imaginar y crear, siguiendo los postulados de autores como Flory o Macpherson, quienes sostienen que Don Juan Manuel moldea sus textos a partir de las experiencias personales.[5]
Una vida como hombre político
Una vida que transitó de manera interesante y cuanto menos agitada, una que se labró con acciones y con la construcción discursiva orientada a ensalzar su linaje. A través de sus escritos, buscó legitimarse como señor y descendiente de las altas dignidades castellanas que lo precedieron.
Para este trabajo, pretendemos recuperar elementos del contexto histórico en el que se desempeñó el noble castellano, sobre todo las relaciones personales con el rey Alfonso XI. Para ello se establece una cronología que busca mostrar los años más activos de su vida política y literaria, así como su relación con Alfonso.
La formación intelectual de Don Juan Manuel refleja el influjo de las corrientes políticas y filosóficas del siglo xiv. Particularmente, la impronta de Aristóteles fue determinante en su construcción del ideal de gobernante; el autor buscó modelar su conducta como miembro de la nobleza, lo que le permitió conceptualizar sus virtudes y vicios. Esta teoría se pone en práctica al tomar decisiones concretas que rozan la valentía y la soberbia, un defecto que marcó el fin de varios hombres al tratarse de una transgresión sujeta al castigo divino.
Para esta división en las fechas decidimos utilizar la cronología que propone José Manuel Blecua.[6] La primera parte del análisis abarca desde 1294 hasta 1327. Es en el mismo 1294, año cuando ingresó y formó parte de la corte de Sancho IV, su primera experiencia en la corte de un rey; recibió instrucción militar, política y filosófica, sumando conocimientos sobre administración real y la justicia. Luego, con la llegada al trono de Fernando IV, en el año 1295, accedió a sus primeros cargos importantes en la corte (tutelado en un principio por la regencia de María de Molina hasta el año 1301) y tomó sus primeras decisiones estratégicas importantes que cimentaron su futuro ascenso político.
En 1312, al morir Fernando IV, y durante la minoría de edad de Alfonso XI, Don Juan Manuel alcanzó una posición de máxima jerarquía. Formó parte del triunvirato de regencia junto a don Juan el Tuerto, con quien consolidó una fuerte alianza, y Felipe de Castilla, período que duró hasta el año 1325 cuando renunció a su cargo habiendo alcanzado el cenit de influencia pública.
Dentro de este periodo elegido se sitúan las producciones literarias de clara influencia alfonsí y que tienen entre sus objetivos educar y guiar al rey: el Libro del cauallero et del escudero (1326-1327), Crónica abreviada (1319-1325) y el Libro de la caza (1325-1326). Ahora bien, el año 1327 es clave para hacer la división, ya que hay un hecho que resulta trascendental para la vida de Juan Manuel que marca su caída en el poder político: la anulación del compromiso pactado entre el rey Alfonso XI y Constanza Manuel, hija de Don Juan Manuel.
La segunda etapa la establecemos entre 1327 y 1335 con énfasis en el año 1327. En este período se dio el punto de quiebre que cambió su pensamiento, para plasmarlo en la escritura de su segunda parte en el canon manuelino ya de carácter más personal e influenciado por el mencionado conflicto: el Libro de los estados (1327-1330) y el Libro del conde Lucanor (1325-1328). Sin embargo, cabe aclarar que esta división se relaciona más con un carácter literario que político-biográfico.
El entendimiento de la política y de las obligaciones estamentales: la formación de poder
Las acciones, estrategias y decisiones del señor de Peñafiel están respaldadas en una ideología bien pensada y estructurada que utiliza hábiles recursos narrativos, con la cual busca beneficios por sobre los otros nobles.[7]
Consideramos importante rescatar un aspecto de su pensamiento: la caballería y la diferencia de concepción en el rol que debía cumplir con respecto al pensamiento de Alfonso X, quien buscaba el sometimiento nobiliario mediante el vasallaje. Este fue un mensaje que Don Juan Manuel reinterpretó y utilizó para demostrar que la realidad y el destino que el noble debía tener era otro. Lo que no significa que deba incumplir sus obligaciones estamentales, pues el mismo Juan Manuel fue uno de los más destacados actores en las guerras contra el infiel cumpliendo con la facultad del auxilium pactado.[8]
Las exitosas campañas como la de Granada (1324) y la de Málaga (1326) lo llevaron a ser distinguido con el título de adelantado mayor del reino de Murcia (1327) y de Andalucía (1332), siéndole otorgado el más alto título político/militar al tener como compromiso la defensa del límite fronterizo con los musulmanes. Una decisión acertada en el momento, ya que justo los límites coincidían con la posesión del reino de Murcia en manos de Juan Manuel, pero que, a la larga, sería un problema para el monarca castellano.
Aun así, el señor no es un actor social que se mantiene inmóvil en el tiempo y el espacio aguardando al pendiente de los mandados del rey, sino que también participa activamente en la política formando alianzas con otros nobles. En parte de este pensamiento prevalece una conciencia estamental en la que los hombres actúan en la medida de sus posibilidades y, en el caso de la nobleza castellana, su linaje,[9] además de cumplir con el deber a su jurado señor.
Consideramos que sobre este punto conviene retomar lo que hemos ha planteado Asiss González acerca del pensamiento que guiaba el proceder de aquellos hombres: “Todo hombre debía buscar, por diversos caminos intraestamentales aquel mismo fin por medio de acciones provechosas para su honra, hacienda y condición guiadas por las ‘entenciones’ y ‘voluntades’ de cada quien”[10].
Se sostiene así que la obligación estamental no debía ser exclusivamente con el rey, sino que se debía ampliar con otros miembros de la nobleza o, en todo caso, consigo mismo. Esto le permitió a Don Juan la construcción de alianzas mediante herramientas como el vasallaje, la amistad o la unión matrimonial y así logró tener favores de grandes señores y reyes, cuantiosas cantidades de dinero, lo suficiente para formar un ejército propio, tan fuerte que pasado el tiempo se consideraría como una amenaza al propio rey castellano. Consolidado como uno de los hombres más poderosos del momento, la vida lo prepararía para un paso importante en su carrera: el de ser consejero de la regencia de un joven Alfonso XI. Un punto de prestigio político sin escalas: tener influencia sobre la educación, la ideología e incluso la formación militar del rey fue una posición de ventaja en comparación con la de los demás ricohombres del reino, de la cual buscó sacar partido exitosamente.
La relación con Alfonso fue menos conflictiva que con Fernando; pese a esto, Juan Manuel no se sintió lo suficientemente fortalecido. Debió, entonces, barajar sus cartas y prepararse para la siguiente jugada: elevar a un miembro de su linaje a la alta esfera gobernante; es así como logró una promesa de esponsales entre su hija, Constanza Manuel, y el rey Alfonso.
Al fin, el objetivo planeado se cumpliría, pero el curso de la vida dictaminaría otros planes donde estaría involucrado el señor Alvar Núñez de Osorio.
El enfrentamiento con Alfonso XI en la realidad y en la ficción
Diversos acontecimientos marcaron, a partir de 1327, el descenso en la vida política del noble castellano. Se examinan a continuación los hitos más importantes de este momento.[11]
En mayo de 1327, Don Juan Manuel comenzó a sospechar de las intenciones que Alfonso XI tenía con respecto a la boda con su hija Constanza Manuel. La situación se complicó aún más en agosto cuando falleció la esposa de Don Juan Manuel, Constanza de Aragón, terminando su vínculo marital y la relación política del noble castellano con el vecino reino. Un nuevo punto de inflexión llegaría en noviembre de ese mismo año cuando falleció el rey Jaime II de Aragón, lo que marcó el alejamiento casi definitivo del goce de influencias como respaldo de aquel reino que tanta ayuda le prestara en los años anteriores.
En diciembre, las sospechas de Don Juan Manuel se confirmaron cuando Alfonso XI repudió a Constanza –quien quedó recluida en el Alcázar de Toro para prevenir posibles represalias de su progenitor– y pactó un nuevo matrimonio con la infanta de Portugal. Ofendido por la traición, Juan Manuel le declaró la guerra al monarca. El enfrentamiento escaló a tal punto que el adelantado de Murcia, que antes combatía a los musulmanes, ofreció una alianza al rey moro; el pacto incluyó la entrega de mil caballos y su propio vasallaje a cambio de apoyo militar contra el soberano castellano. Este episodio ilustra cómo la intriga y la traición desencadenaron un conflicto de alianzas volátiles que evidencia la complejidad política de la península ibérica.
Sin duda, hasta su reconciliación con el rey, la figura política de Don Juan Manuel quedó hundida; y si bien sería confirmado nuevamente como adelantado y reanudaría su participación en las luchas contra los moros, nunca volvería a tener el poder ni la relevancia de los que antes gozó. Este resentimiento quedó al descubierto en sus escritos. Hasta aquí hemos decidido hacer el corte temporal de la biografía de nuestro protagonista, ya que nos centraremos en estos sucesos para la comparación con el exemplo.
Lo que nos lleva a realizar dicha recopilación son los elementos que destacamos del exemplo en cuestión, que nos muestra el sentir y pensar en ese punto de la vida de Don Juan Manuel. Es necesario aclarar que no hay modificaciones respecto a uno de los objetivos centrales de su producción, el de escribir en beneficio de su propia figura. Encontramos, en cambio, una revalorización de ciertos aspectos que lo posicionan como un noble aún más magnífico, al adquirir una agudeza política que antes no poseía. Si antes actuaba políticamente para aumentar su cuantía en el plano terrenal/estamental, ahora las exigencias se inclinan más al plano espiritual. A continuación, procederemos a ver algunos de los elementos en el exemplo XVIII.
El primero a tener en cuenta es el personaje de los consejeros del rey en el exemplo. Aquí nos gustaría retomar nuestro planteamiento con respecto a la caída política de Juan Manuel, la cual consideramos que obedece a una dimensión de castigo trascendental conectada directamente a sus propias decisiones. Al priorizar sus ambiciones de linaje sobre el bien común, Don Juan Manuel habría tenido una falta de mesura que invalidó su posición ante el monarca. Esta interpretación subraya que eventos como el cese de la alianza con Juan el Tuerto no fueron meros accidentes políticos, sino una manifestación de las propias conductas del autor.[12]
La hipótesis de Asiss González coincide plenamente con lo que el mismo Don Juan Manuel escribe:
Et acaeciome oganno, seyendo en Seuilla, que muchas vezes non podía dormir pensando en alguna cosa en·que yo cuydaua que serviría a·Dios muy granada mente; mas por mis peccados | non quiso el tomar de mi grant seruiçio, ca si en algún comienço auia mostrado para se seruir de mi, fue toda por la su merçed et su piadat, et non por ningún mi merecimiento. Et lo que se agora alongo, tengo que non fue si non por mi peccado.[13]
Dicho planteamiento se consolidó en los años posteriores a su función como regente. Sin embargo, el mismo Don Juan Manuel re-piensa y destaca en sus siguientes escritos la presencia en la corte de los “malos consejeros”.
Asimismo, la pérdida de su influencia se debió, en gran medida, a la irrupción de figuras antagónicas en el entorno político. Destaca especialmente la presencia de Alvar Núñez de Osorio, cuya cercanía al monarca y abierta desconfianza con el noble castellano lo desplazaron del círculo cercano de Alfonso XI. En la narrativa manuelina, la figura del “mal consejero” remite a Núñez de Osorio convirtiéndose en un tópico importante para explicar la ruptura del equilibrio entre el rey y su alta nobleza. Es una muestra de cómo Don Juan Manuel articula un escenario ficticio a partir de los hechos de la realidad.
Núñez de Osorio consiguió influenciar a Alfonso XI, para eliminar la alianza del señor de Peñafiel con Juan el tuerto –quien terminaría siendo asesinado– y, además, lo convenció de anular la boda con Constanza. Estas acciones imprevistas para Don Juan Manuel escapan de los cálculos y la acción con los que pudo haber respondido ante la situación. Debido a esto es posible entender, en primera medida, cómo el rey se ha dejado contaminar con ideas maliciosas para ir en contra de un vasallo. Como resultado de los sucesos acontecidos, el sentimiento de traición y enojo de Don Juan Manuel en contra de Alfonso XI aumentaron.
Al realizar el paralelismo en la ficción, se reconoce cómo en el exemplo la figura del monarca fue contaminada con perjurios de parte de sus celosos consejeros quienes buscaron la muerte de Pero Meléndez, protagonista del relato. Entonces, vemos cómo este elemento replica en la ficción la realidad política del autor, revelándonos cómo Don Juan Manuel pudo haber atribuido su caída a los perjurios de quienes rodeaban el trono como otro factor condicionante.
Rescátese la diferencia con la que terminan los sucesos en cada uno de los casos. En la vida real Alvar Núñez tuvo éxito en lo que pretendió que le suceda a su rival Don Juan Manuel, lo que queda demostrado en el siguiente fragmento del poema de Alfonso Onceno:
//A Alvar Núñez llamó
luego a poca de sazón,
por la mano lo tomó,
díxole esta razón//
// “A mí todos miedo han,
tiénenme por natural,
salvo si es don Johán,
que quiso sienpre mi mal//
// e me fizo cru( d)a guerra
con poder de robadores,
estragóme la mi tierra
matóme mis labradores.//
// Por aquesto yo vos ruego
que muy bien me consejedes”.
Alvar Núñez dixo luego://
“Buen señor, esto faredes:
//sea preso una vegada,
rey señor, si vos ploguier;
su tierra sea tomada,
llevad d’él quanto ovier”//[14].
En oposición, en la ficción los consejeros son reprendidos y ejecutados al descubrirse la confabulación contra Pero Meléndez, y el rey termina agraciando al fiel señor que nunca dejó de perder la fe.
Cabe señalar que la figura de Pero Meléndez, segundo personaje bajo análisis, resulta un tanto enigmática por los escasos datos que ofrece la obra. Si bien se lo identifica como un caballero del reino de León durante el siglo xiii, Don Juan Manuel lo despoja de una historicidad densa para priorizar su función simbólica dentro y fuera del texto. Resulta fundamental destacar su rol de consejero regio, detalle que el autor utiliza para establecer un paralelismo con su propia trayectoria política. El exemplo lo presenta como un hombre leal tanto a Dios de manera principal, como a su rey; un modelo de virtud que despertaba los celos de sus pares en la corte.
A partir del análisis textual, consideramos que dicho exemplo nos otorga una representación paradigmática de las aptitudes que se deben tener en materia de virtud que deberían regir en el noble del siglo xiv. En primer lugar, es la lealtad la que en un principio moviliza el accionar de Pero Meléndez, en la intención de cumplir con la obligación estamental que se le impone: el caballero sale raudo a cabalgar al encuentro con su rey, luego prosigue el accidente que le cuesta una lesión en la pierna, entendido como un mensaje de Dios. Es en este punto cuando debe tomar una decisión y opta por quedarse en su casa y recuperarse. Este acto simbólico da cuenta del ideal de la fidelidad jerárquica y de la abnegación propia del ideal caballeresco, pero, también, de que tiene mayor peso el designio de la providencia manifestado según el propio Pero Meléndez en una lesión.
La segunda cuestión para pensar es la fe, que articula la lógica interna del relato. Si bien Pero Meléndez logra preservar su vida, durante el transcurso de la historia hay una constante búsqueda de confirmación divina, de que los hechos narrados tienen que suceder porque la providencia así lo quiso. La historia termina con el rey otorgándole merced a Pero Meléndez, la cual funciona como un trasunto de la gracia divina: una recompensa por la incuestionable lealtad del noble hacia el monarca quien actúa en el plano terrenal como representante de Dios.
Queda preguntarse si la elección de este noble en el exemplo es una acción premeditada del mismo Don Juan Manuel para verse reflejado en Pero Meléndez como el “señor ideal”. Si bien este personaje cumple con las condiciones estamental y cristiana, el relato demuestra que termina por decantarse –quizás de manera inconsciente– por la dimensión espiritual.
Surge entonces una pregunta clave: ¿constituye la elección de este caballero una intencionalidad por parte de Don Juan Manuel? Es posible formar hipotéticamente una proyección de Don Juan Manuel en este caballero como modelo de ponderación entre la condición estamental y la condición cristiana. El protagonista del exemplo encarna la figura del señor ideal, quien no se contradice en sus acciones, y bien podría verse en materia de un auto/representación del autor como estandarte moral de su época.
El atentado contra la vida del noble leonés resulta uno de los actos que llaman la atención si tenemos en cuenta que la vida de don Juan corrió peligro al ser mandado a matar en dos ocasiones por los reyes de Castilla, por Fernando IV en el año 1316 y por Alfonso XI en 1320. Ambas fracasaron porque los espías del rey aragonés en territorio castellano, una vez que se enteraron, dieron aviso rápidamente a Juan Manuel para que este se refugiara y huyera hasta que se calmara la situación.
Es en este punto donde el autor articula el relato ficcional como una analogía política, pues la clave de esta construcción reside en el cambio intencional del protagonista: Don Juan Manuel utiliza la figura de Pero Meléndez como un alter ego literario, lo que le permite recrear las tensiones de la corte de Alfonso XI bajo un marco de ficción.
Don Juan Manuel adapta el relato anecdótico que Patronio cuenta en pos de convertir una situación política en un presagio de Dios sin que haya elementos sobrenaturales de por medio ni tampoco parece haber escrito con resentimiento con respecto a las medidas tomadas por los diferentes reyes. La lógica del autor no siempre converge con su manifestación en lo escrito. En la historia el autor presenta la lesión en la pierna no como una fatalidad sino como una intervención de Dios que evita un desenlace trágico, reforzando este recurso de dramatización, agrega la inmediata predisposición del noble por cumplir con sus obligaciones vasalláticas lo que genera un aumento de la tensión entre la función estamental y el designio divino.
Entendemos en este punto la transmisión de valores del autor, quien en este exemplo deja ver que diversas situaciones cotidianas son producidas por Dios y su plan providencial. Para este momento de su existencia, Don Juan Manuel ya ha perdido la oportunidad máxima de afianzar su poder en el reino tras la nulidad del matrimonio de su hija; sin embargo, estas circunstancias lo han llevado a ser un mejor cristiano que siempre obra con justicia y devoción. Él mismo mantiene altas expectativas respecto al futuro, confiando en que sus días forman parte de la voluntad divina.
Consideramos que supo manifestar el optimismo en el exemplo. Todo empieza con una desafortunada situación que parece que se va a tornar peor para el protagonista, ya que el noble pierde la oportunidad de cumplir y servir deber al rey. Meléndez podría haber sucumbido a la desesperación, pero su creencia/fe y el respeto a la condición cristiana terminan por salvarle la vida y, en consecuencia, recibe tanto el perdón como la merced del rey.
A priori, el exemplo XVIII podría interpretarse como una crítica hacia el sector de la nobleza favorecido por la corona, manifestando así la disconformidad del autor a través del relato. No obstante, consideramos que también encierra un mensaje de esperanza —dirigido tanto a sí mismo como a sus lectores— que posiciona a la divinidad como guía vital. Esta confianza en la sabiduría providencial, por encima de las vicisitudes que afecten tanto a hombres comunes como a la alta aristocracia, opera además como una advertencia sobre los vínculos cortesanos. En última instancia, la propuesta de Don Juan Manuel invita a una recepción flexible de la historia, dada la versatilidad de sus personajes y la naturaleza cambiante de los acontecimientos.
Conclusión
A la luz de los resultados obtenidos encontramos que, Don Juan Manuel considera más importante la vida cristiana que la estamental, aunque esta visión se utiliza para la realización del exemplo y como instrumento político para posicionarse como un mejor hombre entre los hombres, al tener este la capacidad de interpretar la pérdida de su influencia en los altos rangos políticos de la corte castellana como una recompensa de Dios. El “ser un buen cristiano” le permite convertirse en la máxima categoría política la cual funciona como un arma. La integridad “ética” termina teniendo más peso que la arbitrariedad del poder regio que para ese entonces gozaba Alfonso XI. Es decir, que no renuncia al poder, sino que reconvierte simbólicamente su fracaso político, ya que la elección entre las dos condiciones no determina que una prevalece y la otra desaparece: al contrario, se demuestra en los elementos analizados del exemplo demuestran cómo los méritos estamentales se hacen presentes para complementar la idea que Juan Manuel quiere mostrar sobre Dios.
[1] Consideramos el concepto de nobleza siguiendo la perspectiva de Joseph Morsel, al tomarlo como categoría social cuya preeminencia
depende de la construcción del honor y el linaje como elementos
representativos. Joseph MORSEL, La aristocracia medieval: el dominio social
en Occidente (siglos v-xv),
Valencia, Publicacions de la Universitat
de Valencia, 2008.
[2] Al respecto, Erica Janin
destaca cómo el recurso del Exemplum permite
que el relato se adapte a diversos formatos, desde los textos literarios hasta
las crónicas históricas con el fin de transmitir mensajes de carácter éticos y
políticos específicos, este, a su vez, funge como un elemento de control y
poder. Érica JANIN, “Acerca del recurso a la ejemplaridad y la inserción del Exemplum en textos del xiv: los casos de la Gran Crónica de Alfonso XI y la Crónica
de Pedro I y Enrique II de Pero López Ayala”, Estudios
de Historia de España, XVII (2015), pp. 33-47.
[3] Juan, MANUEL, “Conde Lucanor”, en J. M. BLECUA (ed.), Don Juan
Manuel. Obras completas, Madrid, Editorial Gredos, 1983g, Vol. II, pp.
7-506.
[4]
En el exemplo, Pero Meléndez
es construido como un modelo de virtud cuya lealtad hacia Dios y el monarca se
pone en entredicho para inscribirse en la lógica de la cristiandad. Como
sostiene Jérôme
Baschet, las dualidades morales en el discurso
medieval contribuyen al activar el objetivo fundamental de la Iglesia: alcanzar
la salvación. Bajo esta premisa, la narrativa de don Juan Manuel utiliza el
discurso de superioridad moral para denunciar las malas obras de sus
contemporáneos y para inculcar actos legítimos que, a priori,
asegurarían la salvación del alma. Jérôme BASCHET, La
civilización feudal: Europa del año mil a la colonización de América,
Ciudad de México, Fondo de cultura económica, 2009, pp. 403-409.
[5] David FLORY, El conde Lucanor: Don Juan Manuel en su contexto
histórico, Madrid, Pliegos, 1995, pp. 9-77. Ian
MACPHERSON, Don Juan Manuel: The Literary Process, North Caroline,
Studies in Philology. V. LXX, 1973, pp.
1-18.
[6]
José Manuel, BLECUA, (ed.), Don Juan Manuel. Obras completas, Madrid, Editorial
Gredos, 1983, Vol. I, pp. 15-26.
[7] Don Juan Manuel propone una división entre la nobleza en base a su
linaje y parentesco familiar con el rey de turno.
[8] Varias batallas contra los granadinos demuestran la valía y la
capacidad como guerrero que destacan en don Juan Manuel.
[9] Cabe destacar que el autor escribe posicionándose como un noble, que
utilizara a su favor.
[10] Federico J. ASISS GONZÁLEZ, Nobles defensores. Señorío,
caballería y justicia en el pensamiento de Don Juan Manuel, San Juan,
Editorial UNSJ, 2023, p. 69.
[11] Andrés, GIMÉNEZ SOLER, Don Juan Manuel. Biografía y estudio crítico.
Zaragoza Tip, La Académica, 1932, pp. 79-94.
[12] ASISS-GONZÁLEZ, op. cit,
p. 49.
[13] Juan MANUEL, “Libro del cauallero et del
escudero”. En J. M. BLECUA (ed.), Don Juan Manuel. Obras completas,
Madrid, Editorial Gredos, 1983a, Vol. I, p. 39.
[14] ANÓNIMO, Poema de Alfonso Onceno, J. VICTORIO (ed.), Madrid,
Ediciones Cátedra, 1991, VV.229a-233d.